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domingo, 1 de septiembre de 2024

El compromiso de la opinión

 El compromiso de la opinión 


Hoy en día es muy difícil tomar partido por algo o alguien sin que evites que te impongan una etiqueta que a veces es tan degradante y tan terrible como la estrella que impusieron a los judíos los nazis alemanes , convirtiendo un símbolo del judaísmo en una señal de discriminación tétrica y brutal de todo un pueblo. Es así por la brutal desinformación, cuando no bulos de uno u otro signo político, a la que estamos sometidos. En otros tiempos tanto las personas públicas como los medios de información y divulgación de noticias y opiniones estaban identificados con cierta concreción en la forma y en el fondo. Se comprometían profesionalmente con una determinada línea editorial clara que, desde el respeto a un determinado marco moral, religioso o legal,  se basaba en una u otra ideología política o en algún interés explícito o implícito, pero que no se ocultaban ni imponían su manera de ver al mundo a los demás. La información se convertía en comunicación real. 


Hoy tanto la ideología de base como las opiniones expresadas son líquidas y cambiantes en función de intereses puramente económicos y de poder político ocultos en una red selvática de mensajes perfectamente definidos desde unos métodos científicos de manipulación individual y social. Cualquier fin justifica los medios usados incluidos los mensajes subliminales, o la publicidad engañosa, o la mentira calculada, o la deformación de la verdad o el desprestigio sin pruebas que llega a la cancelación de según qué persona concreta esté implicada y que se interponga en el objetivo marcado por la política o el dinero. Si es necesario se generan noticias falsas que desvíen el foco de la atención del público para mientras esperar el lavado del olvido en la lavadora del tiempo.  


Antes la cultura individual o colectiva que se conseguía en el sistema básico de educación, o en la universidad, o leyendo revistas, artículos científicos o divulgativos, o libros, o aprendiendo idiomas o leyendo periódicos o viendo cine, o asistiendo a conferencias o viendo museos o viajando…. te servían para tener criterio propio y así tener un escudo protector de tu propia opinión formada en base a tus principios e intereses propios que te llevaban a la crítica, 

el contraste, el consenso y/o el diálogo de la información recibida

para evitar que te   manipularan y se produjese una verdadera Comunicación creadora de opinión pública que fomentase conductas, valores y pautas en las relaciones sociales. Toda esa desinformación es fomentadora de odio y el odio lleva a la polarización social disfrazada de adanismo, irracionalismo, 

racismo, supremacismo, terrorismo, belicismo…Desconecta al individuo de su compromiso social y le hace renunciar a su derecho a opinar y a la participación política real. Creemos ingenuamente que por tener acceso fácil a internet y redes sociales tenemos al mundo en nuestras manos y así podremos sentirnos participantes en las decisiones de los poderosos que nos afecten… nada más lejos de la realidad.

domingo, 2 de junio de 2024



 ** Los 'Todólogos’ y la Crisis De autoridad**

Autor: Francisco Márquez Maraver 


El concepto romano de "auctoritas" ha muerto.


Según Livio, AUCTORITAS engloba significados diversos. Se refiere a la cualidad de la persona que es reconocida y que por lo tanto tiene influencia, credibilidad,  prestigio y, en definitiva, autoridad en sus opiniones, pero no en un sentido coercitivo, sino ético. 


Esas personas son reconocidas y respetadas cuando se manifiestan porque lo hacen y opinan sobre aquello que dominan por su estudio o práctica reconocida. 


Creo que ctualmente hay una crisis de autoridad generalizada que está llevándonos a un sibilino cambio de régimen que puede conllevar hasta a la destrucción de la democracia tal y como lo han expresado reputados autores en ensayos muy clarificadores, como el de la jueza Natalia Velilla (‘La crisis de autoridad’. Ed. Arpa, 2023).


Aquí parece que todo el mundo sabe de todo. Se llama “todólogo” a aquel que opina de absolutamente todo sin conciencia de su propia ignorancia y en base a ideas viscerales y egoístas. La irracionalidad se impone. A falta de argumentos racionales y lógicos se recurre al uso de múltiples falacias, entre las que destaca la falacia ‘ad hominem’, contra el hombre, en cualquier debate. Se llega así al extremo de rebatir con descalificaciones personales que ponen etiquetas demoledoras al que exprese lo contrario de lo opinado por muy versado que el interlocutor esté en la materia en cuestión. No sé pregunta con la mente abierta. No se escucha a nadie para ilustrarse. Y de leer ni està ni se le espera. Solo ‘reels’ y memes de redes sociales ilustran esas mentes ociosas. Al contrincante se le niega racionalidad e integridad. Se generaliza un mundo de ‘cuñados’ irrespetuosos entre sí a los que no les tiembla el pulso al usar términos extremos y extraños para acallar pensamientos y palabras que no concuerden con ellos y sus creencias. Hablan de historia, política, justicia, arquitectura, ingeniería, informàtica, enseñanza, medicina o de cualquier otra disciplina basados en unos supuestos conocimientos o inexistentes o sumamente superficiales. Por ejemplo, hay una legión de hooligans opinando de tácticas y estrategias futbolísticas como si fuesen nacidos "Guardiolas" sin tener conciencia de su propia ignorancia. No se libra nadie de ser puesto en duda por muy experto que se sea o estudiado que esté. Aquí se cuestiona al médico cuando emite un diagnóstico o diseña un tratamiento. Se le dice a los profesores y maestros como tienen que enseñar o qué alumnos aprobar o suspender. Se critican sentencias judiciales sin base de conocimiento jurídico alguno y sin haberse leído siquiera los correspondientes sumarios. Ni el Tribunal Supremo se libra. 


Mezclando adjetivos Maximalistas de uno u otro signo político o ideológico, ahí están calificativos tan usados como genocida, feminazi, perroflauta, moro, negro, gitano, cani, choni, sudaca, panchito, populista, clasista, franquista, supremacista, racista, xenófobo, … O FACHA o ZURDO. 


Es especialmente bochornoso la utilización del término FACHA usado para escarnio público de cualquiera que ose discrepar de la corriente de opinión de la izquierda oficial. Creo que su origen està en la ideología ‘woke" que se ha ido imponiendo en todo el mundo occidental desde el último tercio del siglo XX. Todo aquel que se atreva a poner en duda los argumentos de la mencionada corriente ideológica puede ser señalado. El "wokismo" defiende básicamente la justicia social y abomina del racismo y de la desigualdad entre personas por razón de raza o sexo. Nada se puede decir en contra de ideas tan reconocidas desde mucho antes del siglo XX-XXI en la historia en la cultura judeocristiana. Son ideas irrenunciables por cualquier persona de buena voluntad. Pero llevado a su extremo el wokismo se convierte en adanista (_hábito de comenzar una actividad cualquiera como si nadie la hubiera ejercitado anteriormente_) y pretende imponer su propia moral a todo el mundo sin valorar siquiera cualquier matiz defendiendo a ultranza hasta el uso de un lenguaje políticamente correcto. Al lado de la defensa de la  equidad racial y social, el feminismo, el uso de vacunas o el movimiento LGBT también defienden el uso del lenguaje inclusivo, de pronombres de género neutro, el multiculturalismo,, el activismo ecológico y el derecho a abortar. Y creo que algunos de esas propuestas ideológicas son al menos discutibles y opinables. Por ello algunos piensan -incluido Obama- que los"wokes" son "_hipócritas que se creen moralmente superiores y quieren imponer sus ideas progresistas sobre el resto"  Incluso cuestionan, sobre todo, los métodos coercitivos que utilizan algunos "policías de la palabra_" -así los definen- _contra quienes dicen cosas o cometen actos que ellos perciben como misóginos, homofóbicos o racistas"._


Desde ese punto de vista, no puedes   defender la libertad individual o la familia tradicional. Defender la dignidad de la mujer solo es posible si te posicionas como feminista radical defendiendo por ejemplo el concepto de discriminación positiva, que no por ser "positiva" deja de ser discriminación por razón de sexo en perjuicio del masculino. Si te cuesta entender la ideología de género y pretendes rebatirla con educación, mesura y con respeto a la dignidad de la mujer, del hombre o del homosexual te tildaràn de homófobo y “facha”. Te la juegas si defiendes las tradiciones de tu comunidad, pues te tacharàn de inmovilista y trasnochado. Si estás en España, puedes ser nacionalista catalán, vasco, gallego o andaluz pero no sentirte español y expresarlo públicamente. No puedes defender las excelencias del respeto a la propiedad privada. No puedes ir en contra de limitar los poderes del estado para decidir o imponer una determinada visión del sistema educativo en detrimento del derecho de los padres a decidir la educación de sus hijos. No puedes defender un sistema de sanidad privado con argumentos. Ni se te ocurra ir a favor del fomento del emprendimiento privado personal. No puedes denostar la incentivación del funcionariado estatal como medio de ganarse la vida. El apoyo a las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado en su lucha contra la delincuencia es rechazado por considerarse a la policía no como servidores públicos sino como cuerpo represor y violento contra el pueblo. En general, cae el oprobio sobre el pensamiento liberal tal como se entiende en Europa. Se le tacha de ir en contra de la igualdad y la fraternidad entre los seres humanos. No se le da oportunidad de razonar sin que se le imponga la marca de fuego y se le clasifique  y descalifique como mivimiento FACHA. 


Y desde determinada derecha también aparecen los descalificadores que llegan hasta tachar injustamente de ignorantes y vagos a los de izquierdas. No admiten las políticas de ayudas sociales por considerarlas creadoras de vagos pancistas subvencionados por el resto de los considerados honrados contribuyentes. No admiten el hecho de que existan individuos que no pueden salir adelante sin las ayudas sociales. La derecha propicia como nadie la creación de riqueza colectiva pero no consigue hacer bien la redistribución de esa riqueza. Confían en que la mano del mercado con las reglas de la competencia y el esfuerzo individual puedan suplir de manera justa las diferencias sociales. Pretenden que creamos que se impone la inexistente meritocracia perfecta olvidándose del privilegio en el acceso a determinados puestos de poder de los hijos de padres de clases sociales superiores política, cultural o económicamente. La ultraderecha o derecha extrema se erige en poseedora de las esencias del nacionalismo centralista y único posible pretendiendo imponerlo incluso por la fuerza. No reconoce su pasado de colaboración con el régimen franquista. Niega  hasta la posibilidad de que alguien de izquierdas pueda llegar a sentirse español o francés o  miembro de cualquier nación. Esta idea obviamente queda desmentida echando un vistazo a la realidad misma o a la historia y biografías de ilustres militantes de izquierda.


Por otro lado, la izquierda extrema no condena régimenes autoritarios de su tendencia.  La izquierda ha olvidado, por ejemplo, a los balseros cubanos huyendo de la opresión comunista, el derribo del muro berlinés de la vergüenza o la opresión de todo un pueblo, el norcoreano, secuestrado por un cruel dictador de libro. Dicha izquierda extrema, en su afán de rechazar la propiedad privada potenciando un Estado omnipresente, llega hasta a proteger y apoyar al ‘okupa’ que usurpa derechos de propiedad. Los okupas para ellos son héroes que defienden por la vía de los hechos su derecho a una vivienda digna. Se olvidan de que se atreven impunemente a tomar posesión de viviendas o propiedades que otros han heredado, construido o comprado con su esfuerzo propio en base a unas leyes vigentes de propiedad privada. Se olvidan que el derecho a una vivienda digna tiene que ser garantizado por el estado y no por el ciudadano individual y honrado que invirtió en propiedades el fruto de su ahorro creyendo que las leyes de la propiedad le protegería.


Y si se habla de ecologismo se instala la falsa idea de que si se es de derechas no se puede defender ideas ecologistas que defiendan el equilibrio de la naturaleza y la lucha contra el cambio climático. ¿Se pueden defender esas ideas solo si se es de izquierdas? Creo que pensar eso es un error. En estas ideas solo puede haber aplicación de lo que la ciencia nos diga. Quien niegue lo que la ciencia demuestra día a día no opina con racionalidad y sentido común, sea de una ideología u otra. Si el cambio climático tiene demostración científica es osado y absurdo defender su inexistencia como lo es negar una enfermedad que le diagnostique el médico a su paciente con pruebas irrefutable. El paciente puede negarlo y actuar como si la enfermedad no existiera y así autodestruirse no haciendo el tratamiento prescrito,  pero enfermo estará. Es una verdad absoluta.


Otro ejemplo evidente son los movimientos antivacunas que niegan la evidencia del mucho bien que el descubrimiento de las vacunas ha hecho y sigue haciendo a la humanidad.


Todas estas ideas están generando una peligrosa polarización de la sociedad entre aquellos considerados buenos -los defensores del wokismo- y los calificados como malos -el resto-. Todo es negro o blanco. No hay posibilidad para los grises o los matices que pongan de manifiesto la complejidad de cualquier cuestión humana. Se levantan muros que impiden el debate sano o el respeto a la opinión ajena. Hay incluso familiares enfrentados sin posibilidades de reconciliación por cuestiones ideológicas. Se llega a situaciones trágicas de cancelación o muerte civil  de personas honestas que simplemente defienden ideas distintas a la corriente oficial del momento. esa cultura de la cancelación es especialmente cruel con el uso de las redes sociales. En las mismas hay un ejército de enmascarados “todólogos”dispuestos a destruir sin piedad a personas, por otra parte honestas, sólo por defender ideas distintas. Convierten así a las redes sociales en las nuevas guillotinas del Siglo XXI.


Si seguimos así, poco a poco se llegará a la negación de la dignidad de ser persona del que se manifieste con ideas distintas a las propias. El contrincante se convertirá en alimaña a eliminar por no tener derecho a vivir. Y lentamente se dará paso a la violencia física para aniquilar al discrepante y llegaremos por fin al temido cambio de régimen imponiéndose una auténtica dictadura de terror que obligue al silencio y practique la opresión del ciudadano que, obviamente, dejará de serlo porque se le despojará de cualquier derecho incluidos los básicos, los humanos. 

sábado, 24 de febrero de 2024

Dejar un LEGADO

 Soy médico. Quien se lo iba a decir a aquel niño nacido y criado en  familia humilde de agricultores con infancia de pueblo, inquieto, resultón en la escuela, que solo pensaba en jugar al fútbol en las calles desiertas de coches. Y ya son 39 años dedicado a mi profesión desde que acabé la carrera y así seguiré mientras el cuerpo y la mente aguante. 


Si. Son casi 40 años ya de profesión dedicados a brindar un servicio a la sociedad exigido de dedicación plena y actualización continua. Cada vez con más frecuencia me dicen que durante los años que me quedan "debería dedicarme a dejar mi legado"…  Y yo me pregunto ¿qué legado? Porque una cosa es mi deseo de transmitir vivencias y sabiduría, mucha o poca, y otra que realmente sean interesantes para los demás.  Sabiendo que en ciencia -y la medicina lo es además de arte y práctica humanista- el principio de autoridad del experto es rechazado y está denostado, ¿la transmisión de una determinada práctica aprendida con la experiencia es atractiva o importante? ⚠️ Además no veo tanta gente a mi alrededor dispuesta a recibir las mañas de un "viejo puretilla" ya de la medicina, aunque en plena forma y apasionado de la cirugía ginecológica, como he sido y aún soy yo. 


Pero tal vez esté equivocado.


He hecho y sigo haciendo siempre -el presente es lo único que existe, eso si, condicionado por el pasado y futuro- lo máximo que he podido por sentido de la responsabilidad y por  respeto hacia todas las dimensiones de la persona humana. Y como humano que soy, asumiendo errores, me percibo como un profesional que a lo largo de su vida todo esfuerzo le ha parecido poco para ofrecer la mejor práctica posible de la medicina y cirugía a sus pacientes. Ha sido así hasta el punto de dar la imagen a algunos de que solo pienso en medicina. Esos  así opinan de mi sin conocerme. Pero la verdad es que me gusta "tó", que disfruto como un niño de mi familia sobre todo, de mis amigos y de cualquier cosa que me llene como el deporte, el arte, la literatura y la música y mucho más si se relaciona con mis raíces culturales, las de mi pueblo, las de mi Andalucía; ¡qué me gusta la juerga andaluza!; hasta me arranco por sevillanas de mis admirado Romeros de la Puebla si hace falta (malamente, eh, pero con compás). ¡Ah! Y Me emociono con las canciones de Los Secretos o las del Sabina.


Esas dos dimensiones, la humana junto con la profesional, no hay que olvidarlas nunca si no se quiere que el tren de la vida descarrile. El médico debe ser científico a la vez que humano. Dentro de esa humanidad está el compañerismo. Y en la máxima expresión de ese compañerismo está  compartir conocimientos y experiencias profesionales, especialmente con los más jóvenes o médicos en formación. Y por supuesto aprender también de ellos sintiendo el estímulo para seguir mientras se tengan fuerzas. El saber es un viaje de ida y vuelta continuo e infinito. 


Planteo dudas: ¿No puede percibirse como de soberbio creer que posees algo que legar de importancia? ¿Realmente tengo algo que transmitir? ¿He aprendido a lo largo de mi vida algo útil para las generaciones venideras que no puedan encontrar por si mismas en tantas fuentes de información accesibles de las que disponen hoy en día para asimilar las enseñanzas que necesiten? ¿Habré perdido las referencias de lo que se sabe o no se sabe según que edad se tenga?


Por otra parte, creo que cometería un error si no soy proactivo en transmitir pensamientos y experiencias propias en beneficio de compañeros más jóvenes. Porque también proclamo que  aborrezco la mezquindad y el egoísmo del que todo se lo guarda, del que practica el hermetismo intelectual.  Admiro, avalo y persigo la lealtad con mis compañeros, sean jefes, iguales o subordinados. Tengo un respeto reverencial y agradecido por mis maestros . Entre mis valores esenciales está la generosidad con los semejantes. Ser generoso es ser solidario. Esa generosidad no tiene porqué ser entendida solo en lo material sino sobre todo en lo humano, en lo espiritual e intangible. Así me siento por ejemplo cuando ayudo a un médico joven o residente en una cirugía y le enseño una técnica o le sugiero trucos o hábitos que a mi me han servido siempre. Transmitir tranquilidad y autodominio ante situaciones difíciles en los quirófanos es preceptivo. Detectar vicios técnicos y conminar a corregirlos es responsabilidad del que enseña. En esos gestos también está el cuidado y respeto a los pacientes. 


Pero a veces tengo la falsa sensación de que si veo obvio un detalle teórico o técnico en mi práctica médica pienso que igual de obvio lo tiene necesariamente que ver todo el mundo, tenga la formación que tenga. Se me olvida así que esa evidencia tuve que aprenderla yo en un determinado momento de mi pasado y que, por lo tanto, no nací con ese especial conocimiento o habilidad concreta. Igual les pasará seguro a las nuevos médicos jóvenes. Cualquier conocimiento que adquieran, a fuerza de incorporarlo a su práctica, llegará a considerarlo una obviedad muy probablemente. 


De pronto reparo en que la teoría se adquiere con el estudio pero la práctica se aprende y asimila en el trabajo directo y real. Siempre digo que el mecánico de automóviles completa su formación en el taller manchándose de grasa, viviendo la realidad de la avería del coche y no la teoría. Allí aprenderá actitudes y trucos para aflojar el tornillo oxidado resistente a hacer el correcto diagnóstico de la avería real desde los sonidos reales de los motores. Aprenderá a tratar con el cliente exigente que no comprende que los diagnósticos y los arreglos requieren estudio, pericia y tiempo. 


Salvando las distancias, un centro de salud o un hospital,  ya sea en consultas, sala de hospitalización o quirófanos, es lo más parecido que hay al taller donde se reparan averías o previenen fallos con las revisiones. 


Aunque solo sea por eso, por intentar transmitir los buenos valores que deben guiar a todo médico merece la pena la docencia desinteresada en medicina y cirugía. Cómo dije antes y ahora amplío para concluir, el médico en su práctica, además de con ciencia y técnica actualizada, debe actuar con compasión sintiendo el mal de sus pacientes. Esa compasión debe extenderla a sus compañeros para tomar conciencia del deber de compartir sabiduría. Debe ser consciente de las expectativas que genera en el ser humano individual y en su entorno que sufre y confía en el. Esa carga de responsabilidad debe sobrellevarla apoyando y dejándose apoyar por sus compañeros y demás sanitarios. Debe huir de la soberbia de creerse por encima de ninguna otra persona por el hecho de su posesión de conocimiento generadora de asimetrías en la relación médico-paciente o , también, en la de médico experto con el médico joven. 


El médico actual no debería imponer nada; más bien debería sugerir  la mejor solución y acordar desde el respeto máximo, su ejecución.