El compromiso de la opinión
Hoy en día es muy difícil tomar partido por algo o alguien sin que evites que te impongan una etiqueta que a veces es tan degradante y tan terrible como la estrella que impusieron a los judíos los nazis alemanes , convirtiendo un símbolo del judaísmo en una señal de discriminación tétrica y brutal de todo un pueblo. Es así por la brutal desinformación, cuando no bulos de uno u otro signo político, a la que estamos sometidos. En otros tiempos tanto las personas públicas como los medios de información y divulgación de noticias y opiniones estaban identificados con cierta concreción en la forma y en el fondo. Se comprometían profesionalmente con una determinada línea editorial clara que, desde el respeto a un determinado marco moral, religioso o legal, se basaba en una u otra ideología política o en algún interés explícito o implícito, pero que no se ocultaban ni imponían su manera de ver al mundo a los demás. La información se convertía en comunicación real.
Hoy tanto la ideología de base como las opiniones expresadas son líquidas y cambiantes en función de intereses puramente económicos y de poder político ocultos en una red selvática de mensajes perfectamente definidos desde unos métodos científicos de manipulación individual y social. Cualquier fin justifica los medios usados incluidos los mensajes subliminales, o la publicidad engañosa, o la mentira calculada, o la deformación de la verdad o el desprestigio sin pruebas que llega a la cancelación de según qué persona concreta esté implicada y que se interponga en el objetivo marcado por la política o el dinero. Si es necesario se generan noticias falsas que desvíen el foco de la atención del público para mientras esperar el lavado del olvido en la lavadora del tiempo.
Antes la cultura individual o colectiva que se conseguía en el sistema básico de educación, o en la universidad, o leyendo revistas, artículos científicos o divulgativos, o libros, o aprendiendo idiomas o leyendo periódicos o viendo cine, o asistiendo a conferencias o viendo museos o viajando…. te servían para tener criterio propio y así tener un escudo protector de tu propia opinión formada en base a tus principios e intereses propios que te llevaban a la crítica,
el contraste, el consenso y/o el diálogo de la información recibida
para evitar que te manipularan y se produjese una verdadera Comunicación creadora de opinión pública que fomentase conductas, valores y pautas en las relaciones sociales. Toda esa desinformación es fomentadora de odio y el odio lleva a la polarización social disfrazada de adanismo, irracionalismo,
racismo, supremacismo, terrorismo, belicismo…Desconecta al individuo de su compromiso social y le hace renunciar a su derecho a opinar y a la participación política real. Creemos ingenuamente que por tener acceso fácil a internet y redes sociales tenemos al mundo en nuestras manos y así podremos sentirnos participantes en las decisiones de los poderosos que nos afecten… nada más lejos de la realidad.
