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sábado, 30 de diciembre de 2017

¿Eres almeja o pulpo?

"PULPOS"Y "ALMEJAS"
  FELIZ AÑO 2018
¡¡Ha pasado “ooootroooo año más”!!
Uno màs me decía un amigo. No uno menos. El me decía con cierta gracia que cuando se cumplen los “cincuenta” cada año que pase una persona en este mundo es uno más, no uno menos… Y es que cuando te llega la madurez -¿llega alguna vez para quien siempre quiere aprender?- se tiene cada vez más conciencia de la finitud de esta vida y se fija en la única verdad demostrada para todo ser vivo…el humano -o sapiens, como se dice ahora- también. Vemos como la salud perdida en gente de nuestra edad cada vez es más frecuente. Si la salud nos deja, disfrutamos o no disfrutamos según nos haya ido en la vida de todo aquello que hemos ido forjando a lo largo de la misma.
Empiezan a esa edad (la mía) una mirada alrededor y se desarrolla más que nunca los hábitos y los caracteres y personalidades forjados. El filósofo y catedrático Marina dice que ve en sus alumnos dos tipos de personas: los “pulpos” y las “almejas”. 
Las personalidades “almeja” son pasivos, están a verlas venir, no se arriesgan, se protegen con su concha cuando atisban peligros, están a merced de la corriente. Y muchos tienen la sensación de que el futuro de cada cual que siempre llega a cierta edad ha llegado. Y dicen “yo ya estoy viejo para eso o lo otro”. Deciden descansar apoyados en barandas, casinos y bares viendo pasar la vida, sin aportar nada, sintiéndose con un derecho a ser cuidados por los demás. Incluso algunos -inconscientemente, sin malicia- utilizan la ganancia secundaria de una enfermedad, crónica y llevadera  para conseguir no trabajar más.. Y solo quieren mantenerse como están (…¡Ay, Virgencita!). 
Los pulpos son exploradores y activos, se meten por todas partes, buscan y se arriesgan en orificios y accidentes del terreno imposibles a simple vista. Proponen e  imaginan. No se conforman y siguen buscando y elaborando su vida e influyendo en la de los demás, en su familia, amigos, compañeros y entorno renovándose a si mismo y a cuanto tocan. No se ven en el “futuro” conseguido. Viven su presente sin mas pensamiento que vivir mientras estén vivos. Reivindican diariamente su lugar en el trabajo, en la familia, entre los amigos…en la vida. Aportan su experiencia aprendida y como ya la tienen siguen aprendiendo nuevas cosas para ellos mismos y para los demás. 
 
¿Qué quieres ser? ¿pulpo o almeja? Yo personalmente no quiero dejar de ser un poco pulpo, aunque a veces el desánimo me invade y me inclina a almeja. Pero quien nace con una condición muere con ella. Me gusta ayudar y aportar todo lo que pueda a mí mismo y a los demás, desde mi familia cercana, a mis pacientes y al mundo en general. 
 
A todos. pulpos y almejas, les deseo un feliz año nuevo. Todos somos humanos, todos tenemos derecho a vivir y a toda la felicidad del mundo sea de la forma que sea. Cada cual con su experiencia vital debe ser feliz y estar sano. Aceptado tal y como es. Incluso siendo almeja se tiene lo más preciado: la vida. Y en ella no debe reinar más que EL AMOR. 
 
Salud y amor en tu vida (y con ellos llegará la felicidad)

NADA REAL CAE DEL CIELO

El cambio habido en España ha sido de tal calibre en los últimos 50 años que ha hecho que vivamos en un país radicalmente distinto pero con gran parte de su población inconsciente de esa transformación. Los cambios económicos, sociales y políticos en el mundo entero y en nuestro propio país han sido enormes y han provocado desviaciones en nuestros focos de atención y preocupaciones. Nos pasa a todos los españoles pero más en general a esa parte formada por los nacidos tras la muerte del dictador. Es lógico. Es difícil salirse de la realidad cotidiana llena de árboles que nos impiden ver un bosque tan evolucionado. Estamos ocupados con dedicaciones que nos ayuden a nuestro sustento, a sobrevivir; y vivimos en un mundo lleno de numerosos y variados reclamos externos a nuestra atención. Impiden que reflexionemos en cómo hemos llegado hasta aquí. No tenemos tiempo para miradas hacia atrás que creemos solo sirven para distraernos. 

Nos alegramos por nuestro bienestar conseguido, pero las más de las veces nos quejamos de infinidad de fatalidades que considramos injustas y no merecidas. Pero somos poco reflexivos para hacer un buen diagnóstico que explique porqué nos pasa lo que nos pasa. Tendemos a culpar a agentes externos actuales de nuestras desventuras o agobios sin reparar en que muchas de ellas vienen condicionadas por decisiones pasadas. Y cada decisión supone una elección y una renuncia que repercuten en nuestras vidas a corto, medio y largo plazo. Y no solo las decisiones individuales de cada cual son las que condicionan nuestro devenir. Una importante proporción de nuestros comportamientos o nuestro modo de vida las marcan otras personas que la mayoría de veces ni conocemos. Y entre ellas están fundamentalmente los políticos que dirigen nuestras instituciones. De ahí la importancia de elegirlos bien y sobre todo de controlarlos bien. Deben de dar cuenta de sus decisiones a todo el mundo. Y hay que exigirles una especial vocación de servicio a los demás. Para nada se les debe tolerar la más mínima acción corrupta. Ahora se dispone de instrumentos democráticos de control de nuestros dirigentes que aunque siendo imperfectos han servido a veces para descubrir y denunciar escándalos por corrupción que la justicia ha tratado convenientemente. No siempre fue así.

Recuerdo conversaciones con mis mayores sobre cuestiones políticas y sociales allá por finales de los años sesenta del pasado siglo, casi cuarenta años después de la última guerra civil entre españoles y viviendo bajo un régimen dictatorial opresor. Ellos tenían fresca la memoria. Intentaban transmitirme prudencia en mis opiniones, que se apartaran de la crítica al poder establecido pues lo contrario haría peligrar no solo mi bienestar sino incluso mi integridad física. Cerraban la puerta de la casa con cerrojo para asegurarse de que sus opiniones críticas con el régimen y expresadas en la intimidad familiar no fuesen escuchadas por oídos traidores y colaboracionistas y corriesen el riesgo de ser denunciadas. Tenían miedo...terror al poder. 

En esas conversaciones con mis padres y con algunos de mis maestros me transmitían pavor a hablar con libertad. Tenían recuerdos vivos de la contienda civil o de la dura postguerra española, llenas de represión y miserias, colmadas de suciedad y hambre, de violencias extremas y venganzas sumarias, de desconfianzas y recelos entre iguales, de chivatazos crueles, marginaciones y exclusiones sociales, de señoritos y serviles... En mi ingenuidad de niño y adolescente, sin embargo veía a mi alrededor un bienestar y una alegría que jamás podía peligrar. La guerra civil y la postguerra eran cosa de un pasado lejano con imposible retorno. Para mi era casi como hablar de los romanos y las guerras púnicas. Creía que vivíamos en otra era sin posibilidad de influencia por hechos históricos aparentemente tan remotos. No me daba cuenta de que hablaba con los protagonistas vivos de esos episodios históricos. Mi inconsciencia me impedía interiorizar que en parte tenían razón en la posibilidad de que se repitiese la historia si la desconocíamos. Pero nadie escarmienta en cabeza ajena.

Veo a mucha gente ahora, en general por debajo de los 45 años, formando parte de una generación que ha vivido en la abundancia relativa. Se que las generalizaciones tienen sus riesgos de injusticia en las valoraciones, pero han de hacerse en el asunto que me ocupa para entenderse bien. La generación española de mis padres experimentaron el hambre y sus consecuencias; mis coetáneos, de 45 para arriba, en general no pasamos hambre pero si ciertas necesidades materiales no imprescindibles para mantener la biología pero si para disfrutar del bienestar con estándares europeos. Nuestro bienestar fue solo parcial. Muchos tuvieron o tuvimos que trabajar desde edades muy tempranas para contribuir al sustento familiar. A muchos se les impidió acceder a una más completa educación académica. Incluso no era extraño el que para poder estudiar tenía que trabajar simultáneamente. La universidad era algo inalcanzable para una mayoría social.

Sin embargo, la generación nacida tras el fin del franquismo, ya con la constitución del 78 en vigor, ha disfrutado de de un régimen democrático homologado y de un estado del bienestar asimilable a cualquier país europeo. Afortunadamente el pais había avanzado en su riqueza lo suficiente para que sus habitantes pudiesen vivir mejor. La sanidad se convirtió en un derecho universal, la educación hasta la secundaria también y el acceso a la vivienda en general fue asequible a una mayoría de población. Lejos quedaron los años en los que no se podía disfrutar de libertad de movimientos o de libertad de expresión, de no tener acceso a múltiples servicios públicos que hoy parecen caídos de la nada. Hubo años en España de red de carreteras escasas y en mal estado, muy lejos de autovías y autopistas actuales tan rectas ellas, anchas, bien asfaltadas y excelentes; o de trenes AVE o de aeropuertos modernos, excesivos y símbolos del despilfarro de nuevos ricos. La televisión pasó de no existir en los años cincuenta a nacer en blanco y negro con su posterior evolución al color. Hasta hace muy poco fue única y controlada en monopolio por el poder, nada de múltiples emisoras privadas y a todas horas. Se nos ha olvidado la obligatoriedad de difusión del “parte” por todas las emisoras de radio, ese informativo de radio nacional de España, instrumento de propaganda y difusión de consignas a mayor gloria del régimen. Se emitía con puntualidad a las dos y a las diez de la noche. Hoy la manipulación mediática existe pero es más variada y diversa y se hace desde posiciones ideológicas distintas que conviven sin violencias y con tolerancia entre ellas. 

Aquella España franquista oficialmente feliz y unida, tenía sombras terribles que oprimían a una parte de españoles. En la misma no existía el divorcio, aunque si la figura de los separados por la vía de los hechos sin reconocimiento de derechos, especialmente a las mujeres. Estas no podían salir del país sin el permiso del marido. Tampoco podían aspirar a ser juez por mucha carrera de derecho que estudiasen. La violencia machista contra las mujeres se calificaban de simples crímenes pasionales. El aborto se practicaba en sucios tugurios clandestinos que ponían en riesgo vital a las mujeres. Incluso robaban niños en instituciones sanitarias engañando a las mujeres que parían indefensas ante sanitarios sin escrúpulos. La homosexualidad era un delito condenada con marginación social, con tortura y cárcel o incluso con reclusión en manicomios. Estos servían para aprisionar no solo a enfermos mentales sino también a muchos desviados políticos opositores al régimen. Eran terribles las celdas de castigo de los “penales” que pude ver en el manicomios de Miraflores de Sevilla. No solo estaban las prisiones para los presos políticos de verdad. Gente en general pacíficas eran encarceladas y torturadas solo por su compromiso real en la consecución de un mundo mejor, más justo y solidario.

Conviene no olvidar ese pasado visto como tan reciente por los que en parte lo vivimos, aunque en sus últimos coletazos. Comprendo que los nacidos después piensen que ese pasado es lejano con imposible recurrencia en los tiempos actuales. Yo también lo pensé cuando me hablaban de nuestra guerra civil y de la postguerra del hambre y de la indigencia. Mi deseo es que la soberbia que nos da nuestro bienestar actual no nos ciegue y que no nos impida fomentar la solidaridad y la justicia social. La historia da lecciones que deben ser usadas para no repetir errores. Y para saber que lo que tenemos no nos ha caído del cielo. 


domingo, 28 de mayo de 2017

Diálogo entre politicos

Llegaron para despachar cargados de carpetas llenas de documentos. Entraron en el amplio despacho de paredes forradas de lujosas estanterías de caoba repletas de libros clásicos, recuerdos y bellas figuras de porcelana. Sobre el suelo se proyectaba una tenue luz desde el gran ventanal del lateral izquierdo adornado de cortinas clásicas estampadas que, sujetas con elegantes alzapaños, resguardaban unos tímidos visillos color crudo. Detrás de la mesa muy despejada y recia, serias y calladas estaban las vigilantes banderas, símbolos y garantes del estado, emblemas del mantenimiento de la fidelidad a la nación. “L” había ganado las elecciones y había tomado posesión de su flamante puesto de presidente regional con la mejor de las intenciones de usar el poder para mejorar la vida de los ciudadanos. Con gran ánimo y sentado en el sillón director, como radiante ganador de la confianza de sus ciudadanos, introdujo la primera idea y propuso:

- “L”: Ahora tendremos que nombrar para los puestos importantes a los mejores. 
- “S”: Ni lo pienses. De “mejores“ nada, nombraremos a los más fieles. Ya los enseñaremos si no son competentes. La lealtad de los fieles es digna.  No nos abandonarán cuando volvamos a perder el poder. Los mejores, sin embargo, se convertirán en molestos presuntuosos, mercenarios en sus puestos de trabajo. Serán exigentes a medida que consigan objetivos. Crearán necesidades y molestarán más de la cuenta cuando no estén de acuerdo con las consignas que les demos.

“S”, como jefe nacional del partido, dio así su repuesta demoledora y gélida desde el confidente. “L” sintió cierto escalofrío y levantó levemente la frente. Clavó su mirada en los ojos de “S” con la intención de asegurarse de haber oído bien. Sin embargo enseguida entendió que la respuesta de “S” no estaba en línea con lo que en campaña habían prometido. Y como “L“ no era ser sumiso e irreflexivo a las consignas de partido sin discutirlas y sin convencer a su conciencia, consideró que debía seguir la conversación y opugnó:

- “L”: Pero ahora, que por fin tenemos el poder, debemos construir una sociedad que busque la excelencia. Si los mejores la dirigen harán lo mejor y servirán de ejemplo a las nuevas generaciones que se esforzarán en ser cada día mejores. La competitividad por ser preeminente hará que el progreso se acreciente y que la vida de la gente avance.
- “S”: Ya, pero la sociedad que construyamos será de iguales. Si los que mandan son capaces de imponer ideas de igualdad por encima de todo no habrá diferencias entre ciudadanos por razón de renta, raza, sexo, o cualquier otra condición. Esas ideas se impondrán por los convencidos y no por aquellos que aunque sean de los preeminentes en su profesión no estén persuadidos por las mismas. Aquellos darán curso a nuestras consignas con disciplina; estos se resistirán si consideran que entran en contradicción con lo teórica y técnicamente correcto. Así que esa es la consigna: una sociedad de iguales.

“S“ Respondió con seguridad y contundencia. Sabía que en política son los fines, y no los medios, lo importante. Pero “L” dudó y expresó sus recelos:

- “L”: ¿Sociedad de Iguales? Pero quizá más pobre globalmente y con individuos menos libres. La igualdad básica está garantizada desde el punto de vista social y político por la Constitución; somos iguales ante la ley. Sería mejor confiar en que el deseo del individuo responsable y libre de progresar en la vida, de escalar en su posición económica y la de los suyos, le sirva de estímulo para trabajar más, para crear más riqueza, de la que el conjunto se beneficie. Debemos acortar las diferencias sociales pero sin renunciar a respetar la libertad individual de cada cual para construirse las vidas que quieran.
- “S”: El problema es que de esa manera solo los más fuertes se desarrollarán. Sin la correspondiente regulación quitándole por ejemplo parte de lo que ganen a los más fuertes y dándoselo a los más débiles la sociedad evolucionaría hacia una división entre clases muy ricas, una minoría, y otras mucho más pobres, una mayoría.
- “L”: No sería así si se garantizase el principio de igualdad de oportunidades y que el acceso a algunos servicios se garantizase. La consecución del puesto a través del mérito seleccionará a los más capaces para los puestos dirigentes de la sociedad sobre una base de igualdad en el acceso a determinados derechos. Básico sería garantizar los derechos humanos primarios para todos; me refiero fundamentalmente al derecho individual a la sanidad, a la seguridad social y, especialmente, a la educación en todos sus niveles. No debería ser la renta un impedimento a crecer en la preparación educativa ni por supuesto causa de discriminación entre los ciudadanos.
- “S”: Estamos de acuerdo parcialmente en esos puntos. Pero no sólo la seguridad social, la educación y la sanidad deben ser universales y equitativas. ¿Y la vivienda? ¿O el derecho a trabajar y ejercer cualquier negocio lícito, al comercio libre, al movimiento libre de entrada o salida por el territorio nacional o europeo, o a la libertad de expresión, o a la propiedad privada, o al derecho de asociación con fines útiles, o de religión? Si no se llega a una igualdad efectiva entre los individuos en sus vidas adultas sea cual sea su formación, se perpetuarán las injusticias sociales.

“L” se sorprendió de que su superior detallase derechos supuestamente ya conseguidos por las personas de su país para justificar una hipotética y justa igualdad material. Pero no lo veía claro y refutó:

- “L”: Pero conseguir esa igualdad en lo económico podría suponer ser injustos con el que haya conseguido más riqueza ejerciendo su libertad y practicando su esfuerzo diferenciado. 
- “S“: No te olvides del principio de solidaridad. Es este un valor y un derecho de los individuos y del estado. No todo el mundo es capaz de generar riqueza. En ello influye no sólo el esfuerzo personal sino múltiples factores internos y externos que facilitan o impiden la consecución de riqueza material. Por eso el que consiga más debe repartir parte de lo que haya conseguido con los menos favorecidos. Pero, dada la condición humana en general altamente dirigida al interés personal, la solidaridad debe obligarse desde el poder.
- “L“: Es decir, que todos esos derechos requieren de un ejercicio de poder, de una gestión política. Pero si esta es dirigida y ejecutada  por auténticos profesionales con criterio, preparados, que conozcan los distintos sectores iría todo mejor.
- “S“: No, la gestión de esos servicios debe ser pública y llevada a cabo no por tecnocrátas fríos sino por políticos idealistas convencidos y fieles a nuestras consignas. Si es el estado el que ha de proveer de esos derechos y servicios a los ciudadanos, los que detenten el poder del estado han de ejecutar y poner en práctica lo propuesto por el partido si democráticamente es elegido. Por cierto, para llevar a cabo las decisiones políticas ha de obtenerse los recursos de algún origen. Y ese “origen” tiene que ser del bolsillo de los más ricos. 

“L” nuevamente no lo veía claro y rebatió:

- “L”: Pero ¿cómo vamos a obligar a los ricos a dar parte de su riqueza? Se supone que se la han ganado por su habilidad en los negocios, por su esfuerzo o por herencia legítimamente recibida.
- “S”: Si, pero casi siempre ha sido a costa de la explotación directa o indirecta bien de recursos puestos a disposición del propio estado o bien por uso abusivo de una parte de la sociedad, los asalariados, los jornaleros, los trabajadores en definitiva.
- “L”: Sin que se violen leyes, toda persona tiene derecho a llegar a ser rica si lo consigue con su esfuerzo o inteligencia. Y, por supuesto, una vez conseguida tendrá también el derecho a disfrutar de dicha riqueza, a hacer lo que le de la gana mientras no veje o dañe a nadie. Su contribución al resto de la sociedad debe ser proporcionada y no tan exagerada que llegue a desincentivarles en su afán de generación de abundancia o que les aleje de la sociedad a la que se deba.
- “S”: Eso es así mientras el resto de la sociedad tenga las necesidades básicas cubiertas. En caso contrario, debe ser el estado el que se encargue de cubrirlas echando mano de parte del caudal generado por ese fragmento de la sociedad supuestamente triunfador y acomodado. Y así redistribuiremos los excesos que ya hay en las capas más altas. Los repartiremos a los más pobres. En eso consiste El Progreso, en que los menos gananciosos sean más dignos y trabajen con salarios mayores. No es injusto que los beneficios empresariales sean más bajos si ese es el objetivo.
- “L”: ¿Quien define cuales son las "necesidades básicas"?...No lo sé. En cualquier caso de esa forma se igualaría por abajo. Las rentas más altas perderían pese a esforzarse y mucha parte de las más bajas ganarían sin necesidad de hacer ese esfuerzo. Se igualaría por debajo. Más o menos se pensaría: “¿para qué esforzarme, si lo que consiga tendré que compartirlo con el que no pone empeño alguno en conseguir lo que yo?“. Además, ¿Como lo haremos sin coartar la libertad de las personas, sin que se resienta la necesaria cohesión social? 
- “S”: Cualquier medio será bueno. Se pueden usar los impuestos, la caridad, servicios públicos, los subsidios, la reforma agraria, políticas monetarias, confiscación o las acciones legales de reparación de daños. Ya ves la cantidad de posibilidades que tenemos. Si lo hacemos bien conseguiremos un tejido social mayoritario de gente agradecida. De esta forma nos perpetuarán en el poder. Y de esta manera poco a poco dispondremos de los medios de producción. Seremos nosotros los que decidamos en qué se invierte y en qué no.
- “L”: Pero se puede generar una bolsa de población improductiva, que se conforme con la subsistencia a costa del estado y por consiguiente parásitos de los que verdaderamente trabajen. Además, ¿Y si los ricos se van de nuestra tierra y se llevan sus riquezas? ¿Como vamos a retener los capitales?
- “S”: No todos se irán. Tendremos muchos que se beneficiarán de la administración y de sus contratos; los servicios públicos no siempre serán suministrados por funcionarios y habrá empresas privadas que puedan lucrarse prestando dichos servicios cobrando de la administración estatal. Otros tantos amasarán dinero con nuestras riquezas naturales que no se las pueden llevar a otro lado. Por ejemplo está el turismo. Nuestro clima, nuestros paisajes, nuestras costumbres atraerán a millones de turistas que dejarán plusvalías para nuestros empresarios elegidos y éstos nos mantendrán a nosotros. Además estarán las subvenciones de las instituciones de la administración estatal y europea. Mientras seamos más pobres tendremos derecho y podremos reivindicar dichas subvenciones. 
- “L”: Entonces se creará una red inmensa de pobres leales y de ricos también agradecidos. Margaret Thatcher lo expresó diciendo que esas tácticas no procuran que los pobres ganen más, sino que los ricos ganen menos. El problema es que la pobreza extendida al igualar por abajo es insostenible a la larga. Ningún régimen político con máxima priorización de la igualdad ha dejado de generar élites sociales detentadoras del poder y una gran masa de pobreza sin libertad, desincentivada y silenciada.
- “S”:  Lo se, pero una mayoría nos votarán. Y nosotros disfrutaremos de nuestra obra mientras duren las condiciones. Esas condiciones nunca serán extremas. La mayoría que nos vote no será consciente de su situación. Estará ocupada en mantener esa igualdad básica conseguida, serán partidarios de mantener el “status quo” ; solo algunos se darán cuenta e intentarán progresar por su cuenta y al margen del estado. Pero estarán tan a lo suyo, serán tan individualistas que desertarán de la política y no votarán y desde la abstención no nos molestarán.
- “L”: ¿Hasta cuando? 
- “S”: Hasta que tengamos suficiente para retirarnos y demos el relevo a las futuras generaciones.

“L” calló, triste y cabizbajo. Comprendió la inutilidad de su esfuerzo y de su elección. Al poco tiempo, dimitió.



sábado, 6 de mayo de 2017

Volver a empezar o la vida circular

Volver a empezar... siempre regresar al comienzo. Si caes en la oscuridad de la tristeza por la desazón de la decepción que otro te provoque debes hacerlo. Si fracasas por errores propios, debes hacerlo. Si circunstancias sobrevenidas e imprevistas te echan abajo tus proyectos, debes hacerlo. Sin persistir en los errores reconocidos porque eso sería locura, debes continuar con tus designios.
Debes Levantarte tras las caídas sabiendo que todo pasa, que siempre amanece, que el universo sigue estés como estés, te pongas como te pongas. Y no esperes ayuda más allá de ti mismo. Quien te ofrezca su apoyo consciente o inconscientemente buscará ayudarse a sí mismo. No existe el amparo permanente desinteresado. No desprecies al que te socorra, sé agradecido. Pero convéncete: solo tú no te cansarás de ti mismo si asimilas la idea de que esencial y realmente estás solo. Y cuando lo entiendas y demuestres que te quieres el resto del mundo empezará a contar contigo. Entonces no te verá como una carga fastidiosa, como un ser suplicante y quejicoso. Serás respetado y válido, te tendrán en cuenta, te respetarán.
La vida es circular...vuelve y vuelve al mismo punto en una espiral que se antoja infinita mientras no llegue su final. ¿Su final? ¿De verdad existe ese final? La respuesta es de cada cual y de la voluntad de tener fe o no tenerla. Pero sea cual sea la creencia asumida, mientras tenga vida el objetivo del ser que la disfrute es mantenerse vivo. Porque la vida es un don que ese ente no elige, sino que se le concede generosamente. Y si eres ser humano además de vivir manteniendo las funciones biológicas has de hacerlo con dignidad. Una dignidad que absolutamente nadie tiene derecho a quitártela. Nadie debiera ser dependiente ni independiente de nadie, aunque si interdependiente de todos. Solo así serás humano.

viernes, 15 de julio de 2016

El tamiz social, la conciencia y el miedo a la libertad

El despertar

Se despertó y abrió los ojos como quien nace a la vida. Percibió el ambiente frío en su cuerpo como quien sabiéndose vivo siente intensamente. Además de pensar en lo mal que había dormido, apareció en su pensamiento la segunda queja del día: ¡qué clima tan malo, joder! Sintiéndose cansado salió de la cama como pudo; le dolía todo. Fue a la ducha tembloroso, tambaleante, y se despabiló bruscamente con el chorro de agua fría inicial, antesala de la caliente que aún no había llegado a su destino para cumplir su misión: asear su cuerpo sin molestarlo, quizá más bien relajándolo para afrontar el día naciente. Sentía el agua como su cómplice fuerte y servicial. A medida que resbalaba por su cuerpo le entregaba su cansancio confiado, a ciegas. El agua así se llevaba su somnolencia y desgana...y hasta su tristeza y apatía. Acabada la ducha, se secó con la toalla grande y suave que le ayudó a despedirse parcialmente del líquido elemento una mañana más.

Mirándose al espejo se afeitó, se peinó y se observó largamente. Lo hacía con sus propios ojos sin saber que se evaluaba desde la óptica de los seres extraños con los que se encontraría a lo largo de la jornada que estaba naciendo. Elegía el vestuario, sus zapatos y se acicalaba según parámetros incrustados y ocultos en su inconsciente, como aguijones disfrazados de roles sociales que les fueron asignados sutilmente.

La angustia vital

Ya disfrazado salió al escenario del mundo. Ese día sintió su disfraz como armadura oxidada y opresora. Percibió dentro de sí un submundo de luchas a codazos por ser auténtico. Y advirtió que le enfadaba y entristecía. Mientras bajaba en el ascensor, mientras viajaba en el autobús de línea, su angustia crecía y le aceleraba el corazón; Sentía ahogo y deseos de gritar con los dientes al aire para defenderse de la monotonía y uniformidad. Su pecho constreñido lloraba de rabia impotente. Buscaba sin entenderlo su libertad de no aparentar al exterior lo que no quería ser desde lo más íntimo de sí mismo. Y no sólo era lo físico o material. Era el cumplimiento de roles sociales sin sentido o, al menos, que él no entendía. ¿Porqué tenía que cumplir un horario? ¿Porqué debía obedecer a burócratas sin alma? ¿Porqué no le daba rienda suelta a su creatividad?

Dominando sus impulsos por responsabilidad -¿o quizá por miedo cobarde?- fue pasando el día zarandeado de un lado a otro, receloso y suspicaz; le molestaba hasta los colores de los vestidos de las personas con los que se topaba. Y así fue quedándose encima de la malla filtrante de la interacción humana. Por experiencia sabia que las sociedades humanas criban a sus componentes exigiéndoles apariencia. Por las luces de malla de los filtros del tamiz social solo pasan aquellos que se amoldan a las convenciones impuestas por los poderosos. Cada cual incluido adopta un camuflaje que se adapta a lo exigido por los manipuladores.

Primera Rebeldía

Aquel día el volcán rebelde de su esencia erupcionó. Su médula quería acoplarse con su apariencia. Creyó que esa coherencia del fondo y la forma le daría La paz en la felicidad, la eliminación del sufrimiento por la anhelada ausencia de todo deseo, la tranquilidad de la reconciliación consigo mismo, la capacidad de amar a los demás incondicionalmente y de amarse a sí mismo sin reproches. En realidad, reclamaba su individualidad.

Freno al rebelde: la búsqueda de explicación

Pero nuevamente reparó en que era humano. Y en que, a veces, si un ser humano por ser fiel a sí mismo era indiferente a sus semejantes, a sus exigencias de pertenencia, como ser social que es, tal vez dejaba de ser "humano". Reflexionó que por ese camino era posible que la propia indiferencia de la opinión de los demás le llevaría de nuevo a una angustia nueva y vieja a la vez, a la desazón derivada de la exclusión y de la marginación social. La sociedad en su conjunto puede ser indiferente al individuo pero éste no puede ser imperturbable a aquella y sus reglas. Esta idea le entristecía porque, en el fondo, quería opinar lo contrario: que lo deshumanizaba, que lo convertía en marioneta sin alma.

Y básicamente tenía que comprender que su esencia se manifestaba en su apariencia y que su autenticidad emanaba de la mezcla de lo que quería manifestar, lo que le pedían los demás que manifestara y, por fin, de lo que realmente manifestaba. Debía tomar esa autenticidad como cambiante y dinámica, adaptada en la síntesis de lo externo e interno, de lo material y espiritual, resultado del pasado y presente mezclados con los anhelos de futuro. Comprenderlo significaba aceptarse a sí mismo, quererse y así vivir tranquilo, sin soberbia, con conformidad, aunque sin servilismo, sin esclavitud.

Segunda rebeldía

Pero no. Había algo en su interior que no podía dominar. Ese algo reclamaba, altanero y seguro, la dignidad de ser distinto. Le demandaba atenciones no desmesuradas sino necesarias. Hay un grito constante dentro del ser humano que le exige coherencia a sus opiniones y sus actos con la verdad, con la belleza y con la bondad.

Segunda explicación: la conciencia y su formación

¿Qué era ese algo? Tal vez es la voz de la conciencia evolucionada. Es como la brújula que guía al marinero en mar abierto, es lo que nos guía en el devenir de nuestras vidas. O la seguimos o caemos en el pozo de la infelicidad y la alienación. El eclipse de nuestra conciencia y sus designios se produce transitoria pero largamente a veces, y entonces a la conciencia propia no se le escucha. Se usan distracciones y creencias impuestas desde fuera. Esos eclipses los producen diversas elementos y toman cuerpo en forma de drogas, o de juegos o de circos con espectáculos que sólo distraen o entretienen sin exigencia de esfuerzo intelectual o participación activa y al margen de toda regla ética. Pero como todo eclipse nunca las distracciones son permanentes. Para la conciencia propia que es persistente y perenne la resignación no existe. Es inconformista ante lo que considera confuso o desorientado de lo verdadero, bello o bueno.

¿Cómo se forma esa conciencia? ¿Es totalmente libre el ser humano para elegir sus bases de conciencia? Influye la biología y la educación recibida desde la familia, la escuela y las interacciones sociales. Pero... ¿en qué proporción influye una u otra?. Pensó que debía haber algo más. Los azares de la vida nos condicionan en nuestras creencias y visiones del mundo y de nosotros mismos. Son marcajes constantes desde que somos concebidos los que recibimos del exterior que al mezclarse con nuestras opiniones en nuestra cocina interior condicionan la formación de nuestras conciencias. Y según las mismas así son nuestras acciones con nosotros mismos y con la sociedad.

Un momento...¿"quién" es la "conciencia"?

De pronto reparó y vio que en realidad no le angustiaba en sí mismo su no afirmación individual. Comprendió que nadie externo sino que más bien él mismo era el que realmente le impedía expresarse y afirmar su individualidad diferenciada. Su conciencia era realmente él mismo de manera total y ontológica. Aunque quede la duda de si el ser humano tiene una base de conciencia común interconectada o somos múltiples conciencias individuales que simplemente conviven.

La razón o causa: el miedo

¿Porqué se angustiaba? Por los miedos inoculados en su alma. Y fundamentalmente entre esos miedos está el que se refiere al rechazo social que en realidad no es más que el miedo a la soledad referida al de la persona no querida, no respetada ni valorada. Y también está el miedo a la pérdida del control propio, a ser oprimido y encarcelado...a no ser autónomo.

La solución

¿Cómo vencer al miedo? Afrontándolo, atravesándolo. Solo con el movimiento valiente de encararlo comprendería que los miedos son humo fugaz, que carecen de realidad material. Debía actuar como el niño que, angustiado, entra obligado en el terrorífico cuarto oscuro y, una vez dentro, comprende que el terror no tenía motivo real pues el cuarto está vacío, inerte, neutro y tranquilo. Solo existía el miedo en su imaginación. Fuera todo era paz y serenidad.

La valentía de vivir

Alegre decidió encarar sus miedos sintiéndose libre para elegir los caminos de su vida. Disfrutó alegre de la conquista de su libertad y, sobre todo, aceptó las consecuencias de la misma, aunque entre ellas estuviese la incomprensión social a sus opiniones e individualidad. Y asumió que no podía escaparse a las consecuencias de sus elecciones y decisiones. Así, fue feliz sintiéndose vivo y humano...feliz y tranquilo en su valentía.

sábado, 21 de mayo de 2016

¿SIN ESPERANZA? ¿CON FE?

  Alma: ¿moribunda o somnolienta?
 ¿Lúgubre?, ¿finita?, ¿huidiza?, ¿fugaz?
 O... ¿Perpétua?, ¿eterna?, ¿audaz?,
 ¿que a la vida plana alienta?

 Caida a ciegas por ir con tienta,
 ladrona de vida, triste y falaz...
 Anochecer de alma sin solaz,
 abúlica... Que al ser adormienta.

 Duda de mortal... ¿Real? ¿imaginaria?...
 ¿Quizá soberbia de la inconsciencia?
 ¿O búsqueda inútil de Barataria?

 Fragilidad de efímera consciencia
 Aspirante a ser Dios siendo paria
 O pura química según la ciencia

lunes, 2 de mayo de 2016

RESILIENCIA O LA ADAPTACIÓN AL CAMBIO PARA SER UNO MISMO


Preguntas:

Sin que concurra ningún factor externo como la incapacidad física, el advenimiento de la enfermedad o la catástrofe natural ¿Qué diferencia a los que acaban sus proyectos y los que no lo consiguen? ¿Porqué unos acaban sus carreras, sacan las oposiciones, acometen con éxito sus emprendimientos y otros no? ¿Porqué unos se adaptan a las circunstancias adversas y buscan como superarlas y otros abandonan sus proyectos y no consigan sus objetivos?



Construyendo

Varios arquitectos comienzan a construir varios edificios a la vez, pero cada uno es responsable del suyo,  de aquel que han planificado e iniciado su construcción. Todas las estructuras deben tener alturas parecidas y la anchura similar.

Comienza las construcciones más o menos a la vez. Pero pasa el tiempo y el ritmo de crecimiento de las edificaciones no es el mismo en todos los casos. Unos inmuebles están más avanzados que otros. Este hecho hasta ahora ha dependido de factores dependientes fundamentalmente del tiempo dedicado cada día por la cuadrilla de albañiles. Pero también ha influido la técnica de construcción aplicada, los materiales utilizados, el ritmo de suministros de los mismos, la pericia de los operarios, etcétera. De esta manera, hay construcciones que van ya por la mitad y otros por la tercera parte del objetivo de altura.

Pero ¿influye la dirección del arquitecto? Con este panorama unos arquitectos están más animados que otros.

Algunos de los que van en cabeza se sienten orgullosos de sí mismos y de sus cuadrillas de trabajadores. Ven que sus técnicas de construcción aplicadas van por buen camino. Se ilusionan y se refuerzan a sí mismos para conseguir el objetivo.  Y finalmente lo consiguen.

Pero algunos de estos arquitectos líderes, los menos, se relajan y como llevan ventaja, dejan de estimular a los albañiles para seguir con el mismo ritmo de construcción; les dan vacaciones no pedidas, por ejemplo.  Dejan de estar pendientes de exigir a los proveedores de material el buen ritmo de los suministros. De esta manera, ralentizan la velocidad de construcción y con el tiempo empiezan a ver cómo son superados por otros edificios mas atrasados pero que se elevan a su propio ritmo. Ante este hecho, se desaniman y abandonan el edificio a medio construir. Dejan en paro a sus operarios. Nunca llegan al objetivo final.

Entre los que van rezagados unos piensan que simplemente tienen otro ritmo de construcción pero están seguros de que conseguirán completar el edificio. Miran a los que van por delante e intentan aprender de ellos qué mejoras pueden incorporar para acelerar su velocidad de construcción. Y lo hacen. Poco a poco acortan distancias con los adelantados y consiguen llegar a su objetivo de altura. No desfallecen ni se arredran ante las dificultades.

Pero entre los retrasados hay algunos que se desaniman y se apocan. Quedan paralizados por pensamientos negativos de miedo a su propia incapacidad y valía. Se acomplejan ante los mejores y deciden que nunca llegarán a su nivel. Para ellos las dificultades no son retos. Muy al contrario los obstáculos o trabas son muros infranqueables que los hacen abandonar la empresa acometida. La parálisis les lleva a la inacción y el lamento. La consecuencia es que el objetivo de altura de sus edificios nunca la consiguen. Se inventan mil escusas y solicitan la comprensión y ayuda a los de arriba porque ellos solos son impotentes para dar fin a su misión.

Los que consiguen finalizar el edificio serán contratados para acometer el diseño y construcción de otras edificaciones. Los que abandonan sus edificios a medio construir serán marginados para la dirección de nuevas construcciones… y su futuro estará a expensas del trabajo que les den los que hayan conseguido llegar al final entregando a la sociedad sus obras.

En la vida no importa de donde partamos, cual es nuestro origen ni cual es nuestra condición. Es nuestra actitud y capacidad de adaptación a las circunstancias propias y ajenas los que determinarán nuestro éxito vital. Ese éxito no será otro que construir nuestro propio destino, perseguir nuestras metas con el objetivo de terminar nuestro edificio.

Resiliencia:

La respuesta a las preguntas iniciales de este ensayo que explica el distinto éxito de nuestros "arquitectos" está en una palabra: la RESILIENCIA. Se entiende por tal al proceso de adaptarse bien a la adversidad, a un trauma, tragedia, amenaza, o fuentes de tensión significativas, como problemas familiares o de relaciones personales, problemas serios de salud o situaciones estresantes del trabajo o financieras. Y la buena noticia es que la investigación psicosocial ha demostrado que TODAS las personas pueden aprender y llegar a ser resiliente, aún experimentando miedos, angustias y tristezas como ser humano que se es.

¿Qué factores influyen en ese aprendizaje? Hay uno y fundamental: la autoestima, el amor propio y la confianza en sí mismo que emanan del amor recibido y la confianza que los demás, especialmente la familia, haya demostrado al individuo. Así adquirirá la seguridad necesaria en sí mismo para controlarse  emocionalmente en momentos de desánimos para acometer retos y encajar errores y fracasos.

Para desarrollar la propia resiliencia se ha de estabecer relaciones personales con aquellos que nos pudiesen enseñar aceptando su ayuda, aprovechándonos de su sabiduría y experiencia. También se ha de tener capacidad de adaptación a circunstancias adversas; en este sentido cada obstáculo ha de verse como un reto estimulante a superar, aceptarlo como lo normal en una vida que es azarosa. Los cambios en la vida son la normalidad, el devenir es cambiante y fluye a veces sin que podamos controlarlos. Se debe desarrollar la capacidad de distinguir entre qué cambios no dependen de nosotros y no podemos influenciar de aquellas circunstancias sobre las que nuestra actuación pueden hacerlas cambiar en nuestro beneficio.  Así enfocaremos nuestras tareas hacia las metas que nos propongamos y dejaremos de enfocarnos en la queja o en acciones inútiles.

Es importante desarrollar la autoconfianza. Esta debe basarse de nuevo en la autoestima que nos aleje del complejo de inferioridad con respecto a los demás. Esto no es egoísmo o pedantería porque siempre ha de aceptarse a uno mismo en la posición que se tenga respecto al resto de personas. Entre ellas las habrá en posiciones superiores o inferiores a nosotros mismos en función de la faceta de la vida que se hable. Si están por arriba, lo adecuado es aprender de ellos; si están por abajo, lo correcto es enseñarles y ayudarles.

Nunca debemos olvidarnos de nosotros mismos. Debemos cuidarnos. Y eso se refiere tanto al cuerpo como a la mente o al espíritu. Ha de hacerse ejercicio físico regularmente, meditar con hábito o hacer práctica de la religión propia si esa es nuestra creencia. La práctica de aficiones debe ser habitual. Hay que saber descansar y tomarse momentos de reflexión e incluso de inacción para recargar energías cuando sintamos que estamos sobrepasados.

La conciencia de realidad y no de fantasía lleva a ver las cosas contextualizadas y con perspectiva amplia. Nada de lo que pase o nos pase puede verse como definitivo o que nos haga entrar en la desesperanza. Tomar distancias para hacer un correcto juicio y a partir del mismo tomar decisiones correctas y útiles es la clave del desarrollo vital.

Dicen que agua pasada no mueve molino. Efectivamente. El pasado personal solo nos sirve para aprender de los errores  y modificar nuestras conductas actuales adecuándolas a nuestros objetivos y crecimiento personal.

En definitiva debemos ser tolerantes, flexibles y empáticos con los demás, con las circunstancias sobrevenidas y sobre todo con nosotros mismos. Esto noss llevará a ser optimistas realistas, exactos en la crítica y en la autocrítica y jamás destructivos ni autodestructivos.