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sábado, 21 de julio de 2018

Tablero espaciotemporal sanitario español

Con distancia y mirando al “tablero” temporal y espacial reflexiono sobre el ejercicio profesional del médico y el sistema sanitario español en general.

Allá por el final de los 70 y principios de los 80 estudié la carrera de medicina. Se me creó el gusanillo de un médico vocacional. Interioricé teoría y práctica científica y humana por culpa de  maestros antiguos, con gran formación humanista y, sobre todo, buenos médicos. Algunos eran auténticos señores feudales en sus cátedras ganadas por oposición, oposiciones de las de antes...duras y nacionales, sin endogamias ni enchufismos, ganadas con esfuerzo aunque desde un cierto clasismo. La jerarquía técnica en los hospitales universitarios en general coincidía con la oficial. Cierto hermetismo en el acceso al saber había en el ambiente. No existía internet ni la medicina basada en pruebas. Pero a pesar de esos catedráticos inaccesibles y tiranos en la universidad ya  había aires de renovación. La apertura social tras el franquismo se imponía también en los servicios de Salud. Se habían construido multitud de “ciudades sanitarias” por todo el territorio nacional español para dar respuesta asistencial al SEGURO OBLIGATORIO DE ENFERMEDAD de los trabajadores y sus familias instaurado por el régimen franquista. Se llenaban de buenos médicos muy “asistenciales” como contrapunto a los más “científicos” de los hospitales universitarios dominados por los “càtedros” soberbios y prepotentes. Vinieron luego las ideas nacidas en Alma Ata (ciudad de Kirguistán, entonces República de la antigua URSS) dándole valor fundamental a la asistencia primaria (https://www.semfyc.es/la-medicina-de-familia/alma-ata/) y los conceptos de equidad y accesibilidad universal a los servicios de Salud como derecho fundamental de todo ser humano. Estos conceptos fueron interiorizados por la sociedad en general y en especial por gran parte de mi generación de universitarios aspirantes a médicos. Así fue forjándose vocaciones de servicio a los demás, un servicio que había que dar siempre sin interrupciones e incluso gratis si se daba el caso (El derecho a huelga del médico se pone siempre en entredicho en nuestra sociedad). La universalidad del servicio público de salud extendida a toda la población requería de gestión adecuada y dentro de ella de mano de obra amplia. Como aún hoy en día, ya entonces hacían falta médicos y enfermeros. Por eso devino el sistema de especialización vía “MÉDICO INTERNO RESIDENTE O MIR”. 

 

El sistema MIR rompía por aquellos años el antiguo e injusto sistema de escuelas profesionales como vía de acceso a las especialidades  médicas. El “MIR” nos dio la posibilidad de acceso a infinidad de médicos no “enchufados” a la especialidad. No hacía falta ser “hijo de” ni ser “pudiente” para conseguir ser especialista médico. Solo el esfuerzo personal te garantizaba la plaza en unas oposiciones nacionales transparentes y justas. La aspiración de casi todo médico que acababa su carrera era (¿es aún?) acceder a la especialidad y luego ocupar plaza en el Sistema Nacional de Salud PÚBLICO que era y es universal y “gratuito” y que se regulaba en la recién promulgada por aquellos años ley general de Sanidad (Ley 14/1986, de 25 de abril, General de Sanidad). Así conseguiríamos la estabilidad laboral y tendríamos la posibilidad de desarrollo profesional. Personalmente ni se me pasaba por la cabeza la opción del incierto y competitivo ejercicio privado y liberal de la profesión. Consideraba -y CONSIDERO- que la misión del médico como proveedor de servicio es tan sagrada y fundamental que no se le podía negar a nadie por razón económica o de cualquier otra índole. La juventud no me dejaba ver en esos días que el médico era un trabajador más y que es una persona más en el mundo real que para desarrollar su vida individual y familiar tendría unas necesidades humanas y legítimas que subvertir. Y que la responsabilidad de cubrir esas justas necesidades era de la sociedad que recibía y reconocía sus servicios. Además no veía en ese momento la existencia del derecho de cada individuo de una sociedad libre a elegir cómo cuidarse su Salud y a ejercer ese derecho bien en el sistema público o bien en el privado.

 

Poco a poco fui viendo además en la evolución de la sociedad española una deriva para mi perversa. El servicio nacional de salud se fue dividiendo en taifas,  preludio o consecuencia de lo que es ahora la organización territorial del estado. Se vendía y se vende aún que así se acercaba la administración al ciudadano. Tengo mis dudas, más bien se tiene más controlado manipulado a ese  ciudadano que se quiere y dice servir. Se fueron así creando 17 sistemas de salud deficientemente coordinados, burocratizados y dirigidos o usados por políticos cortoplacistas como ámbitos de actuación para perpetuarse en el poder. Se atomizaron los centros de decisión sobre políticas de salud pública usándose el sistema para crear administraciones múltiples muy burocratizadas y devoradoras de presupuestos incontrolados y dispersos. Aunque en otras regiones también, en Andalucía específicamente la ideología y la política descendió hasta los niveles profesionales más bajos condicionando el desarrollo de muchísimos profesionales sanitarios que no comulgaban con las ideas impuestas por los detentadores de poder. A largos periodos sin convocatoria de plazas por oposición se unió la ocupación de dichas plazas por un precariado  profesional médico y enfermero explotado y sin reconocimiento completo de sus derechos laborales. Además, los cargos intermedios que otrora eran ocupados en general según méritos profesionales demostrados se fueron cubriendo por profesionaoles afines a la ideología imperante, fieles ejecutores de políticas impuestas desde arriba. Si libremente se discutían las consignas políticas poco desarrollo le quedaría al discrepante. Este se arriesgaba a caer en el ostracismo. Incluso señalado por administración y “compañeros”. En general los jefes de servicio y de sección eran, y aún lo son actualmente, nombrados a dedo en procesos de selección condicionados y amañados por el poder de los directivos de los centros sanitarios previamente a su convocatoria casi siempre. Consiguientemente se ha visto crecer un monstruo burocrático con infinidad de enchufados del “régimen” que se creen el centro del sistema. Incluso tienen una oscura jerga común cuando hablan de gestión sanitaria, ininteligible para la mayoría. Esto produce un manifiesto alejamiento de lo que de verdad debiera ser el foco de un sistema de salud: el paciente o usuario en general del mismo.  Además, el sistema en sí desprestigia al que ocupa el cargo intermedio, que es visto como puesto ahí por ideología mas que como consecuencia del meritaje. Es una lástima que una parte de esos profesionales que realmente podrían haber sido merecedores de los cargos que ocupan en justa competencia de méritos se les pongan en duda por haber accedido al puesto solo por el dedazo del político de turno. Y más lastimosa aún es la pérdida de profesionales brillantes por esa causa cercenados en su desarrollo por la perversidad de un sistema de nombramientos que prioriza afinidades políticas antes que méritos académicos o científico-técnicos.

 

Pero a la vez que el desarrollo social y económico crece, también crece la población que quiere ejercer sus derechos exigiendo asistencia personalizada con libre elección de sistema sanitario público o privado y dentro de ellos de profesional o de centro sanitario en el que ha de ser atendido. Hoy por hoy, ese derecho solo se tiene de manera real en el ámbito de la asistencia sanitaria privada. Pero eso es así solo si se tiene suficiente poder económico. Si no se dispone de suficiente dinero, se ha de conformar con el sistema público de Salud, con sus pros y sus contras. Algunas Comunidades Autónomas, entre ellas Andalucia, dicen tener reconocido el derecho a la libre elección de médico, profesional enfermero o centro sanitario en sus sistemas de salud solo porque existe un reglamento o decreto ley que reconoce ese derecho. En la práctica el mismo está cercenado por infinidad de circunstancias, muy bien explicadas por cierto por Juan Antonio Palacios Castaño y otros en dos artículos magníficamente elaborados y publicados en Público en abril de 2017 (http://blogs.publico.es/salud-y-pensamiento/2017/04/11/la-libre-eleccion-en-sanidad-parte-1-de-fraudes-paradojas-enganos-y-estafas/ y http://blogs.publico.es/salud-y-pensamiento/2017/04/18/la-libre-eleccion-en-sanidad-parte-2-de-mentirosos-trileros-fulleros-y-tramposos/ ). Además, la decisión final de asignación del médico solicitado está en manos de la administración como se dice en el siguiente extracto de las condiciones publicadas por el propio S.A.S. (https://ws003.juntadeandalucia.es/pls/intersas/servicios.informacion_cambio_medico):

 

“La solicitud de asignación de médico puede denegarse cuando en aras de una mayor calidad asistencial no sea conveniente la asignación de más usuarios a un determinado médico (cupo máximo, tiempo medio de consulta, frecuentación, porcentaje de menores y de mayores de 65 años, etc.) o bien existan otras dificultades que lo justifiquen (dispersión geográfica, problemas especiales que eleven la demanda asistencial, etc.).” 

 

Con  este panorama, cada vez más profesionales huyen del sistema público o bien emigrando a otros países o se decantan por el ejercicio privado de forma mixta o en exclusiva. Y en estos últimos casos es así desde mi opinión, entre otros, por dos motivos principales. Uno es que la disponibilidad de medios humanos y técnicos en la sanidad privada cada vez se asimilan más a los que hay en el sistema público. Ello les da opción a un desarrollo profesional cada vez más completo. Y dos, en general la remuneración conseguida en el ámbito privado en algunas especialidades, fundamentales,  es muy superior a los sueldos públicos pues se incentiva mejor la dedicación y la responsabilidad profesional, aunque sea un ejercicio sujeto a más competitividad y dureza. 

 

 

Urge poner orden regulando y facilitando de manera efectiva por un lado la libertad de ejercicio profesional exigido de las reglas de la lex artis y de las normas de deontología y por otro, la libertad del individuo de elección de sistema sanitario y dentro de cada uno de los mismos, sea este público o privado, de profesional  y centro sanitario. Pero antes se ha de fomentar los medios garantes de equidad y accesibilidad, evaluando si se dispone de recursos reales y efectivos, informando con veracidad al ciudadano, estudiando y evaluando sus necesidades reales de Salud y fomentando la participación de la sociedad civil en los órganos de decisión en política sanitaria. 

sábado, 30 de diciembre de 2017

¿Eres almeja o pulpo?

"PULPOS"Y "ALMEJAS"
  FELIZ AÑO 2018
¡¡Ha pasado “ooootroooo año más”!!
Uno màs me decía un amigo. No uno menos. El me decía con cierta gracia que cuando se cumplen los “cincuenta” cada año que pase una persona en este mundo es uno más, no uno menos… Y es que cuando te llega la madurez -¿llega alguna vez para quien siempre quiere aprender?- se tiene cada vez más conciencia de la finitud de esta vida y se fija en la única verdad demostrada para todo ser vivo…el humano -o sapiens, como se dice ahora- también. Vemos como la salud perdida en gente de nuestra edad cada vez es más frecuente. Si la salud nos deja, disfrutamos o no disfrutamos según nos haya ido en la vida de todo aquello que hemos ido forjando a lo largo de la misma.
Empiezan a esa edad (la mía) una mirada alrededor y se desarrolla más que nunca los hábitos y los caracteres y personalidades forjados. El filósofo y catedrático Marina dice que ve en sus alumnos dos tipos de personas: los “pulpos” y las “almejas”. 
Las personalidades “almeja” son pasivos, están a verlas venir, no se arriesgan, se protegen con su concha cuando atisban peligros, están a merced de la corriente. Y muchos tienen la sensación de que el futuro de cada cual que siempre llega a cierta edad ha llegado. Y dicen “yo ya estoy viejo para eso o lo otro”. Deciden descansar apoyados en barandas, casinos y bares viendo pasar la vida, sin aportar nada, sintiéndose con un derecho a ser cuidados por los demás. Incluso algunos -inconscientemente, sin malicia- utilizan la ganancia secundaria de una enfermedad, crónica y llevadera  para conseguir no trabajar más.. Y solo quieren mantenerse como están (…¡Ay, Virgencita!). 
Los pulpos son exploradores y activos, se meten por todas partes, buscan y se arriesgan en orificios y accidentes del terreno imposibles a simple vista. Proponen e  imaginan. No se conforman y siguen buscando y elaborando su vida e influyendo en la de los demás, en su familia, amigos, compañeros y entorno renovándose a si mismo y a cuanto tocan. No se ven en el “futuro” conseguido. Viven su presente sin mas pensamiento que vivir mientras estén vivos. Reivindican diariamente su lugar en el trabajo, en la familia, entre los amigos…en la vida. Aportan su experiencia aprendida y como ya la tienen siguen aprendiendo nuevas cosas para ellos mismos y para los demás. 
 
¿Qué quieres ser? ¿pulpo o almeja? Yo personalmente no quiero dejar de ser un poco pulpo, aunque a veces el desánimo me invade y me inclina a almeja. Pero quien nace con una condición muere con ella. Me gusta ayudar y aportar todo lo que pueda a mí mismo y a los demás, desde mi familia cercana, a mis pacientes y al mundo en general. 
 
A todos. pulpos y almejas, les deseo un feliz año nuevo. Todos somos humanos, todos tenemos derecho a vivir y a toda la felicidad del mundo sea de la forma que sea. Cada cual con su experiencia vital debe ser feliz y estar sano. Aceptado tal y como es. Incluso siendo almeja se tiene lo más preciado: la vida. Y en ella no debe reinar más que EL AMOR. 
 
Salud y amor en tu vida (y con ellos llegará la felicidad)

NADA REAL CAE DEL CIELO

El cambio habido en España ha sido de tal calibre en los últimos 50 años que ha hecho que vivamos en un país radicalmente distinto pero con gran parte de su población inconsciente de esa transformación. Los cambios económicos, sociales y políticos en el mundo entero y en nuestro propio país han sido enormes y han provocado desviaciones en nuestros focos de atención y preocupaciones. Nos pasa a todos los españoles pero más en general a esa parte formada por los nacidos tras la muerte del dictador. Es lógico. Es difícil salirse de la realidad cotidiana llena de árboles que nos impiden ver un bosque tan evolucionado. Estamos ocupados con dedicaciones que nos ayuden a nuestro sustento, a sobrevivir; y vivimos en un mundo lleno de numerosos y variados reclamos externos a nuestra atención. Impiden que reflexionemos en cómo hemos llegado hasta aquí. No tenemos tiempo para miradas hacia atrás que creemos solo sirven para distraernos. 

Nos alegramos por nuestro bienestar conseguido, pero las más de las veces nos quejamos de infinidad de fatalidades que considramos injustas y no merecidas. Pero somos poco reflexivos para hacer un buen diagnóstico que explique porqué nos pasa lo que nos pasa. Tendemos a culpar a agentes externos actuales de nuestras desventuras o agobios sin reparar en que muchas de ellas vienen condicionadas por decisiones pasadas. Y cada decisión supone una elección y una renuncia que repercuten en nuestras vidas a corto, medio y largo plazo. Y no solo las decisiones individuales de cada cual son las que condicionan nuestro devenir. Una importante proporción de nuestros comportamientos o nuestro modo de vida las marcan otras personas que la mayoría de veces ni conocemos. Y entre ellas están fundamentalmente los políticos que dirigen nuestras instituciones. De ahí la importancia de elegirlos bien y sobre todo de controlarlos bien. Deben de dar cuenta de sus decisiones a todo el mundo. Y hay que exigirles una especial vocación de servicio a los demás. Para nada se les debe tolerar la más mínima acción corrupta. Ahora se dispone de instrumentos democráticos de control de nuestros dirigentes que aunque siendo imperfectos han servido a veces para descubrir y denunciar escándalos por corrupción que la justicia ha tratado convenientemente. No siempre fue así.

Recuerdo conversaciones con mis mayores sobre cuestiones políticas y sociales allá por finales de los años sesenta del pasado siglo, casi cuarenta años después de la última guerra civil entre españoles y viviendo bajo un régimen dictatorial opresor. Ellos tenían fresca la memoria. Intentaban transmitirme prudencia en mis opiniones, que se apartaran de la crítica al poder establecido pues lo contrario haría peligrar no solo mi bienestar sino incluso mi integridad física. Cerraban la puerta de la casa con cerrojo para asegurarse de que sus opiniones críticas con el régimen y expresadas en la intimidad familiar no fuesen escuchadas por oídos traidores y colaboracionistas y corriesen el riesgo de ser denunciadas. Tenían miedo...terror al poder. 

En esas conversaciones con mis padres y con algunos de mis maestros me transmitían pavor a hablar con libertad. Tenían recuerdos vivos de la contienda civil o de la dura postguerra española, llenas de represión y miserias, colmadas de suciedad y hambre, de violencias extremas y venganzas sumarias, de desconfianzas y recelos entre iguales, de chivatazos crueles, marginaciones y exclusiones sociales, de señoritos y serviles... En mi ingenuidad de niño y adolescente, sin embargo veía a mi alrededor un bienestar y una alegría que jamás podía peligrar. La guerra civil y la postguerra eran cosa de un pasado lejano con imposible retorno. Para mi era casi como hablar de los romanos y las guerras púnicas. Creía que vivíamos en otra era sin posibilidad de influencia por hechos históricos aparentemente tan remotos. No me daba cuenta de que hablaba con los protagonistas vivos de esos episodios históricos. Mi inconsciencia me impedía interiorizar que en parte tenían razón en la posibilidad de que se repitiese la historia si la desconocíamos. Pero nadie escarmienta en cabeza ajena.

Veo a mucha gente ahora, en general por debajo de los 45 años, formando parte de una generación que ha vivido en la abundancia relativa. Se que las generalizaciones tienen sus riesgos de injusticia en las valoraciones, pero han de hacerse en el asunto que me ocupa para entenderse bien. La generación española de mis padres experimentaron el hambre y sus consecuencias; mis coetáneos, de 45 para arriba, en general no pasamos hambre pero si ciertas necesidades materiales no imprescindibles para mantener la biología pero si para disfrutar del bienestar con estándares europeos. Nuestro bienestar fue solo parcial. Muchos tuvieron o tuvimos que trabajar desde edades muy tempranas para contribuir al sustento familiar. A muchos se les impidió acceder a una más completa educación académica. Incluso no era extraño el que para poder estudiar tenía que trabajar simultáneamente. La universidad era algo inalcanzable para una mayoría social.

Sin embargo, la generación nacida tras el fin del franquismo, ya con la constitución del 78 en vigor, ha disfrutado de de un régimen democrático homologado y de un estado del bienestar asimilable a cualquier país europeo. Afortunadamente el pais había avanzado en su riqueza lo suficiente para que sus habitantes pudiesen vivir mejor. La sanidad se convirtió en un derecho universal, la educación hasta la secundaria también y el acceso a la vivienda en general fue asequible a una mayoría de población. Lejos quedaron los años en los que no se podía disfrutar de libertad de movimientos o de libertad de expresión, de no tener acceso a múltiples servicios públicos que hoy parecen caídos de la nada. Hubo años en España de red de carreteras escasas y en mal estado, muy lejos de autovías y autopistas actuales tan rectas ellas, anchas, bien asfaltadas y excelentes; o de trenes AVE o de aeropuertos modernos, excesivos y símbolos del despilfarro de nuevos ricos. La televisión pasó de no existir en los años cincuenta a nacer en blanco y negro con su posterior evolución al color. Hasta hace muy poco fue única y controlada en monopolio por el poder, nada de múltiples emisoras privadas y a todas horas. Se nos ha olvidado la obligatoriedad de difusión del “parte” por todas las emisoras de radio, ese informativo de radio nacional de España, instrumento de propaganda y difusión de consignas a mayor gloria del régimen. Se emitía con puntualidad a las dos y a las diez de la noche. Hoy la manipulación mediática existe pero es más variada y diversa y se hace desde posiciones ideológicas distintas que conviven sin violencias y con tolerancia entre ellas. 

Aquella España franquista oficialmente feliz y unida, tenía sombras terribles que oprimían a una parte de españoles. En la misma no existía el divorcio, aunque si la figura de los separados por la vía de los hechos sin reconocimiento de derechos, especialmente a las mujeres. Estas no podían salir del país sin el permiso del marido. Tampoco podían aspirar a ser juez por mucha carrera de derecho que estudiasen. La violencia machista contra las mujeres se calificaban de simples crímenes pasionales. El aborto se practicaba en sucios tugurios clandestinos que ponían en riesgo vital a las mujeres. Incluso robaban niños en instituciones sanitarias engañando a las mujeres que parían indefensas ante sanitarios sin escrúpulos. La homosexualidad era un delito condenada con marginación social, con tortura y cárcel o incluso con reclusión en manicomios. Estos servían para aprisionar no solo a enfermos mentales sino también a muchos desviados políticos opositores al régimen. Eran terribles las celdas de castigo de los “penales” que pude ver en el manicomios de Miraflores de Sevilla. No solo estaban las prisiones para los presos políticos de verdad. Gente en general pacíficas eran encarceladas y torturadas solo por su compromiso real en la consecución de un mundo mejor, más justo y solidario.

Conviene no olvidar ese pasado visto como tan reciente por los que en parte lo vivimos, aunque en sus últimos coletazos. Comprendo que los nacidos después piensen que ese pasado es lejano con imposible recurrencia en los tiempos actuales. Yo también lo pensé cuando me hablaban de nuestra guerra civil y de la postguerra del hambre y de la indigencia. Mi deseo es que la soberbia que nos da nuestro bienestar actual no nos ciegue y que no nos impida fomentar la solidaridad y la justicia social. La historia da lecciones que deben ser usadas para no repetir errores. Y para saber que lo que tenemos no nos ha caído del cielo. 


domingo, 28 de mayo de 2017

Diálogo entre politicos

Llegaron para despachar cargados de carpetas llenas de documentos. Entraron en el amplio despacho de paredes forradas de lujosas estanterías de caoba repletas de libros clásicos, recuerdos y bellas figuras de porcelana. Sobre el suelo se proyectaba una tenue luz desde el gran ventanal del lateral izquierdo adornado de cortinas clásicas estampadas que, sujetas con elegantes alzapaños, resguardaban unos tímidos visillos color crudo. Detrás de la mesa muy despejada y recia, serias y calladas estaban las vigilantes banderas, símbolos y garantes del estado, emblemas del mantenimiento de la fidelidad a la nación. “L” había ganado las elecciones y había tomado posesión de su flamante puesto de presidente regional con la mejor de las intenciones de usar el poder para mejorar la vida de los ciudadanos. Con gran ánimo y sentado en el sillón director, como radiante ganador de la confianza de sus ciudadanos, introdujo la primera idea y propuso:

- “L”: Ahora tendremos que nombrar para los puestos importantes a los mejores. 
- “S”: Ni lo pienses. De “mejores“ nada, nombraremos a los más fieles. Ya los enseñaremos si no son competentes. La lealtad de los fieles es digna.  No nos abandonarán cuando volvamos a perder el poder. Los mejores, sin embargo, se convertirán en molestos presuntuosos, mercenarios en sus puestos de trabajo. Serán exigentes a medida que consigan objetivos. Crearán necesidades y molestarán más de la cuenta cuando no estén de acuerdo con las consignas que les demos.

“S”, como jefe nacional del partido, dio así su repuesta demoledora y gélida desde el confidente. “L” sintió cierto escalofrío y levantó levemente la frente. Clavó su mirada en los ojos de “S” con la intención de asegurarse de haber oído bien. Sin embargo enseguida entendió que la respuesta de “S” no estaba en línea con lo que en campaña habían prometido. Y como “L“ no era ser sumiso e irreflexivo a las consignas de partido sin discutirlas y sin convencer a su conciencia, consideró que debía seguir la conversación y opugnó:

- “L”: Pero ahora, que por fin tenemos el poder, debemos construir una sociedad que busque la excelencia. Si los mejores la dirigen harán lo mejor y servirán de ejemplo a las nuevas generaciones que se esforzarán en ser cada día mejores. La competitividad por ser preeminente hará que el progreso se acreciente y que la vida de la gente avance.
- “S”: Ya, pero la sociedad que construyamos será de iguales. Si los que mandan son capaces de imponer ideas de igualdad por encima de todo no habrá diferencias entre ciudadanos por razón de renta, raza, sexo, o cualquier otra condición. Esas ideas se impondrán por los convencidos y no por aquellos que aunque sean de los preeminentes en su profesión no estén persuadidos por las mismas. Aquellos darán curso a nuestras consignas con disciplina; estos se resistirán si consideran que entran en contradicción con lo teórica y técnicamente correcto. Así que esa es la consigna: una sociedad de iguales.

“S“ Respondió con seguridad y contundencia. Sabía que en política son los fines, y no los medios, lo importante. Pero “L” dudó y expresó sus recelos:

- “L”: ¿Sociedad de Iguales? Pero quizá más pobre globalmente y con individuos menos libres. La igualdad básica está garantizada desde el punto de vista social y político por la Constitución; somos iguales ante la ley. Sería mejor confiar en que el deseo del individuo responsable y libre de progresar en la vida, de escalar en su posición económica y la de los suyos, le sirva de estímulo para trabajar más, para crear más riqueza, de la que el conjunto se beneficie. Debemos acortar las diferencias sociales pero sin renunciar a respetar la libertad individual de cada cual para construirse las vidas que quieran.
- “S”: El problema es que de esa manera solo los más fuertes se desarrollarán. Sin la correspondiente regulación quitándole por ejemplo parte de lo que ganen a los más fuertes y dándoselo a los más débiles la sociedad evolucionaría hacia una división entre clases muy ricas, una minoría, y otras mucho más pobres, una mayoría.
- “L”: No sería así si se garantizase el principio de igualdad de oportunidades y que el acceso a algunos servicios se garantizase. La consecución del puesto a través del mérito seleccionará a los más capaces para los puestos dirigentes de la sociedad sobre una base de igualdad en el acceso a determinados derechos. Básico sería garantizar los derechos humanos primarios para todos; me refiero fundamentalmente al derecho individual a la sanidad, a la seguridad social y, especialmente, a la educación en todos sus niveles. No debería ser la renta un impedimento a crecer en la preparación educativa ni por supuesto causa de discriminación entre los ciudadanos.
- “S”: Estamos de acuerdo parcialmente en esos puntos. Pero no sólo la seguridad social, la educación y la sanidad deben ser universales y equitativas. ¿Y la vivienda? ¿O el derecho a trabajar y ejercer cualquier negocio lícito, al comercio libre, al movimiento libre de entrada o salida por el territorio nacional o europeo, o a la libertad de expresión, o a la propiedad privada, o al derecho de asociación con fines útiles, o de religión? Si no se llega a una igualdad efectiva entre los individuos en sus vidas adultas sea cual sea su formación, se perpetuarán las injusticias sociales.

“L” se sorprendió de que su superior detallase derechos supuestamente ya conseguidos por las personas de su país para justificar una hipotética y justa igualdad material. Pero no lo veía claro y refutó:

- “L”: Pero conseguir esa igualdad en lo económico podría suponer ser injustos con el que haya conseguido más riqueza ejerciendo su libertad y practicando su esfuerzo diferenciado. 
- “S“: No te olvides del principio de solidaridad. Es este un valor y un derecho de los individuos y del estado. No todo el mundo es capaz de generar riqueza. En ello influye no sólo el esfuerzo personal sino múltiples factores internos y externos que facilitan o impiden la consecución de riqueza material. Por eso el que consiga más debe repartir parte de lo que haya conseguido con los menos favorecidos. Pero, dada la condición humana en general altamente dirigida al interés personal, la solidaridad debe obligarse desde el poder.
- “L“: Es decir, que todos esos derechos requieren de un ejercicio de poder, de una gestión política. Pero si esta es dirigida y ejecutada  por auténticos profesionales con criterio, preparados, que conozcan los distintos sectores iría todo mejor.
- “S“: No, la gestión de esos servicios debe ser pública y llevada a cabo no por tecnocrátas fríos sino por políticos idealistas convencidos y fieles a nuestras consignas. Si es el estado el que ha de proveer de esos derechos y servicios a los ciudadanos, los que detenten el poder del estado han de ejecutar y poner en práctica lo propuesto por el partido si democráticamente es elegido. Por cierto, para llevar a cabo las decisiones políticas ha de obtenerse los recursos de algún origen. Y ese “origen” tiene que ser del bolsillo de los más ricos. 

“L” nuevamente no lo veía claro y rebatió:

- “L”: Pero ¿cómo vamos a obligar a los ricos a dar parte de su riqueza? Se supone que se la han ganado por su habilidad en los negocios, por su esfuerzo o por herencia legítimamente recibida.
- “S”: Si, pero casi siempre ha sido a costa de la explotación directa o indirecta bien de recursos puestos a disposición del propio estado o bien por uso abusivo de una parte de la sociedad, los asalariados, los jornaleros, los trabajadores en definitiva.
- “L”: Sin que se violen leyes, toda persona tiene derecho a llegar a ser rica si lo consigue con su esfuerzo o inteligencia. Y, por supuesto, una vez conseguida tendrá también el derecho a disfrutar de dicha riqueza, a hacer lo que le de la gana mientras no veje o dañe a nadie. Su contribución al resto de la sociedad debe ser proporcionada y no tan exagerada que llegue a desincentivarles en su afán de generación de abundancia o que les aleje de la sociedad a la que se deba.
- “S”: Eso es así mientras el resto de la sociedad tenga las necesidades básicas cubiertas. En caso contrario, debe ser el estado el que se encargue de cubrirlas echando mano de parte del caudal generado por ese fragmento de la sociedad supuestamente triunfador y acomodado. Y así redistribuiremos los excesos que ya hay en las capas más altas. Los repartiremos a los más pobres. En eso consiste El Progreso, en que los menos gananciosos sean más dignos y trabajen con salarios mayores. No es injusto que los beneficios empresariales sean más bajos si ese es el objetivo.
- “L”: ¿Quien define cuales son las "necesidades básicas"?...No lo sé. En cualquier caso de esa forma se igualaría por abajo. Las rentas más altas perderían pese a esforzarse y mucha parte de las más bajas ganarían sin necesidad de hacer ese esfuerzo. Se igualaría por debajo. Más o menos se pensaría: “¿para qué esforzarme, si lo que consiga tendré que compartirlo con el que no pone empeño alguno en conseguir lo que yo?“. Además, ¿Como lo haremos sin coartar la libertad de las personas, sin que se resienta la necesaria cohesión social? 
- “S”: Cualquier medio será bueno. Se pueden usar los impuestos, la caridad, servicios públicos, los subsidios, la reforma agraria, políticas monetarias, confiscación o las acciones legales de reparación de daños. Ya ves la cantidad de posibilidades que tenemos. Si lo hacemos bien conseguiremos un tejido social mayoritario de gente agradecida. De esta forma nos perpetuarán en el poder. Y de esta manera poco a poco dispondremos de los medios de producción. Seremos nosotros los que decidamos en qué se invierte y en qué no.
- “L”: Pero se puede generar una bolsa de población improductiva, que se conforme con la subsistencia a costa del estado y por consiguiente parásitos de los que verdaderamente trabajen. Además, ¿Y si los ricos se van de nuestra tierra y se llevan sus riquezas? ¿Como vamos a retener los capitales?
- “S”: No todos se irán. Tendremos muchos que se beneficiarán de la administración y de sus contratos; los servicios públicos no siempre serán suministrados por funcionarios y habrá empresas privadas que puedan lucrarse prestando dichos servicios cobrando de la administración estatal. Otros tantos amasarán dinero con nuestras riquezas naturales que no se las pueden llevar a otro lado. Por ejemplo está el turismo. Nuestro clima, nuestros paisajes, nuestras costumbres atraerán a millones de turistas que dejarán plusvalías para nuestros empresarios elegidos y éstos nos mantendrán a nosotros. Además estarán las subvenciones de las instituciones de la administración estatal y europea. Mientras seamos más pobres tendremos derecho y podremos reivindicar dichas subvenciones. 
- “L”: Entonces se creará una red inmensa de pobres leales y de ricos también agradecidos. Margaret Thatcher lo expresó diciendo que esas tácticas no procuran que los pobres ganen más, sino que los ricos ganen menos. El problema es que la pobreza extendida al igualar por abajo es insostenible a la larga. Ningún régimen político con máxima priorización de la igualdad ha dejado de generar élites sociales detentadoras del poder y una gran masa de pobreza sin libertad, desincentivada y silenciada.
- “S”:  Lo se, pero una mayoría nos votarán. Y nosotros disfrutaremos de nuestra obra mientras duren las condiciones. Esas condiciones nunca serán extremas. La mayoría que nos vote no será consciente de su situación. Estará ocupada en mantener esa igualdad básica conseguida, serán partidarios de mantener el “status quo” ; solo algunos se darán cuenta e intentarán progresar por su cuenta y al margen del estado. Pero estarán tan a lo suyo, serán tan individualistas que desertarán de la política y no votarán y desde la abstención no nos molestarán.
- “L”: ¿Hasta cuando? 
- “S”: Hasta que tengamos suficiente para retirarnos y demos el relevo a las futuras generaciones.

“L” calló, triste y cabizbajo. Comprendió la inutilidad de su esfuerzo y de su elección. Al poco tiempo, dimitió.



sábado, 6 de mayo de 2017

Volver a empezar o la vida circular

Volver a empezar... siempre regresar al comienzo. Si caes en la oscuridad de la tristeza por la desazón de la decepción que otro te provoque debes hacerlo. Si fracasas por errores propios, debes hacerlo. Si circunstancias sobrevenidas e imprevistas te echan abajo tus proyectos, debes hacerlo. Sin persistir en los errores reconocidos porque eso sería locura, debes continuar con tus designios.
Debes Levantarte tras las caídas sabiendo que todo pasa, que siempre amanece, que el universo sigue estés como estés, te pongas como te pongas. Y no esperes ayuda más allá de ti mismo. Quien te ofrezca su apoyo consciente o inconscientemente buscará ayudarse a sí mismo. No existe el amparo permanente desinteresado. No desprecies al que te socorra, sé agradecido. Pero convéncete: solo tú no te cansarás de ti mismo si asimilas la idea de que esencial y realmente estás solo. Y cuando lo entiendas y demuestres que te quieres el resto del mundo empezará a contar contigo. Entonces no te verá como una carga fastidiosa, como un ser suplicante y quejicoso. Serás respetado y válido, te tendrán en cuenta, te respetarán.
La vida es circular...vuelve y vuelve al mismo punto en una espiral que se antoja infinita mientras no llegue su final. ¿Su final? ¿De verdad existe ese final? La respuesta es de cada cual y de la voluntad de tener fe o no tenerla. Pero sea cual sea la creencia asumida, mientras tenga vida el objetivo del ser que la disfrute es mantenerse vivo. Porque la vida es un don que ese ente no elige, sino que se le concede generosamente. Y si eres ser humano además de vivir manteniendo las funciones biológicas has de hacerlo con dignidad. Una dignidad que absolutamente nadie tiene derecho a quitártela. Nadie debiera ser dependiente ni independiente de nadie, aunque si interdependiente de todos. Solo así serás humano.

viernes, 15 de julio de 2016

El tamiz social, la conciencia y el miedo a la libertad

El despertar

Se despertó y abrió los ojos como quien nace a la vida. Percibió el ambiente frío en su cuerpo como quien sabiéndose vivo siente intensamente. Además de pensar en lo mal que había dormido, apareció en su pensamiento la segunda queja del día: ¡qué clima tan malo, joder! Sintiéndose cansado salió de la cama como pudo; le dolía todo. Fue a la ducha tembloroso, tambaleante, y se despabiló bruscamente con el chorro de agua fría inicial, antesala de la caliente que aún no había llegado a su destino para cumplir su misión: asear su cuerpo sin molestarlo, quizá más bien relajándolo para afrontar el día naciente. Sentía el agua como su cómplice fuerte y servicial. A medida que resbalaba por su cuerpo le entregaba su cansancio confiado, a ciegas. El agua así se llevaba su somnolencia y desgana...y hasta su tristeza y apatía. Acabada la ducha, se secó con la toalla grande y suave que le ayudó a despedirse parcialmente del líquido elemento una mañana más.

Mirándose al espejo se afeitó, se peinó y se observó largamente. Lo hacía con sus propios ojos sin saber que se evaluaba desde la óptica de los seres extraños con los que se encontraría a lo largo de la jornada que estaba naciendo. Elegía el vestuario, sus zapatos y se acicalaba según parámetros incrustados y ocultos en su inconsciente, como aguijones disfrazados de roles sociales que les fueron asignados sutilmente.

La angustia vital

Ya disfrazado salió al escenario del mundo. Ese día sintió su disfraz como armadura oxidada y opresora. Percibió dentro de sí un submundo de luchas a codazos por ser auténtico. Y advirtió que le enfadaba y entristecía. Mientras bajaba en el ascensor, mientras viajaba en el autobús de línea, su angustia crecía y le aceleraba el corazón; Sentía ahogo y deseos de gritar con los dientes al aire para defenderse de la monotonía y uniformidad. Su pecho constreñido lloraba de rabia impotente. Buscaba sin entenderlo su libertad de no aparentar al exterior lo que no quería ser desde lo más íntimo de sí mismo. Y no sólo era lo físico o material. Era el cumplimiento de roles sociales sin sentido o, al menos, que él no entendía. ¿Porqué tenía que cumplir un horario? ¿Porqué debía obedecer a burócratas sin alma? ¿Porqué no le daba rienda suelta a su creatividad?

Dominando sus impulsos por responsabilidad -¿o quizá por miedo cobarde?- fue pasando el día zarandeado de un lado a otro, receloso y suspicaz; le molestaba hasta los colores de los vestidos de las personas con los que se topaba. Y así fue quedándose encima de la malla filtrante de la interacción humana. Por experiencia sabia que las sociedades humanas criban a sus componentes exigiéndoles apariencia. Por las luces de malla de los filtros del tamiz social solo pasan aquellos que se amoldan a las convenciones impuestas por los poderosos. Cada cual incluido adopta un camuflaje que se adapta a lo exigido por los manipuladores.

Primera Rebeldía

Aquel día el volcán rebelde de su esencia erupcionó. Su médula quería acoplarse con su apariencia. Creyó que esa coherencia del fondo y la forma le daría La paz en la felicidad, la eliminación del sufrimiento por la anhelada ausencia de todo deseo, la tranquilidad de la reconciliación consigo mismo, la capacidad de amar a los demás incondicionalmente y de amarse a sí mismo sin reproches. En realidad, reclamaba su individualidad.

Freno al rebelde: la búsqueda de explicación

Pero nuevamente reparó en que era humano. Y en que, a veces, si un ser humano por ser fiel a sí mismo era indiferente a sus semejantes, a sus exigencias de pertenencia, como ser social que es, tal vez dejaba de ser "humano". Reflexionó que por ese camino era posible que la propia indiferencia de la opinión de los demás le llevaría de nuevo a una angustia nueva y vieja a la vez, a la desazón derivada de la exclusión y de la marginación social. La sociedad en su conjunto puede ser indiferente al individuo pero éste no puede ser imperturbable a aquella y sus reglas. Esta idea le entristecía porque, en el fondo, quería opinar lo contrario: que lo deshumanizaba, que lo convertía en marioneta sin alma.

Y básicamente tenía que comprender que su esencia se manifestaba en su apariencia y que su autenticidad emanaba de la mezcla de lo que quería manifestar, lo que le pedían los demás que manifestara y, por fin, de lo que realmente manifestaba. Debía tomar esa autenticidad como cambiante y dinámica, adaptada en la síntesis de lo externo e interno, de lo material y espiritual, resultado del pasado y presente mezclados con los anhelos de futuro. Comprenderlo significaba aceptarse a sí mismo, quererse y así vivir tranquilo, sin soberbia, con conformidad, aunque sin servilismo, sin esclavitud.

Segunda rebeldía

Pero no. Había algo en su interior que no podía dominar. Ese algo reclamaba, altanero y seguro, la dignidad de ser distinto. Le demandaba atenciones no desmesuradas sino necesarias. Hay un grito constante dentro del ser humano que le exige coherencia a sus opiniones y sus actos con la verdad, con la belleza y con la bondad.

Segunda explicación: la conciencia y su formación

¿Qué era ese algo? Tal vez es la voz de la conciencia evolucionada. Es como la brújula que guía al marinero en mar abierto, es lo que nos guía en el devenir de nuestras vidas. O la seguimos o caemos en el pozo de la infelicidad y la alienación. El eclipse de nuestra conciencia y sus designios se produce transitoria pero largamente a veces, y entonces a la conciencia propia no se le escucha. Se usan distracciones y creencias impuestas desde fuera. Esos eclipses los producen diversas elementos y toman cuerpo en forma de drogas, o de juegos o de circos con espectáculos que sólo distraen o entretienen sin exigencia de esfuerzo intelectual o participación activa y al margen de toda regla ética. Pero como todo eclipse nunca las distracciones son permanentes. Para la conciencia propia que es persistente y perenne la resignación no existe. Es inconformista ante lo que considera confuso o desorientado de lo verdadero, bello o bueno.

¿Cómo se forma esa conciencia? ¿Es totalmente libre el ser humano para elegir sus bases de conciencia? Influye la biología y la educación recibida desde la familia, la escuela y las interacciones sociales. Pero... ¿en qué proporción influye una u otra?. Pensó que debía haber algo más. Los azares de la vida nos condicionan en nuestras creencias y visiones del mundo y de nosotros mismos. Son marcajes constantes desde que somos concebidos los que recibimos del exterior que al mezclarse con nuestras opiniones en nuestra cocina interior condicionan la formación de nuestras conciencias. Y según las mismas así son nuestras acciones con nosotros mismos y con la sociedad.

Un momento...¿"quién" es la "conciencia"?

De pronto reparó y vio que en realidad no le angustiaba en sí mismo su no afirmación individual. Comprendió que nadie externo sino que más bien él mismo era el que realmente le impedía expresarse y afirmar su individualidad diferenciada. Su conciencia era realmente él mismo de manera total y ontológica. Aunque quede la duda de si el ser humano tiene una base de conciencia común interconectada o somos múltiples conciencias individuales que simplemente conviven.

La razón o causa: el miedo

¿Porqué se angustiaba? Por los miedos inoculados en su alma. Y fundamentalmente entre esos miedos está el que se refiere al rechazo social que en realidad no es más que el miedo a la soledad referida al de la persona no querida, no respetada ni valorada. Y también está el miedo a la pérdida del control propio, a ser oprimido y encarcelado...a no ser autónomo.

La solución

¿Cómo vencer al miedo? Afrontándolo, atravesándolo. Solo con el movimiento valiente de encararlo comprendería que los miedos son humo fugaz, que carecen de realidad material. Debía actuar como el niño que, angustiado, entra obligado en el terrorífico cuarto oscuro y, una vez dentro, comprende que el terror no tenía motivo real pues el cuarto está vacío, inerte, neutro y tranquilo. Solo existía el miedo en su imaginación. Fuera todo era paz y serenidad.

La valentía de vivir

Alegre decidió encarar sus miedos sintiéndose libre para elegir los caminos de su vida. Disfrutó alegre de la conquista de su libertad y, sobre todo, aceptó las consecuencias de la misma, aunque entre ellas estuviese la incomprensión social a sus opiniones e individualidad. Y asumió que no podía escaparse a las consecuencias de sus elecciones y decisiones. Así, fue feliz sintiéndose vivo y humano...feliz y tranquilo en su valentía.