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domingo, 12 de abril de 2015

Viviendo sin vivir


Todo el día trabajando y sin  tiempo para trabajar

Todo el día Comiendo y sin tiempo para comer

Todo el día escuchando y sin tiempo de escuchar

Todo el día hablando sin comunicar lo hablado

Todo el día comprometiendose y sin asimilar el compromiso 

Todo el día leyendo sin leer lo leído

Todo el día durmiendo sin dormir descansando

Todo el día mirando sin ver lo mirado 

Todo el día Jugando sin jugar al juego 

Todo el día pensando y sin tiempo para pensar

Todo el día repirando  y sin  tiempo para respirar

Todo el día Sintiendo sin tiempo para sentir

Y asi...todo el tiempo Viviendo sin vivir 




sábado, 17 de enero de 2015

Creencias

Buda: “No os creáis nada. No importa dónde lo leáis, o quién lo haya dicho; aunque lo haya dicho yo, a menos que concuerde con vuestra propia razón y vuestro sentido común”. 

Los orígenes nos marcan. Luego vendrá el modelado de la sociedad donde nos desarrollemos. Pero por mucho que te distancies en el tiempo o en el espacio, el origen siempre aparecerá en tus decisiones, reacciones y comportamientos. El sello del origen. Por ejemplo, si en ese sello está el sentido de la responsabilidad nunca podrás abandonarte a actos que vayan en contra de cumplir tus obligaciones impuestas o autoimpuestas. Tu conciencia (o inconsciente, para ser más precisos) no te dejará tranquilo nunca. Cuando sientas que no haces lo que debes tanto a ti como a los demás te sentirás disociado, buscando razones creadas pero no sentidas. Si profundizaras en ese error estarás rozando la locura, la tristeza te inundará porque no serás coherente con tu origen, sentirás que lo defraudas. Aunque cambiar tus creencias siempre será posible, será tremendamente difícil si dichas creencias tienen raíces en tu educación, en la formación recibida en tu infancia, en las improntas de tus educadores. Esas creencias habrán contribuido, junto a tu genética y tus valores a conformar la estructura de tu personalidad, sean aquellas limitantes o potenciadoras. Y si las cambias cambiarás globalmente en todo. Aparecerá un carácter diferente, unos valores distintos. Buscarás la coherencia en otro entramado de opiniones y cada vez que las encuentres mirarás atrás, aunque no  te des cuenta más que por una ansiedad inexplicable,  para ver si casan con aquellas creencias originarias. Has de saber que en eso consiste el verdadero crecimiento personal: en modificar o eliminar creencias limitantes o potenciar y crear las que nos potencien para que nuestra adaptación y nuestra felicidad aumente.

La buena noticia es que existe la plasticidad cerebral. La nueva neurociencia y las investigaciones en psicología humana lo han demostrado sobradamente. Esto quiere decir que una creencia instalada en una persona puede ser cambiada por la misma persona o por otras. ¿Cómo? No es tan fácil como nos quieren vender las nuevas corrientes de "New age" o de pensamiento positivo. Según esas corrientes solo con cambiar conscientemente un pensamiento se cambiará "fácilmente" la creencia limitante que tengamos instalada en nuestro inconsciente. Hasta intentan convencernos, no sin cierta crueldad creo yo, de que somos individualmente y únicos responsables de TODO lo que nos pase pues según pensemos así será nuestra vida. Evidentemente no tienen en cuenta el cúmulo de variables y circunstancias que influyen y condicionan el devenir de nuestras vidas a pesar del esfuerzo que se haga, desde nuestro origen y entorno social y económico hasta catástrofes naturales pasando por enfermedades sobrevenidas que puedan sorprendernos. Quieren dar un poder al ser humano aislado que la evidencia y el sentido común pone de manifiesto que  no tiene.

Según muchas investigaciones científicas no es tan fácil cambiarnos a nosotros mismos. Según ellas, aunque la repetición de un pensamiento positivo puede con mucho tiempo y perseverancia conseguirlo, hace falta un trabajo arduo, sistemático y agotador por parte del individuo para conseguirlo, siempre y cuando las circunstancias lo dejen. ¿Y qué puede hacerlo más rápidamente? Parece que solo una emoción suficientemente fuerte puede rápidamente hacer cambiar una creencia establecida. Por ejemplo, si de pequeño te infundieron miedo a los ascensores, si viste el ejemplo de tu madre o padre que no cogía ascensores por miedo, estarás toda tu vida limitado para coger elevadores. Pero si un día tienes que subir a un noveno piso de un hospital, donde están las urgencias, con tu hijo en situación de riesgo vital, y en plena tormenta emocional coges el primer ascensor que veas en la planta baja para llegar lo antes posible a la novena,  muy probablemente se habrá acabado la creencia limitante que tenías respecto a los ascensores. Una emoción fuerte puede cambiar tu sistema de creencias.

También existen métodos basados en la manipulación, engaño, amenaza o tortura que pueden conseguir cambiar estructuras mentales establecidas. Lo saben bien las sectas religiosas y organizaciones con determinadas ideologías políticas (Goebels, Maquiavelo...). Incluso existe toda una nueva ciencia que usa técnicas de manipulación para cambiar creencias colectivas para vender lo que sea: el neuromarketing. Los supermercados lo saben bien y usan olores, música, iluminación y otras herramientas para conseguir que compremos este o aquel producto "engañando" literalmente a nuestro cerebro.

Para concluir esta reflexión recuerdo un principio básico de la PNL (programación neurolinguística): "el mapa no es el territorio".  Si. Cada persona es un mundo, cada cual tiene su verdad construida con una determinada visión de la realidad que nos sirven para dibujar nuestro mapa y así estar orientado en nuestra vida. Sabiendo que cada  cual tiene su propio mapa y que ninguno tiene porqué ser el que verdaderamente represente el territorio real, sabiendo que aunque nuestra mente crea que estamos en las mentes de los demás la verdad es que nadie piensa real y permanentemente en nadie distinto de sí mismo, sabiendo que aunque debemos tener y defender nuestra dignidad no somos tan importantes, sabiendo todo eso disfrutaremos de nuestro camino de vida respetando y apreciando el valor de todo el mundo y, sobre todo, a nosotros mismos.

sábado, 13 de diciembre de 2014

ELEGIR

Elegir entre opciones distintas. 

Un estudio dice que en Estados Unidos un ciudadano hace unas 70 elecciones diarias, sea de la cuestión o cosa que sea. Este dato es extrapolable al resto de países ricos occidentales. Es una descripción de lo que es nuestra vida: inundados de momentos para decidir. Y esas decisiones nos van dejando un poso de angustia e insatisfacción. Se instala en nuestra conciencia lo amargo de la renuncia sin disfrutar de lo decidido. Quizá porque ya lo tenemos. 
Las elecciones continuas las hacemos entre opciones más o menos numerosas dependiendo de muchos factores. Se sabe que en las sociedades desarrolladas esas opciones son en general más numerosas que en sociedades donde el supuesto progreso no ha llegado. 
Y es que a más modernidad más posibilidades. Y también a más libertad mas posibilidades. Y evidentemente a mayor poder económico INDIVIDUAL, si se es libre en una sociedad moderna, más posibilidades para elegir tendremos. 
Y esto al ser humano actual  no le da mas felicidad. No pocas veces y muy al contrario, le da  mas infelicidad. Surge en su alma por la sensación de pérdida de oportunidad, por buscar TENER olvidándose del SER. 

Y la pregunta es ¿cómo elegir bien? ¿Hay siempre una opción mejor que otra? 
La angustia es por saber cómo elegir, es por la inseguridad de que usamos los parámetros adecuados en la medición de los pros y contras de cada elección.  
Pero LA GRAN NOTICIA es que en las grandes decisiones de la vida (qué profesión, con quien me caso, donde vivir...) NUNCA hay una decisión "mejor" que la otra. Reitero: debemos saber que ninguna elección difícil entre dos alternativas será entre una mejor que la otra: las dos implicarán inconvenientes y ventajas. 

¿Hay algo, entonces, en que apoyarnos de manera universal?
Si lo que se busca es una mayor felicidad desde luego que no hemos de apoyarnos en el dinero a ganar. 
Los valores si, pero no hay unos mejores que otros! No hay ciencia en ellos. Pertenecen a los convencimientos más íntimos y forjados a lo largo de nuestras vidas. 

No valen las razones ajenas, solo las propias se puedan o no explicarlas racionalmente. Solo si nos POSICIONAMOS en una de ellas seremos nosotros mismos, buscar la respuesta a la pregunta: ¿quien y como quiero ser?

En definitiva...volver al "CONOCETE A TI MISMO"

lunes, 6 de octubre de 2014

El AMOR

Que ¿cómo me siento?...
Recogido por visión en la mañana de mi vida
Ungido por la dicha del camino acompañado
Seguro del báculo que no permite mi caída
Erguido sobre la loma del sismo del vivir
Asentado en la verdad de la fidelidad
Acogido por la solidaridad incondicional de la amiga
Acunado en brazos protectores con barreras a las tristezas
Orientado en laberintos de confusiones tramposas
Orgulloso de no haber errado todos los  caminos 
Entusiasmado por riesgos abordados en común
Ilusionado viendo el desarrollo de retoños 
compasivo con tus pasiones
Regocijado entre abrazos sudorosos

Y...qué más...?
Mira que no acabo...que me elevo y veo el mundo entero
...En donde?,,.
en unos ojos
que murmuran al oido extasiado y feliz
que hablan a todo el ser centrado y consciente
que suplican al protector de tus vulnerabilidades
que gritan llamando para evitar el desvío
Que lloran inundando mares de sentimientos abiertos 
Que ocultan penas para que otros ojos no se abran 
Que se anticipan evitando el sufrimiento de corazones
Y porqué?
Por que la tierra se cultivó y el jardín creció
Con qué flores...
¿Flores?... NO....
CON AMOR...con nuestro amor.

    Francisco Márquez Maraver




viernes, 5 de septiembre de 2014

Corporativismo médico?

Los médicos somos los profesionales que más nos asociamos: aparte de colegios, sindicatos y mil sociedades médicas científicas, las hay de médicos escritores, empresarios, cazadores, de médicos equipos de fútbol, etc., etc... Pero lo que puede parecer una muestra más de nuestra solidaridad o corporativismo no es más que una muestra del individualismo que impera entre los médicos españoles: quién conoce bien a los mismos sabe que en general y a la hora de la verdad no hay un compañerismo claro y manifiesto entre nosotros y que cuando aparece el interés bien sea económico (a la hora de enfrentarse a las compañías de seguro para reivindicar honorarios dignos hay siempre esquiroles que se aprovechan de las huelgas del colectivo) o el del "prestigio" profesional (reconocer que no se sabe algo es duro para muchos) no se parte perra con nadie; ¿qué pasaría si una especialidad médica se uniera y boicoteara a una determinada compañía de seguros con TODOS SUS ESPECIALISTAS? ¿hubieran podido los políticos andaluces haber impuesto una ley de colegiacion no obligatoria a arquitectos, notarios o farmacéuticos?...pues el boicot a compañías se ha intentado varias veces y no ha funcionado y a los médicos andaluces si le quitaron la colegiacion obligatoria para ejercer en el S.A.S. , creando su propio registro, el famoso C.N.P.  Y a raíz de ello muchos médicos se des colegiaron (se ahorraban cuotas) ¿Quién vela desde entonces por la deontología profesional  de los médicos "públicos" andaluces? ¿Quien regula los aspectos del ejercicio profesional de los mismos? Yo no lo sé...bueno si: la propia inercia autorregulatoria del médico formado en una época donde la colegiacion era obligatoria y, eso si, la propia vergüenza torera mayoritaria de los médicos en general.

Y no me vale que se diga que los colegios médicos actuales (o cualquier otra asociación profesional) tienen un deficiente funcionamiento, o que no prestan servicios adecuados, porque si es así es porque en general los médicos no van a las reuniones o no acuden a las votaciones correspondientes a los órganos directivos por desidia o por comodidad en general. De esta forma los colegios no son más que reflejo de la parte de colegiados que sí apoyan a esas directivas...

martes, 2 de septiembre de 2014

El colmo: charlatanismo médico

Esto es el colmo. HOY, tras una cirugía por cáncer a una paciente, y al informarle al familiar de la necesidad probable de un futuro tratamiento con radio-quimioterapia adyuvante, me pregunta sobre lo que "ha leído en las redes sociales acerca de que se ha demostrado que la quimioterapia es peor darla que no darla".

Le expliqué el error en el que estaba ya que la información que tenía era falsa pues no existían estudios serios que avalarán tal idea. Creo Lo entendió aunque no estoy seguro de haberla convencido. 

Por eso me he atrevido a escribir este post. 

Cuidado con los charlatanes de las "redes sociales". El charlatanismo es algo que siempre ha hecho daño en medicina, es decir a los enfermos y a los verdaderos y honrados profesionales. Y encuentran su salsa cuando se meten con enfermedades sin cura conocidas o parcialmente controladas por la ciencia médica oficial. Explotan así la desesperación humana con cierta mala intención o simplemente con intención de ganar dinero. 

¿Cómo se puede afirmar que la Quimioterapia es dañina, así en general, y que lejos de mejorar ¡aumenta! El crecimiento del cáncer? ¿Y cómo se puede afirmar que la cúrcuma y el jengibre "CURA EL CÁNCER" (por cierto, ¿cuales?, pues hay infinidad de tipos de cánceres)? ¿Creen que si eso fuese cierto los médicos no lo hubiésemos adoptado ya en nuestra práctica habitual? 

HOY POR HOY, La QUIMIOTERAPIA, así en general, SALVA VIDAS TODOS LOS DÍAS. Es mentira, así en general y absolutamente, que ¡aumente el crecimientode las metástasis tumorales!

No hay nada que le guste más a un médico -en general- que curar o aliviar a un o una paciente. Y no existe presión lo suficientemente grande que le impida aplicar terapias con demostrada eficacia. Y cuando no es así el médico cae en el desprestigio ante la sociedad en general, incluida la propia profesión. 

Nadie tiene posesión de la verdad absoluta. Se y es sabido que la medicina no es una ciencia exacta. Las pruebas diagnósticas y los tratamientos aplicados cambian conforme avanza el conocimiento CIENTIFICO y esto hace que lo que hoy es aplicado por los médicos mañana probablemente no sea lo mejor pues o se demuestra su inutilidad o porque salen medidas mejores o incluso por que se demuestra que perjudican más que benefician. Los estudios médicos se renuevan constantemente y se especializan cada vez más. Todo eso es cierto. Los avances médicos están llenos de vaivenes. Pero son vaivenes nada arbitrarios o malintencionados.  Se basan en una evaluación y autoevaluación continúa de resultados y de registros de efectos no deseados que sólo la práctica demuestra. 

Lo que no es de recibo es que unos desalmados difundan mentiras impunemente por las redes sociales avalados por no se sabe muy bien que fuentes, por supuesto no científicas. 

Si un médico comete un error se le juzga y se le condena o absuelve en función del juicio; pero, ojo, si alguien sin título practica actos médicos es un INTRUSO a la profesión médica. Pero tal y como están las cosas, no le ocurre nada cuando se equivoca o práctica actos que o no tienen demostrada su eficacia o incluso hacen daño. Así está el patio: pongo un cartel de colores con una información falsa en la red y automáticamente aparecen infinidad de personas bien intencionadas pero ingenuas que se las cree a pies juntillas.

Pregunten al que sabe de lo que sabe: de arquitectura al arquitecto, de campo al agricultor, de fisioterapia al fisioterapeuta y de medicina...al MÉDICO. Y LUEGO EXIJANLES RESPONSABILIDADES. 

sábado, 16 de agosto de 2014

El Niño que creció

Por Francisco Márquez Maraver
Médico y aficionado escritor 
16 de agosto de 2014

El Niño que creció
La metamorfosis de un autoengaño

Nació. Empezó a crecer. Enfermó gravemente de niño. No se de qué. Sus primos -muchos- y hermanos  -sólo unos cuantos, no había hermanas- cuentan que para curarle le untaban algo que apestaba y que, por ello corrían despavoridos huyendo del cuarto sin puertas y con cortina donde yacía  agotado y débil. Sólo su madre y el practicante, Don Pedro, se acercaban a él para alimentarlo o darle los cuidados necesarios para ahuyentar al mal que le afligía. 

El médico? Siempre a distancia, en su atalaya, protegido de "mancharse" y sancionando diagnósticos, pronósticos y tratamientos sin molestarse más que en pensar e imponer sabidurías, opiniones o criterios. Para eso había estudiado. ¿Los demás? Asentían serios y diligentes. Aceptaban...tomaban la opinión autorizada sin tener dudas, sin atisbo de sospechas de intenciones distintas a las de beneficiar al dolido. Nada de exigencias de medios ni de resultados. Eran otros tiempos.

Su madre hablaba con Don Diego, el médico, y le contaba la evolución del enfermo, le describía signos y síntomas lo más fielmente posible, memorizaba las instrucciones, recogía recetas de medicamentos y fórmulas magistrales. Y, toda ella diligente, con las ideas claras y determinada a salvar la vida de su hijo ponía en práctica todas las instrucciones con la máxima  precisión. Tenía la confianza y la fe ciega en el resultado satisfactorio de los cuidados a su niño enfermo. Ella lo sanaría por encima de todo en este mundo. Era su madre. Ella era una mujer abnegada e inteligente, amalgama de terquedad y frialdad ante decisiones difíciles.  Cuando se le metía algo en la cabeza lo defendía ante quién fuese con criterio. Con respecto a este niño que cuidaba y quería tanto como a sus otros hijos tenía una espinita clavada. En su lugar había deseado que hubiese nacido hembra y no varón. Lo expresó varias veces en su vida mostrando un deje de frustración por no haber podido disfrutar de la crianza y ayuda de una niña. Aunque quería a su marido y a sus hijos con absoluta claridad, se sentía sola muchas veces en un mundo machista y rodeada de varios varones en su familia nuclear. Era una mujer trabajadora que adoptó su papel de ama de casa en toda su extensión, y esa extensión todo el mundo sabe que abarca cualquier profesión que uno se imagine: sanitaria, limpiadora, cocinera, fontanera, electricista, psicóloga, misionera, maestra... De niña, en el colegio republicano, en plena preguerra española, destacó como la más lista de la clase. Su maestra, Doña Gaspara, que posteriormente sufriría la represión franquista probando el aceite de ricino, le cuidó y le enseñó las cuatro reglas, a leer y escribir y muchas cosas más. Pero lo más importante fue que le inculcó el gusanillo de la curiosidad por el saber. Se vislumbraba en ella una futura maestra, pues se erigió en ayudante de Doña Gaspara para enseñar a sus compañeras lo que ella aprendía con más facilidad y rapidez.  Se comentaba en el pueblo: la maestra la apoyaría en su proyección. Pero todo se dio para que se  truncase el camino de vida que aparentemente se le iba trazando. Todo se debió a la desaparición de su mentora, su maestra, por los cambios políticos convulsos del momento y al hecho de que  su familia era de clase baja, eran jornaleros andaluces. Y la clase baja, en aquella época -¿tal vez ahora también?-, tenía sus roles perfectamente definidos. Y su rol sería el del trabajo en el campo si lo había hasta encontrar a un hombre que la "mantuviera" y al que tendría como obligación sagrada servir y hacerlo feliz. Tuvo suerte. Encontró el verdadero amor en su marido. Fueron uña y carne toda una larga vida. Se apoyaron mutuamente en la pobreza de la que nunca salieron completamente aunque con los años fue subiendo su nivel de vida. Pero sobre todo estuvieron a una. Si sólo disponían de mendrugo de pan lo repartían a medias. Y esto fue así tanto en la salud como en la enfermedad. Y ella la sufrió durante muchos años por culpa de una hepatopatía crónica que le quedó como secuela de una hepatitis aguda tal vez vírica que contrajo con 40 años de edad. Aún con la enfermedad siguió dirigiendo la casa, aún con la enfermedad jamás hizo renuncia de servir y cuidar a sus hijos y a su marido. 

El padre sufría. No podía hacer más que trabajar. Debía ganar lo suficiente para pagar medicinas y profesionales sanitarios; no existía el "seguro" y la única protección a su familia nacía de su buen juicio y de sus brazos. Era todo un hombre con mayúsculas: libre y responsable, honesto, altivo y serio...digno en el más alto sentido de la palabra: ejemplo para sus vástagos, ejemplo para sus cercanos...¡Qué respeto daba! Pero sin atemorizar a nadie...sólo daba ejemplo desde las palabras, silencios o acciones. El padre respetaba a sus ancestros, no los discutía. Los entendía. De ellos emergió y de ellos fue  forjando su concepción de la vida, adoptando y adaptando enseñanzas y educación; ese corpus de sabiduría lo integró para dirigir a su familia y aconsejar a hijos, hermanos, sobrinos, amigos... Todos lo miraban y admiraban, algunos hasta con envidia de su capacidad, fortaleza y bondad natural. Un día se cuenta que estando su mujer de parto estancado, la matrona le conminó a que fuese a pedir la asistencia del médico. Cuando llegó a la casa del mismo a altas horas de la madrugada, y tras insistir aporreando la puerta del caserón del galeno, logró que se asomase por el balcón medio cuerpo de una señora, la mujer del médico. 
-¿Qué quieres a estas horas?
-¿Está Don Rafael?
Aún duerme, ¡vuelve mañana! 
Pues dígale que mi mujer necesita de su asistencia. Está de parto desde ayer y la matrona no puede hacer ya nada más. Pero sobre todo dígale -y en ese instante se golpeó varias veces el bolsillo de la chaqueta- que se le pagará lo que haga falta! ¡En mi casa lo espero!

No tardó ni media hora en llegar en coche caballo. Era un magnífico profesional médico y un obstetra excepcional. Tras hacer el tacto correspondiente hizo una aplicación de forceps de Naegele perfecta extrayendo al primer varón de la familia, su hermano mayor. Luego nacieron sus otros hermanos. El Niño fue el último.

Tras un combate titánico con la enfermedad el niño se curó. O le curaron, mejor dicho. Creció con un cuerpo físico del montón. No le importó nunca demasiado. Y mentalmente, aunque en ese aspecto convencionalmente salió adelante muy bien, algo le ocurrió que le acompañó ya toda su vida y que sólo él creía saber  lo que era. Y es que lo que reina en la mente individual de cada persona desde fuera sólo se puede interpretar. Y desde dentro sólo algunas personas logran atisbarse a sí mismo con claridad total. Pero el si se conoció a sí mismo, al menos en lo que determinó si vida. Lo que pasó en su mente tras aquella enfermedad, aquella parte concreta y determinante, si lo percibía con claridad. Y ya viviendo le ayudaba a veces y otras le cansaba y las más le asustaba. Y ¿qué era? 

Fue creciendo callado, introvertido. Pero al mismo tiempo, cual esponja, se empapaba de percepciones no siempre procedentes de sus sentidos convencionales. Veía venir las opiniones y pensamientos ajenos, los entendía, y siempre los justificaba pues sabía captar el interior de cada cual, se impregnaba del sentimiento y emoción del otro hasta sufrir una empatía total. Ese identificarse con los demás le fue creando una conciencia inhabitual de las alegrías y de los sufrimientos del ser humano que lo llevaban a acciones constantes en pos de los demás. Aunque, en general, casi nunca y casi nadie le pedía nada explícitamente. Y por ello a veces conseguía irritar al que intentaba ayudar, probablemente porque circunstancialmente no sabía hacerlo bien en tiempo y forma. Presuponía respuestas positivas a sus ayudas, pero no siempre era así. Es más: pocas veces acertaba. No entendía que los seres humanos a veces se sienten confortables en sus miserias, tristezas y mentiras. Y, claro, no quieren salir de esa zona de confort. Tienen ganancias secundarias que sólo ellos entienden o no quieren entender por desidia o por miedo. A ese entendimiento el no llegaba, no era capaz de comprender como alguien decidía seguir en el fango de su sufrimiento sin prestar atención a su ayuda sincera y desinteresada.

En una ocasión, con 10 años de edad, levantó la mano en el colegio y, sintiendo la obligación de ayudar a un compañero, tomó la palabra para explicar "mejor" lo que había querido decir aquel que, según su percepción, involuntariamente no había expresado con precisión la idea que tenía en su mente y que el, en su ingenuidad, si había entendido. Sin dudarlo quiso apoyarlo y ayudarlo a ser comprendido por la maestra y por el resto de la clase. Comenzó a disertar: "El Cuesta ha querido decir que..." Fue inmediatamente acallado por la maestra recibiendo una bronca por haber hablado sin que nadie se lo pidiese. Le dijo que qué se creía, y sufrió una reprimenda tal que durante un tiempo le impidió siquiera expresarse sin miedo a molestar en clase. Aunque lo que de verdad sentía no era miedo...era una mezcla de perplejidad, vergüenza y soberbia. Fue trabajoso superar aquella anécdota...le acompañó toda su vida ese recuerdo doloroso y paralizante.

Siguió creciendo y fue comprendiendo que del servicio no solicitado a la imprudencia molesta había poco trecho. Este pensamiento lo fue retrayendo de su relación sana, desinteresada y candorosa con los demás. Se fue replegando a un mundo de silencio. Mantenía diálogos consigo mismo que giraban en círculos. Eran espirales de ideas sin conclusiones claras...sin final, sin desenlace. Sólo desaparecían con la llegada del siguiente pensamiento. Ni en sueños descansaba. En ocasiones hasta su corazón físico se encogía y aceleraba y fue encogiendose y acelerandose. Su respiración a veces era jadeo agitado y se fue convirtiendo en jadeo taquipneico. En esos momentos sus ojos se abrían más como gesto de sorpresa crónica. Y su cuerpo entero temblaba y se volvió tembloroso. 

Y así vivía todo su ahora buscando encaje, hacia dentro y hacia fuera. Siempre se preguntaba si encontraría algo realmente pleno, en algún sitio o en algún momento. Se interrogaba si era posible descubrir algo que le llenase, que le hiciese sentir la verdad absoluta de la vida, esa que el creía ver y tener pero que nadie la tenía y nadie se lo apreciaba. Buscó en libros y opiniones de personas, buscó en cualquier fuente que cayera en sus manos...hasta el punto de enfermar. No podía dormir. Su obsesión no le dejaba. La ansiedad de saber la verdadera ley universal que le desatase el nudo gordiano de sus dudas lo llevó al borde de la locura. Físicamente dejó de cuidarse. Deambulaba sin rumbo por calles desiertas con un solo pensamiento. Se olvidó de comer y de beber. Y así, un día frío de invierno, cayó derrotado y harapiento en medio de la acera. Su corazón  fue entrando en bradicardia, su respiración cada vez era más superficial, la piel de su cara  palideció hasta volverse nívea y ya sin fuerzas, al final perdió el conocimiento, cayó al suelo y mientras caía le inundó una luz cegadora blanca y envolvente. No había solución de continuidad entre dicha luz y su cuerpo... Y de pronto sintió un estremecimiento que no supo de donde venía. ¿Externo? ¿Interno? Lo real era la luz que le invadía. Sintió relajación y paz. Lo comprendió: "la única verdad que el ser humano puede saber es la de su muerte física. A partir de esa comprensión todo hombre busca su consuelo". El creyó que el suyo lo encontraría sólo. Pero rápidamente comprendió que esa creencia era pura soberbia. El sólo no encontraría la solución. Ningún humano la conoce más allá de la ilusión de creer saberla. Se aceptó a sí mismo como un ser humano más, todo el lleno de dudas, falible y voluble. 

Entonces empezó el verdadero viaje de su vida. YA CRECIÓ. Y de esta manera, por fin comprendió que toda su vida había estado instalado en un error...EL NO ERA DIOS.  Y así inició el largo camino de su búsqueda.