Reflexiones por la sorpresa de vivir: Compartiendo tu reflexión te ayudas a vivir...ayudas a vivir
domingo, 28 de mayo de 2017
Diálogo entre politicos
sábado, 6 de mayo de 2017
Volver a empezar o la vida circular
viernes, 15 de julio de 2016
El tamiz social, la conciencia y el miedo a la libertad
El despertar
Se despertó y abrió los ojos como quien nace a la vida. Percibió el ambiente frío en su cuerpo como quien sabiéndose vivo siente intensamente. Además de pensar en lo mal que había dormido, apareció en su pensamiento la segunda queja del día: ¡qué clima tan malo, joder! Sintiéndose cansado salió de la cama como pudo; le dolía todo. Fue a la ducha tembloroso, tambaleante, y se despabiló bruscamente con el chorro de agua fría inicial, antesala de la caliente que aún no había llegado a su destino para cumplir su misión: asear su cuerpo sin molestarlo, quizá más bien relajándolo para afrontar el día naciente. Sentía el agua como su cómplice fuerte y servicial. A medida que resbalaba por su cuerpo le entregaba su cansancio confiado, a ciegas. El agua así se llevaba su somnolencia y desgana...y hasta su tristeza y apatía. Acabada la ducha, se secó con la toalla grande y suave que le ayudó a despedirse parcialmente del líquido elemento una mañana más.
Mirándose al espejo se afeitó, se peinó y se observó largamente. Lo hacía con sus propios ojos sin saber que se evaluaba desde la óptica de los seres extraños con los que se encontraría a lo largo de la jornada que estaba naciendo. Elegía el vestuario, sus zapatos y se acicalaba según parámetros incrustados y ocultos en su inconsciente, como aguijones disfrazados de roles sociales que les fueron asignados sutilmente.
La angustia vitalYa disfrazado salió al escenario del mundo. Ese día sintió su disfraz como armadura oxidada y opresora. Percibió dentro de sí un submundo de luchas a codazos por ser auténtico. Y advirtió que le enfadaba y entristecía. Mientras bajaba en el ascensor, mientras viajaba en el autobús de línea, su angustia crecía y le aceleraba el corazón; Sentía ahogo y deseos de gritar con los dientes al aire para defenderse de la monotonía y uniformidad. Su pecho constreñido lloraba de rabia impotente. Buscaba sin entenderlo su libertad de no aparentar al exterior lo que no quería ser desde lo más íntimo de sí mismo. Y no sólo era lo físico o material. Era el cumplimiento de roles sociales sin sentido o, al menos, que él no entendía. ¿Porqué tenía que cumplir un horario? ¿Porqué debía obedecer a burócratas sin alma? ¿Porqué no le daba rienda suelta a su creatividad?
Dominando sus impulsos por responsabilidad -¿o quizá por miedo cobarde?- fue pasando el día zarandeado de un lado a otro, receloso y suspicaz; le molestaba hasta los colores de los vestidos de las personas con los que se topaba. Y así fue quedándose encima de la malla filtrante de la interacción humana. Por experiencia sabia que las sociedades humanas criban a sus componentes exigiéndoles apariencia. Por las luces de malla de los filtros del tamiz social solo pasan aquellos que se amoldan a las convenciones impuestas por los poderosos. Cada cual incluido adopta un camuflaje que se adapta a lo exigido por los manipuladores.
Primera RebeldíaAquel día el volcán rebelde de su esencia erupcionó. Su médula quería acoplarse con su apariencia. Creyó que esa coherencia del fondo y la forma le daría La paz en la felicidad, la eliminación del sufrimiento por la anhelada ausencia de todo deseo, la tranquilidad de la reconciliación consigo mismo, la capacidad de amar a los demás incondicionalmente y de amarse a sí mismo sin reproches. En realidad, reclamaba su individualidad.
Freno al rebelde: la búsqueda de explicaciónPero nuevamente reparó en que era humano. Y en que, a veces, si un ser humano por ser fiel a sí mismo era indiferente a sus semejantes, a sus exigencias de pertenencia, como ser social que es, tal vez dejaba de ser "humano". Reflexionó que por ese camino era posible que la propia indiferencia de la opinión de los demás le llevaría de nuevo a una angustia nueva y vieja a la vez, a la desazón derivada de la exclusión y de la marginación social. La sociedad en su conjunto puede ser indiferente al individuo pero éste no puede ser imperturbable a aquella y sus reglas. Esta idea le entristecía porque, en el fondo, quería opinar lo contrario: que lo deshumanizaba, que lo convertía en marioneta sin alma.
Y básicamente tenía que comprender que su esencia se manifestaba en su apariencia y que su autenticidad emanaba de la mezcla de lo que quería manifestar, lo que le pedían los demás que manifestara y, por fin, de lo que realmente manifestaba. Debía tomar esa autenticidad como cambiante y dinámica, adaptada en la síntesis de lo externo e interno, de lo material y espiritual, resultado del pasado y presente mezclados con los anhelos de futuro. Comprenderlo significaba aceptarse a sí mismo, quererse y así vivir tranquilo, sin soberbia, con conformidad, aunque sin servilismo, sin esclavitud.
Segunda rebeldíaPero no. Había algo en su interior que no podía dominar. Ese algo reclamaba, altanero y seguro, la dignidad de ser distinto. Le demandaba atenciones no desmesuradas sino necesarias. Hay un grito constante dentro del ser humano que le exige coherencia a sus opiniones y sus actos con la verdad, con la belleza y con la bondad.
Segunda explicación: la conciencia y su formación¿Qué era ese algo? Tal vez es la voz de la conciencia evolucionada. Es como la brújula que guía al marinero en mar abierto, es lo que nos guía en el devenir de nuestras vidas. O la seguimos o caemos en el pozo de la infelicidad y la alienación. El eclipse de nuestra conciencia y sus designios se produce transitoria pero largamente a veces, y entonces a la conciencia propia no se le escucha. Se usan distracciones y creencias impuestas desde fuera. Esos eclipses los producen diversas elementos y toman cuerpo en forma de drogas, o de juegos o de circos con espectáculos que sólo distraen o entretienen sin exigencia de esfuerzo intelectual o participación activa y al margen de toda regla ética. Pero como todo eclipse nunca las distracciones son permanentes. Para la conciencia propia que es persistente y perenne la resignación no existe. Es inconformista ante lo que considera confuso o desorientado de lo verdadero, bello o bueno.
¿Cómo se forma esa conciencia? ¿Es totalmente libre el ser humano para elegir sus bases de conciencia? Influye la biología y la educación recibida desde la familia, la escuela y las interacciones sociales. Pero... ¿en qué proporción influye una u otra?. Pensó que debía haber algo más. Los azares de la vida nos condicionan en nuestras creencias y visiones del mundo y de nosotros mismos. Son marcajes constantes desde que somos concebidos los que recibimos del exterior que al mezclarse con nuestras opiniones en nuestra cocina interior condicionan la formación de nuestras conciencias. Y según las mismas así son nuestras acciones con nosotros mismos y con la sociedad.
Un momento...¿"quién" es la "conciencia"?De pronto reparó y vio que en realidad no le angustiaba en sí mismo su no afirmación individual. Comprendió que nadie externo sino que más bien él mismo era el que realmente le impedía expresarse y afirmar su individualidad diferenciada. Su conciencia era realmente él mismo de manera total y ontológica. Aunque quede la duda de si el ser humano tiene una base de conciencia común interconectada o somos múltiples conciencias individuales que simplemente conviven.
La razón o causa: el miedo¿Porqué se angustiaba? Por los miedos inoculados en su alma. Y fundamentalmente entre esos miedos está el que se refiere al rechazo social que en realidad no es más que el miedo a la soledad referida al de la persona no querida, no respetada ni valorada. Y también está el miedo a la pérdida del control propio, a ser oprimido y encarcelado...a no ser autónomo.
La solución¿Cómo vencer al miedo? Afrontándolo, atravesándolo. Solo con el movimiento valiente de encararlo comprendería que los miedos son humo fugaz, que carecen de realidad material. Debía actuar como el niño que, angustiado, entra obligado en el terrorífico cuarto oscuro y, una vez dentro, comprende que el terror no tenía motivo real pues el cuarto está vacío, inerte, neutro y tranquilo. Solo existía el miedo en su imaginación. Fuera todo era paz y serenidad.
La valentía de vivirAlegre decidió encarar sus miedos sintiéndose libre para elegir los caminos de su vida. Disfrutó alegre de la conquista de su libertad y, sobre todo, aceptó las consecuencias de la misma, aunque entre ellas estuviese la incomprensión social a sus opiniones e individualidad. Y asumió que no podía escaparse a las consecuencias de sus elecciones y decisiones. Así, fue feliz sintiéndose vivo y humano...feliz y tranquilo en su valentía.
sábado, 21 de mayo de 2016
¿SIN ESPERANZA? ¿CON FE?
¿Lúgubre?, ¿finita?, ¿huidiza?, ¿fugaz?
O... ¿Perpétua?, ¿eterna?, ¿audaz?,
¿que a la vida plana alienta?
Caida a ciegas por ir con tienta,
ladrona de vida, triste y falaz...
Anochecer de alma sin solaz,
abúlica... Que al ser adormienta.
Duda de mortal... ¿Real? ¿imaginaria?...
¿Quizá soberbia de la inconsciencia?
¿O búsqueda inútil de Barataria?
Fragilidad de efímera consciencia
Aspirante a ser Dios siendo paria
O pura química según la ciencia
lunes, 2 de mayo de 2016
RESILIENCIA O LA ADAPTACIÓN AL CAMBIO PARA SER UNO MISMO

jueves, 28 de abril de 2016
Juzgar, autojuicio. Perdonar
lunes, 11 de abril de 2016
Ocio, trabajo y pereza
No hay pecado o defecto que peor me siente que el de la PEREZA ni comportamiento que peor soporte que el de la persona perezosa. Porque la pereza se retroalimenta a sí misma llevando a la persona a la inacción y a la indolencia. Y porque la persona perezosa a través de esa indolencia se convierte en egoísta e insolidaria no solo con los demás sino con ella misma, abandonándose en el desamor y la frescura en su acepción de descuido, negligencia y poco celo. El perezoso se aprovecha desvergonzadamente de los demás para su cuidado y manutención y no aporta nada ni a sí mismo ni al prójimo. Aunque lo aparente, no va ni siquiera a lo suyo. Se perjudica a sí mismo en un lento declive de devastación de su autoestima. Porque la pereza puede llevar al individuo a la tristeza por el aburrimiento, a la soledad desierta en donde se ausenta hasta de la propia conciencia, donde los propios pensamientos negros y zombis vagan como monstruos pesados, cabizbajos, lentos...perezosos. Su conducta se aproxima a la del parásito: aquel ser que vive a costa de otro llamado huésped pero destruyéndolo sin aportarle nada, incluso hasta aniquilarlo para por fin llegar a la propia autodestrucción.
¿Quieres ser así? Creo que no. Porque si trabajas sales de la pereza y aumentarás tu autoestima y la estima que te tengan los demás. El antídoto de la pereza es la fuerza de voluntad y la curiosidad que es el origen de cualquier acción humana. El ser humano es un ser social y por eso debes ganarte tu sitio en esa sociedad, porque para bien o para mal las sociedades actuales son exigentes con sus miembros. No son aceptados en ella de cualquier forma; y mucho menos solo por ser persona. Y la mala noticia es que los excluidos de dicha sociedad lo pasan fatal o simplemente no pueden vivir. Hace mucho "frío" cuando se vive aislado. El ser humano necesita manutención y seguridad básicamente; y también sentirse miembro de la colectividad, ser reconocido por ella y sobre todo por sí mismo. Eso tiene el precio de la contribución. Quien nada aporta por ser perezoso es libre de su inacción pero deberá soportar las consecuencias responsablemente.
Ana Cristina Aristizàbal Uribe, en un artículo publicado en "El Colombiano" (Antioquia, Colombia) en agosto de 2010 titulado "Como anular a una persona", defiende la tesis de que si a una persona se le da todo, se le regala todo sin exigirle esfuerzo alguno, le anularemos cualquier recurso propio que tenga, lo convertiremos en perezoso y cuando los regalos cesen, caerá en la desazón, la desgana y no entenderá al mundo. Este será visto como culpable de sus desgracias y exigirá seguir recibiendo apoyos y "regalos" para seguir viviendo pues "es su derecho". Los padres o sistemas que lo dan todo hecho "por amor" en realidad inutilizan a la persona, la convierten en víctima y se corromperá como el agua estancada.
Esta concepción peyorativa de la pereza no ha sido siempre así. Y las matizaciones históricas buscan diferenciar la pereza del ocio creativo y enriquecedor.
Hay quien dice que la pereza es algo natural por que la ciencia dice que todo tiende al ahorro máximo de energía y a la máxima entropía. Como materia que seriamos según la ciencia no nos escaparíamos de esa ley natural. Incluso se ve a los animales o plantas que solo se mueven para conseguir alimento o mantener su seguridad y la de su prole. Pero el ser humano nuevamente tiene que valorar las consecuencias de dejarse llevar por esa tendencia natural al tener conciencia de sí mismo por ser portador de un gran cerebro: la decadencia personal a través de la tristeza y de la pobreza. J. J. Rousseau nos dijo que «Después de la de conservarse, la primera y más poderosa pasión del hombre es la de no hacer nada.».
Tanto los griegos como los romanos consideraron al ocio como propio de los ciudadanos libres y dignos y al trabajo como actividad propia de gente vil, miserable o poco honorable. El trabajo era actividad de esclavos e impropio de la naturaleza del hombre libre. Pero en realidad los ociosos griegos o romanos "trabajaban" intelectualmente o dirigiendo designios de la sociedad a la que pertenecían. En ese sentido, sus días eran productivos para si mismos y para la sociedad. Sócrates decia: "No es perezoso sólo el que no hace nada, sino el que pudiendo ser algo mejor, no lo hace". Los dirigentes romanos incluso usaban esa tendencia al disfrute improductivo del ocio del populacho dándole "pan y circo" para acallar protestas y desviarlos de la atención de la decadencia económica y militar.
Posteriormente fue el cristianismo el que santificó al trabajo como actividad dignificadora del ser humano en tanto en cuanto lo hacía
útil y siervo de sí mismo y de la comunidad. Y esto es así porque trabajando se aprovecha algo limitado y efímero: el tiempo. Y al perderse dicho tiempo se hace daño al progreso y crecimiento del individuo y de la sociedad a la que pertenece. Por tanto quien pierde el tiempo sin trabajar cometería un pecado capital desde la concepción cristiana: la pereza. Pero ha de saberse que el cristianismo no encumbra a la pereza como pecado capital hasta el siglo V por el papa Gregorio Magno, sustituyendo al antiguo pecado de la tristeza, en el sentido de acidia, que dejó de serlo.
El marxismo ve al trabajo como moneda de cambio entre el proletariado y el capitalista. Trabajar tiene un precio que depende de la oferta y la demanda. El ser humano, en sus ratos de ocio, puede elevarse fomentando su creatividad. Incluso Lafargue, marxista más radical que su suegro Karl Marx, llegó a escribir un ensayo, "El derecho a la pereza", en el que santifica al perezoso que da rienda suelta a las pasiones humanas, buenas por naturaleza desde la concepción marxista e identificando al trabajo como imposición de la moral de la burguesía capitalista y del clero cristiano para dominación del proletariado haciéndole ver que esta vida es un valle de lágrimas al que se viene a sufrir.
Incluso más recientemente, en el 2010, Tom Hodgkinson escribe un apasionado ensayo, "Elogió de la Pereza", en el que da la visión del trabajo como expresión de una enfermedad y a la pereza como comportamiento noble y natural. Pero su reivindicación es más de libertad para el ser humano que de la pereza en sí. El tiempo dedicado a la inacción es productivo y creativo y el uso del mismo debe ser libremente elegido por la persona según Hodgkinson. Pero existe un concepto moderno que se relaciona íntimamente con la pereza: la procastinación, se refiere a la posposición de actividades o deberes en beneficio de no hacer nada o hacer lo indebido. Esto lleva al ser humano a sentimientos de frustración y ansiedad desmedida.
Yo creo que el tiempo que no se dedica al trabajo debe ser "disfrutado". Se entiende al ocio como tiempo de descanso o tiempo libre de la persona que le deja sus ocupaciones principales y productivas. La dedicación al ocio por tanto no sería inmoral en sí misma. Más bien sería el premio individual al trabajo bien hecho y productivo. Seria mas bien un tiempo dedicado al desarrollo de la creatividad, al cultivo de la paz mental y a la recuperación de las energías minoradas del cuerpo. Esto no tiene nada que ver con el concepto de pereza como tiempo dilapidado. Es un derecho humano reconocido.
Y lo ideal es que durante el tiempo del trabajo se disfrute como si fuese el del ocio. Lo ideal es ser productivo y creativo siempre, también cuando se trabaje. Y en ese momento no sabremos si trabajamos o estamos en tiempo de ocio, sabremos que estaremos disfrutando de nuestro limitado tiempo, seremos lo que somos sintiéndonos presentes en este mundo y entonces seremos felices.
