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domingo, 22 de julio de 2012

LA ASISTENCIA SANITARIA EN ESPAÑA: VIABILIDAD



No sé porque gasto neuronas en esto, tal vez sea porque aún NO
ESTOY QUEMADO, porque soy un poco “quijote”, ingenuo... Creo
en el ser humano y me siento libre y por eso opino. No me mueve
molestar ni destruir nada, ni me creo en posesión de la verdad
absoluta, pero si en posesión de “mi verdad”, que no es otra que
la que nace de la mejor de mis intenciones.
LA PREGUNTA:
¿podremos sostener el SNS en las actuales condiciones
de universalidad, amplitud de cartera prestacional,
accesibilidad geográfica y temporal, y calidad asistencial?
Si, pero depende de lo que quiera la sociedad (los políticos?)
y de dónde se quieran emplear los recursos. Aunque más aportes
de recursos no garantiza una mejora de la calidad asistencial, esto
es así si no hay discriminación en lo que se emplea el dinero. Si
existiese una adecuada gestión que evalúe adecuadamente las
antiguas y nuevas tecnologías y avances en la medicina antes de su
implementación en la práctica es posible que la calidad del
servicio siguiera intacta. Pero para ello hay que confiar en los
profesionales y sus criterios técnicos, pero exigiéndoles seriedad
en sus peticiones demostrando que cualquier novedad propuesta es
eficiente y efectiva y evitando que sean “tentados” por la
industria farmacéutica y otras empresas de suministros con
incentivos que corresponderían a la “empresa” donde se trabaja y
no a los proveedores de dicha “empresa”. Esto último se
conseguiría habilitando partidas presupuestarias que garantizasen
su formación contínua, haciendo que ésta se adecue a los objetivos
de las distintas unidades de gestión clínica. Los planes de
formación de los profesionales sanitarios deben relacionarse no
con criterios políticos sino técnicos y deben surgir de los propios
servicios profesionales y no de agencias y servicios de formación
burocratizados y sentidos como lejanos a las necesidades
asistenciales. Las partidas presupuestarias dedicadas a formación
deben ser transparentes con reglas claras en los requisitos de
concesión a los profesionales. El profesional siente que sus
opiniones deben ser tenidas en cuenta. Es responsabilidad de los
gestores del sistema crear el ambiente de libertad y seriedad para
escuchar a los buenos profesionales y no solo a los “políticamente
correctos”, a los que comulgan con políticas favorecedoras de
burocracias, de lealtades y no de competencias reales.
¿Porqué ha crecido tanto el presupuesto sanitario en los últimos 10
años? Mi teoría es que las distintas autonomías lo han utilizado
como arma electoral. No hay nada que “venda” más que las
noticias sobre avances tecnológicos en sanidad. Esto es percibido
por la población como que se está a la vanguardia del mundo
moderno, y por tanto, se vive en el “país de las maravillas”, en un
país que orgullosamente no envidia en bienestar a nadie del mundo
y en el que los derechos ciudadanos a los servicios sanitarios no
tienen límite. No se ha hecho consciente a la población del coste
real de los servicios sanitarios. Además los criterios profesionales
han sido o son tenidos en cuenta en tanto en cuanto estuviesen o
estén en consonancia o de acuerdo con los criterios políticos del
momento. No se han valorado con criterios técnicos de eficacia,
efectividad y eficiencia. A veces se implantan tecnologías por que
venden electoralmente y no porque realmente mejoran la salud de
la población.
Además es frecuente la práctica de una medicina defensiva con
uso de recursos excesivo e inadecuado, con una gran variabilidad
en la práctica clínica. Por ello es fundamental confiar en los
profesionales, apoyando a los mismos ante reclamaciones y
demandas judiciales insensatas e irracionales en un porcentaje
enorme de casos. Apelar a la deontología profesional no es baladí.
Pero los guardianes del cumplimiento de una buena práctica
profesional deben ser en primer lugar las propias asociaciones
profesionales (colegios profesionales, sindicatos, sociedades
científicas) que deberían tener un reconocimiento y apoyo legal
adecuado, deberían ser garantes de la “lex artis” y se les debe
exigir esas garantías. Desde las instituciones se deben garantizar
los derechos de todos los ciudadanos a unos buenos servicios; pero
se debe evitar el abuso de los mismos dando instrumentos y
autoridad a los profesionales que prestan dichos servicios y
exigiendo responsabilidad a todos, profesionales y ciudadanos.
Es hora de que se diga en voz alta que el primer gestor del gasto
sanitario es el médico. Es el que decide en última instancia en qué
se gasta y en qué no se gasta el dinero. La sociedad le ha dado un
título que le capacita para decidir con qué se mejora la salud de
los ciudadanos. Por tanto, es el primero que debe ser consciente
del recurso que gasta y del buen o mal resultado que procura con
dicho gasto. Es el técnico que debe valorar si merece la pena un
gasto para un resultado concreto de salud. No debe valorar para
ello sólo su ciencia; no debe olvidarse de su conciencia y su
compasión; y no solo me refiero al compromiso individual con el
paciente sino también con la sociedad en general.
Estoy de acuerdo con lo propuesto
• Mejorar la productividad:
o Delegación (lo que implica confianza en los
profesionales y en sus criterios, exigiéndoles pero
respetándoles), Informatización (con programas
manejables, intuitivos, que permitan la explotación de
datos por los profesionales), mejoras en la organización
(evitando burocracia fundamentalmente).
• Movilidad intrasectorial de los recursos para mejorar
efectividad, la eficiencia y la calidad:
o Un cambio necesario es pasar del hospital cerrado a las
redes hospitalarias abiertas: Nuevamente son los
profesionales los que saben qué recursos sanitarios
deben ser concentrados en función de la incidencia y
prevalencia de enfermedades y en función de las
necesidades de prevención de las mismas. A veces es
mejor movilizar al ciudadano hacia el recurso que
necesite que mover al profesional a un centro
insuficientemente dotado o no coordinado con el
servicio raíz. La movilidad de los profesionales también
tiene un coste que evidentemente no debe recaer en
los propios profesionales teniendo que sacar éstos de su
sueldo los gastos de desplazamiento del lugar de
trabajo tradicional a los nuevos enclaves asistenciales.
El domicilio particular se escoge en función del lugar
del puesto de trabajo y condiciona todo un mundo de
relaciones sociales, compromisos, recursos educativos,
etcétera. Por tanto no es justo obligar a
desplazamientos contínuos y no remunerados a los
profesionales. Es fundamental articular los sistemas
para que no se “quemen” en sus propios coches.
o Evidentemente es imprescindible usar todo el potencial
de la tecnología para delegar actos asistenciales desde
los hospitales de más nivel a los de menos nivel, a la
asistencia primaria y al domicilio del paciente. Hace
falta detectar qué tecnologías, como financiarlas y
cómo formar al personal y ciudadano para su correcto
manejo.
• Priorizar lo que añade más valor: Decidir qué es lo más
efectivo, más grave y más practico no es nada fácil. En la
asistencia sanitaria ¿es ético dejar de dar algunas de las
prestaciones, bajarlas de calidad o beneficiar a unas en
detrimento de otras? Son personas concretas las que se
benefician de dichas prestaciones con todo el derecho a que
la reciban. ¿Quién es quien para decidir si yo o un familiar
mío tiene o no derecho a seguir recibiendo una determinada
prestación? Nuevamente la reflexión tiene que ser colectiva
de la sociedad para decidir donde se envían los recursos.
• Fomentar y desplegar motivaciones intrínsecas y
trascendentes: Me pregunto: ¿Hace falta? Por lo que veo a mi
alrededor siendo profesional de la sanidad pública desde
hace más de 20 años la ética profesional es lo que ha salvado
a la sanidad pública y no los constantes cambios y bandazos
de gestión que hemos sufrido. La cooperación de los
profesionales -de la mayoría, porque reconozco que existen
“quemados” por doquier- ha sido la clave de la persistencia
en una profesión grande porque ayuda a los demás. No hace
falta ningún gestor que nos recuerde en general esa premisa.
Los incentivos extrínsecos nunca son suficientes ni fiables.
¿Cómo van a ser esos los únicos motivadores si las
condiciones de los puestos de trabajo en una mayoría de
centros son incalificables, si el poder adquisitivo de los
profesionales sanitarios no han hecho más que descender al
menos en el tiempo que llevo prestando mis servicios? En el
año 1991, cuando terminé mi periodo de residencia, mi
nómina media con 5 guardias al mes de Facultativo
especiali sta de área eran de 400.000 pesetas
(aproximadamente 2.400 euros). Actualmente mi nómina de
Jefe de sección son 2.400 euros al mes. El I.P.C. ha subido
del orden de un 30 %. ¿Se ha ganado o se ha bajado en el
poder adquisitivo? Eso es lo real, lo demás son cuentos. Y eso
es lo que nos ha obligado a muchos a “buscarnos la vida” en
el pluriempleo de la sanidad privada. Si en una casa no
entran dos sueldos, malamente se puede tener un nivel de
vida digno. A pesar de esos sueldos indignos, seguimos al pie
del cañón, prestando la mejor asistencia posible a nuestros
pacientes. Si: “nuestros pacientes” y no los del sistema
gestor de la sanidad. Somos nosotros los que hablamos con
ellos, los que tocamos sus cuerpos y sus almas, los que dan la
cara realmente. Ninguna organización con intereses políticos
a veces inconfesables nos pueden dar lecciones de
humanidad ni del valor transcendente de lo que hacemos.
No me interpreteis como PÁJARO DE MAL AGÜERO, pero que nos
recuerden a los profesionales que debemos ser “profesionales” no
debería de hacer falta. Somos mayorcitos y no está bien que nos
manipulen más. Si hay algún desenfoque en la sanidad pública no
viene precisamente de los profesionales de la misma sino de los
gestores políticos de la cosa que han confundido números con
realidad. En general, no se trata de conseguir un 15 % de cesáreas:
el profesional entiende mejor que lo que hay que conseguir es que
se hagan SOLO las cesáreas necesarias, ni más ni menos, con
indicaciones basadas en criterios profesionales honestos y basados
en ciencia y conciencia. Así es posible que el 15 % se quede incluso
en menos.
Hace poco escribí lo siguiente, que puestos ya, también comparto
con vosotros. Ahí va:
¿Importa la calidad del resultado en lo que hago en mi actividad
profesional? Respuesta: NO realmente, SI oficialmente. Si falla el
“eje de la rueda” se sustituye por alguien similar aunque la
calidad del movimiento disminuya o se estanque. ¿Porqué?
VEAMOS:
1. Porque el SAS no tiene competencia en el servicio que presta:
¿Qué otra empresa da gratis un servicio esencial y carísimo para
el consumidor medio?
2. Porque hay asimetría de información entre el consumidor
(¿víctima?)-cliente-paciente-ciudadano-usuario y el proveedor:
el sas y sus profesionales. Con qué criterios puede un usuario
valorar el servicio que recibe si no tiene mayoritariamente
referencias.
3. Existen siempre profesionales dispuestos a lo que sea con el
objetivo de mantener su puesto de trabajo, ascender aunque
sea a codazos, sin importarles tampoco a ellos la calidad del
trabajo que desarrollen. Y no por mala voluntad individual, sino
por instinto de supervivencia, por desconocimiento o por
deformación de la percepción de la realidad.
Las razones del SAS son las derivadas de la necesidad de gestionar
recursos limitados y públicos. Pero desde mi punto de vista esos
recursos están gestionados desde el DESENFOQUE. Consiste esto en
que lo realmente importante es el burócrata, el “oficinista” que
hace papeles cortando y pegando. No es importante el médico que
diagnostica y trata o propone una pauta de tratamiento ni los
enfermeros que cuidan, curan o ejecutan la pauta de tratamiento
prescrito, ni las auxiliares que hace la cama de los pacientes, ni el
celador que empuja la cama... y así hasta nombrar a todos los
profesionales realmente PRODUCTIVOS en la fábrica de la salud
que deben ser los centros sanitarios.
Se da el caso que si una propuesta, la que sea, se escribe, ya
existe (ver algunos procesos, arquitecturas 3, etc). Esto es así
independientemente de que su implementación en la realidad
brille por su ausencia o se haya modificado en pos del “ahorro” o
la “incompetencia”.
Y a todo esto, todo el mundo es igual a la hora de cobrar. Tanto la
persona-pieza que no piensa, el trabajador-obrero que no plantea
problemas y que hace de lo justo para abajo o la persona-eje que
crea, piensa, aporta ideas, aporta más tiempo, sufre y se
solidariza con el colectivo y sus resultados y produce “problemas”
creando necesidad con sus soluciones.
El café para todos se instala incluso en el intento de instituir una
carrera profesional nada clara (reconozco que lo intenta) y sujeta
a la evaluación de BURÓCRATAS de agencias de “calidad”. Falta la
exposición a la valoración de instituciones educativas superiores,
de corporaciones científicas o de colegios profesionales. El poder
para los políticos, nada de técnicos molestos y cuadriculados.
Termino con este verso, creo de Antonio Machado:
“¿Tu verdad?, ¿mi verdad? , no... LA VERDAD, y ven conmigo a
buscarla”
Francisco Marquez Maraver, un compañero de todos y amigo del
que así me quiera, ¿enemigo?: de nadie.

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