Powered By Blogger

sábado, 4 de enero de 2014

El TIEMPO


Se dice que el pasado no existe, pero quedan sus enseñanzas. La memoria: ¿se va perdiendo? Me gusta creer que no, que hay algo en nuestro cerebro permanente, inalterable al tiempo. Otra cosa es tener consciencia de su presencia. Quedan los recuerdos reclamando su sitio en el presente a veces para bien y otras para mal. Los recuerdos nos conforman resultando de ellos lo que somos ahora. Nos generan dicha unas veces y desazón y desasosiego otras. Pueden avergonzarnos o enaltecernos. Son sombras que siempre están, visibles o no, pero conformando nuestro ser esencial, todo lo que somos. Seguro que lo que no recordamos pero ya vivimos se manifiesta en nuestros dichos, en el tono de nuestras voces, en nuestros gestos y reacciones, en nuestro carácter y temperamento. Condicionan nuestras relaciones y dan como producto el ser humano individual que todos somos ahora. 

El ahora. Está de moda. Se dice que sólo existe el presente, es verdad, pero es efímero y vertiginoso. Pero ha de saborearse con los ojos cerrados. Y tocarse con la inmensidad de toda la piel que nos envuelve. Oír sus sonidos en todas sus escalas y oler sus aromas impregnándonos de su esencia. Y con todo, ser capaz de ver lo físico y lo inmaterial. En definitiva, sentir intensamente desde el placer al dolor. Sólo así sabremos que estamos vivos.

Se dice que el futuro no existe, pero en él están instaladas todas las ilusiones y todos los sueños. Hay Incertidumbres porque siempre hay algo que no controlamos, suposiciones que no son reales, prejuicios basados en creencias erróneas e incluso prospectivas basadas en fría estadísticas sacadas de extrapolaciones de hechos pasados. Y así, lo que se dice del futuro puede no llegar a ser real nunca; nunca: da miedo una palabra tan contundente y definitiva. 

Pero lo definitivo es lo que le da carta de existencia al tiempo. Y desde el punto de vista del ser humano y sus limitaciones solo hay una cosa definitiva: la muerte. Es la única certeza. A partir de su constatación, a partir de la toma de conciencia de su existencia, surgen los consuelos privados y colectivos disfrazados de religiones e ideologías. Es decisión íntima tener fe o creer en ellas.

Y si todo tiene un principio y un final ¿cuál fue el principio del propio tiempo? ¿Cuándo empezó todo? No hay científico que lo haya aclarado. Por ello solo conjeturas poéticas nos puede hacer pensar en su origen. El convencimiento de que existe puede que sólo esté en la conciencia del hombre que, nuevamente repito, se sabe mortal. Y entonces tras constatar esa certeza atisba otra: el único principio al que puede darle carta de veracidad es a su propio principio individual o al de los seres unívocos que le rodean. El ser humano con su conciencia vive la ilusión de controlarlo todo. Pero no puede controlar el tiempo. Este pasa inexorablemente y hagas lo que haga no se para nunca... implacablemente nunca. Y sólo empieza cuando nace el hombre a la vida. Y, entonces, le empiezan las prisas. La mayoría quiere vivir todo en una espiral de ambición desmesurada por controlar el mundo que nos rodea. Pero en el fondo sabe que no tendrá "tiempo suficiente" para llegar a ese todo, a abarcar el saber completo, a poseer lo material, a perfeccionarse a sí mismo hasta el ideal del superhombre, a ser aceptado por todos sus semejantes... Y he aquí que aparece el más allá. Sin pruebas comprensibles por el ser humano solo le queda a éste la decisión de creer o no. Y creyendo en la eternidad, en el "no tiempo", la angustia vital disminuye autoconvenciéndose de que su vida no es inútil, de que no carece de sentido. 

¿Y el final? El de todo tiempo es un futurible. La conversión del todo en la nada ¿llegará? Creer eso es creer sin fundamento. De momento solo sabemos que todo se transforma, pero hay esencias que quedan en forma de "átomos", de partículas indivisibles que aún no conocemos del todo. Por lo tanto el final de nuestro tiempo es el final de nuestras vidas tal como las conocemos, caminando hacia una transformación que nos funde con la naturaleza. Nuestros "átomos" se separan y se reúnen con otros "átomos" en unos bailes nuevos azarosos e imprevisibles.  

Por lo tanto, si no podemos saber si hubo un principio ni sí llegará un final ¿se quiebra la idea del concepto de tiempo lineal? ¿Será más real el tiempo cíclico de los orientales? ¿Ocurrirá todo a la vez? En la naturaleza todo son ciclos que se repiten al marcado de la rotación incansable de la Tierra sobre sí mismo y alrededor del sol. Y así se da en todo el universo.
Me gusta pensar que volveremos a vivir tras acabar esta vida, pero ¿será de nuevo en el tiempo? 


No hay comentarios:

Publicar un comentario