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sábado, 16 de agosto de 2014

El Niño que creció

Por Francisco Márquez Maraver
Médico y aficionado escritor 
16 de agosto de 2014

El Niño que creció
La metamorfosis de un autoengaño

Nació. Empezó a crecer. Enfermó gravemente de niño. No se de qué. Sus primos -muchos- y hermanos  -sólo unos cuantos, no había hermanas- cuentan que para curarle le untaban algo que apestaba y que, por ello corrían despavoridos huyendo del cuarto sin puertas y con cortina donde yacía  agotado y débil. Sólo su madre y el practicante, Don Pedro, se acercaban a él para alimentarlo o darle los cuidados necesarios para ahuyentar al mal que le afligía. 

El médico? Siempre a distancia, en su atalaya, protegido de "mancharse" y sancionando diagnósticos, pronósticos y tratamientos sin molestarse más que en pensar e imponer sabidurías, opiniones o criterios. Para eso había estudiado. ¿Los demás? Asentían serios y diligentes. Aceptaban...tomaban la opinión autorizada sin tener dudas, sin atisbo de sospechas de intenciones distintas a las de beneficiar al dolido. Nada de exigencias de medios ni de resultados. Eran otros tiempos.

Su madre hablaba con Don Diego, el médico, y le contaba la evolución del enfermo, le describía signos y síntomas lo más fielmente posible, memorizaba las instrucciones, recogía recetas de medicamentos y fórmulas magistrales. Y, toda ella diligente, con las ideas claras y determinada a salvar la vida de su hijo ponía en práctica todas las instrucciones con la máxima  precisión. Tenía la confianza y la fe ciega en el resultado satisfactorio de los cuidados a su niño enfermo. Ella lo sanaría por encima de todo en este mundo. Era su madre. Ella era una mujer abnegada e inteligente, amalgama de terquedad y frialdad ante decisiones difíciles.  Cuando se le metía algo en la cabeza lo defendía ante quién fuese con criterio. Con respecto a este niño que cuidaba y quería tanto como a sus otros hijos tenía una espinita clavada. En su lugar había deseado que hubiese nacido hembra y no varón. Lo expresó varias veces en su vida mostrando un deje de frustración por no haber podido disfrutar de la crianza y ayuda de una niña. Aunque quería a su marido y a sus hijos con absoluta claridad, se sentía sola muchas veces en un mundo machista y rodeada de varios varones en su familia nuclear. Era una mujer trabajadora que adoptó su papel de ama de casa en toda su extensión, y esa extensión todo el mundo sabe que abarca cualquier profesión que uno se imagine: sanitaria, limpiadora, cocinera, fontanera, electricista, psicóloga, misionera, maestra... De niña, en el colegio republicano, en plena preguerra española, destacó como la más lista de la clase. Su maestra, Doña Gaspara, que posteriormente sufriría la represión franquista probando el aceite de ricino, le cuidó y le enseñó las cuatro reglas, a leer y escribir y muchas cosas más. Pero lo más importante fue que le inculcó el gusanillo de la curiosidad por el saber. Se vislumbraba en ella una futura maestra, pues se erigió en ayudante de Doña Gaspara para enseñar a sus compañeras lo que ella aprendía con más facilidad y rapidez.  Se comentaba en el pueblo: la maestra la apoyaría en su proyección. Pero todo se dio para que se  truncase el camino de vida que aparentemente se le iba trazando. Todo se debió a la desaparición de su mentora, su maestra, por los cambios políticos convulsos del momento y al hecho de que  su familia era de clase baja, eran jornaleros andaluces. Y la clase baja, en aquella época -¿tal vez ahora también?-, tenía sus roles perfectamente definidos. Y su rol sería el del trabajo en el campo si lo había hasta encontrar a un hombre que la "mantuviera" y al que tendría como obligación sagrada servir y hacerlo feliz. Tuvo suerte. Encontró el verdadero amor en su marido. Fueron uña y carne toda una larga vida. Se apoyaron mutuamente en la pobreza de la que nunca salieron completamente aunque con los años fue subiendo su nivel de vida. Pero sobre todo estuvieron a una. Si sólo disponían de mendrugo de pan lo repartían a medias. Y esto fue así tanto en la salud como en la enfermedad. Y ella la sufrió durante muchos años por culpa de una hepatopatía crónica que le quedó como secuela de una hepatitis aguda tal vez vírica que contrajo con 40 años de edad. Aún con la enfermedad siguió dirigiendo la casa, aún con la enfermedad jamás hizo renuncia de servir y cuidar a sus hijos y a su marido. 

El padre sufría. No podía hacer más que trabajar. Debía ganar lo suficiente para pagar medicinas y profesionales sanitarios; no existía el "seguro" y la única protección a su familia nacía de su buen juicio y de sus brazos. Era todo un hombre con mayúsculas: libre y responsable, honesto, altivo y serio...digno en el más alto sentido de la palabra: ejemplo para sus vástagos, ejemplo para sus cercanos...¡Qué respeto daba! Pero sin atemorizar a nadie...sólo daba ejemplo desde las palabras, silencios o acciones. El padre respetaba a sus ancestros, no los discutía. Los entendía. De ellos emergió y de ellos fue  forjando su concepción de la vida, adoptando y adaptando enseñanzas y educación; ese corpus de sabiduría lo integró para dirigir a su familia y aconsejar a hijos, hermanos, sobrinos, amigos... Todos lo miraban y admiraban, algunos hasta con envidia de su capacidad, fortaleza y bondad natural. Un día se cuenta que estando su mujer de parto estancado, la matrona le conminó a que fuese a pedir la asistencia del médico. Cuando llegó a la casa del mismo a altas horas de la madrugada, y tras insistir aporreando la puerta del caserón del galeno, logró que se asomase por el balcón medio cuerpo de una señora, la mujer del médico. 
-¿Qué quieres a estas horas?
-¿Está Don Rafael?
Aún duerme, ¡vuelve mañana! 
Pues dígale que mi mujer necesita de su asistencia. Está de parto desde ayer y la matrona no puede hacer ya nada más. Pero sobre todo dígale -y en ese instante se golpeó varias veces el bolsillo de la chaqueta- que se le pagará lo que haga falta! ¡En mi casa lo espero!

No tardó ni media hora en llegar en coche caballo. Era un magnífico profesional médico y un obstetra excepcional. Tras hacer el tacto correspondiente hizo una aplicación de forceps de Naegele perfecta extrayendo al primer varón de la familia, su hermano mayor. Luego nacieron sus otros hermanos. El Niño fue el último.

Tras un combate titánico con la enfermedad el niño se curó. O le curaron, mejor dicho. Creció con un cuerpo físico del montón. No le importó nunca demasiado. Y mentalmente, aunque en ese aspecto convencionalmente salió adelante muy bien, algo le ocurrió que le acompañó ya toda su vida y que sólo él creía saber  lo que era. Y es que lo que reina en la mente individual de cada persona desde fuera sólo se puede interpretar. Y desde dentro sólo algunas personas logran atisbarse a sí mismo con claridad total. Pero el si se conoció a sí mismo, al menos en lo que determinó si vida. Lo que pasó en su mente tras aquella enfermedad, aquella parte concreta y determinante, si lo percibía con claridad. Y ya viviendo le ayudaba a veces y otras le cansaba y las más le asustaba. Y ¿qué era? 

Fue creciendo callado, introvertido. Pero al mismo tiempo, cual esponja, se empapaba de percepciones no siempre procedentes de sus sentidos convencionales. Veía venir las opiniones y pensamientos ajenos, los entendía, y siempre los justificaba pues sabía captar el interior de cada cual, se impregnaba del sentimiento y emoción del otro hasta sufrir una empatía total. Ese identificarse con los demás le fue creando una conciencia inhabitual de las alegrías y de los sufrimientos del ser humano que lo llevaban a acciones constantes en pos de los demás. Aunque, en general, casi nunca y casi nadie le pedía nada explícitamente. Y por ello a veces conseguía irritar al que intentaba ayudar, probablemente porque circunstancialmente no sabía hacerlo bien en tiempo y forma. Presuponía respuestas positivas a sus ayudas, pero no siempre era así. Es más: pocas veces acertaba. No entendía que los seres humanos a veces se sienten confortables en sus miserias, tristezas y mentiras. Y, claro, no quieren salir de esa zona de confort. Tienen ganancias secundarias que sólo ellos entienden o no quieren entender por desidia o por miedo. A ese entendimiento el no llegaba, no era capaz de comprender como alguien decidía seguir en el fango de su sufrimiento sin prestar atención a su ayuda sincera y desinteresada.

En una ocasión, con 10 años de edad, levantó la mano en el colegio y, sintiendo la obligación de ayudar a un compañero, tomó la palabra para explicar "mejor" lo que había querido decir aquel que, según su percepción, involuntariamente no había expresado con precisión la idea que tenía en su mente y que el, en su ingenuidad, si había entendido. Sin dudarlo quiso apoyarlo y ayudarlo a ser comprendido por la maestra y por el resto de la clase. Comenzó a disertar: "El Cuesta ha querido decir que..." Fue inmediatamente acallado por la maestra recibiendo una bronca por haber hablado sin que nadie se lo pidiese. Le dijo que qué se creía, y sufrió una reprimenda tal que durante un tiempo le impidió siquiera expresarse sin miedo a molestar en clase. Aunque lo que de verdad sentía no era miedo...era una mezcla de perplejidad, vergüenza y soberbia. Fue trabajoso superar aquella anécdota...le acompañó toda su vida ese recuerdo doloroso y paralizante.

Siguió creciendo y fue comprendiendo que del servicio no solicitado a la imprudencia molesta había poco trecho. Este pensamiento lo fue retrayendo de su relación sana, desinteresada y candorosa con los demás. Se fue replegando a un mundo de silencio. Mantenía diálogos consigo mismo que giraban en círculos. Eran espirales de ideas sin conclusiones claras...sin final, sin desenlace. Sólo desaparecían con la llegada del siguiente pensamiento. Ni en sueños descansaba. En ocasiones hasta su corazón físico se encogía y aceleraba y fue encogiendose y acelerandose. Su respiración a veces era jadeo agitado y se fue convirtiendo en jadeo taquipneico. En esos momentos sus ojos se abrían más como gesto de sorpresa crónica. Y su cuerpo entero temblaba y se volvió tembloroso. 

Y así vivía todo su ahora buscando encaje, hacia dentro y hacia fuera. Siempre se preguntaba si encontraría algo realmente pleno, en algún sitio o en algún momento. Se interrogaba si era posible descubrir algo que le llenase, que le hiciese sentir la verdad absoluta de la vida, esa que el creía ver y tener pero que nadie la tenía y nadie se lo apreciaba. Buscó en libros y opiniones de personas, buscó en cualquier fuente que cayera en sus manos...hasta el punto de enfermar. No podía dormir. Su obsesión no le dejaba. La ansiedad de saber la verdadera ley universal que le desatase el nudo gordiano de sus dudas lo llevó al borde de la locura. Físicamente dejó de cuidarse. Deambulaba sin rumbo por calles desiertas con un solo pensamiento. Se olvidó de comer y de beber. Y así, un día frío de invierno, cayó derrotado y harapiento en medio de la acera. Su corazón  fue entrando en bradicardia, su respiración cada vez era más superficial, la piel de su cara  palideció hasta volverse nívea y ya sin fuerzas, al final perdió el conocimiento, cayó al suelo y mientras caía le inundó una luz cegadora blanca y envolvente. No había solución de continuidad entre dicha luz y su cuerpo... Y de pronto sintió un estremecimiento que no supo de donde venía. ¿Externo? ¿Interno? Lo real era la luz que le invadía. Sintió relajación y paz. Lo comprendió: "la única verdad que el ser humano puede saber es la de su muerte física. A partir de esa comprensión todo hombre busca su consuelo". El creyó que el suyo lo encontraría sólo. Pero rápidamente comprendió que esa creencia era pura soberbia. El sólo no encontraría la solución. Ningún humano la conoce más allá de la ilusión de creer saberla. Se aceptó a sí mismo como un ser humano más, todo el lleno de dudas, falible y voluble. 

Entonces empezó el verdadero viaje de su vida. YA CRECIÓ. Y de esta manera, por fin comprendió que toda su vida había estado instalado en un error...EL NO ERA DIOS.  Y así inició el largo camino de su búsqueda.
 

domingo, 6 de abril de 2014

Quisiera...

Quisiera recuperar la luz de la esperanza 
Quisiera recuperar la confianza poderosa en uno mismo
Quisiera sentir la fuerza inconsciente pero inocua
Quisiera tener los ojos abiertos por la alegría que da la sorpresa continúa de la vida
Quisiera volver a asustarme con la incierta oscuridad pero ser valiente y atravesarla
Quisiera seguir mirando hacia delante sabiendo que me espera la inmensidad
Quisiera vivir sin saber que la vida tiene un final 
Quisiera seguir viviendo el ahora con los cinco sentidos abiertos a captar los mensajes 
Quisiera sentir la felicidad del aprendizaje continuo
Quisiera saber que pertenezco y me pertenecen
Quisiera disfrutar de lo cercano con tranquilidad de que lo lejano también está disfrutando
Quisiera llorar por la despedida y alegrarme por la acogida
Quisiera ver la verdad en todas las palabras que escuche
Quisiera no dudar de las intenciones de nadie
Quisiera viajar sin tener que cuidar mis espaldas
Quisiera tener la seguridad de que nadie tiene que matar o torturar para afirmarse
Quisiera que el mendrugo de pan que alguien posea esté a disposición del prójimo que sinceramente lo necesite
Quisiera que el sol, el aire, la tierra y el agua se repartieran igual para todos
Quisiera sentir la valentía del que libremente expresa su opinión sin miedo a represalias
Quisiera que la violencia desapareciera de las posibilidades de relación humana
Quisiera que los políticos decidieran pensando en el bien de todos y no en su bien
Quisiera que el mundo no se gobernara por el dinero
Quisiera  vivir tranquilo, sin pensar en el mañana, sabedor de que será cada vez mejor porque el hombre es bien intencionado 
Quisiera que el error de alguien sea tolerado porque nunca es malintencionado
Quisiera que los ridículos y vergüenzas no existiesen porque todos sabemos  que tenemos sombras que nos hacen vulnerables
Quisiera que los colores distintos en los seres humanos se viesen con alegría por la diversidad y no con miedo a la diversidad y el daño
Quisiera que la abundancia esté al servicio de la providencia y que en esta confiáramos todos
Quisiera que ninguna religión sirviera a la manipulación y al poder, quedándose en la convicción íntima de cada cual con respeto al pensamiento discordante del otro
Quisiera que el sexo no se usase como fuente de poder ni de diferencia de derechos u obligaciones
Quisiera que se erradicase el sufrimiento del ser humano por culpa del ser humano


Quisiera...quisiera...¡noo!
 QUIERO!...y quien quiere...¿puede?... 
Si! Puedo...
!!!PODEMOS!!!


Exclusividad en el sistema sanitario público de Andalucía

Están dinamitando las estructuras asistenciales de los hospitales públicos desde dentro del sistema  sanitario público en Andalucía. Los cuadros dirigentes actuales buscan fidelidades ideológicas y no competencia profesional, probablemente con la conciencia de creer que es lo mejor para la sociedad. 

Falacias en las que se basan:

 1: Todo médico que trabaje en el el sistema público de asistencia sanitaria está obligado a defender el modelo actual de asistencia sanitaria pública y  no sólo cumplir con sus obligaciones profesionales. 

Se olvidan de que cada cual tiene derecho a tener su propia opinión de las cosas independientemente de donde se gane el pan

2: Dentro del colectivo de  médicos, TODOS aquellos que sean exclusivistas serán los que de verdad defienden al sistema sanitario público. Son los abnegados trabajadores que "no piensan" en otros negocios más que en los que le interesan a la empresa en la que trabajan.

Pero se olvidan de que  las circunstancias que llevan a un médico a ser exclusivista o  no, pluriempleándose libremente en el segundo caso, son variadas y complejas; y no sólo influye en ello que ideológicamente se esté de acuerdo o no con el ssp y ni mucho menos de acuerdo o no con la gestión política puntual del mismo.

3. Todo médico que trabaje en el ssp y que a la vez tenga actividad en la asistencia privada está en contra del modelo del ssp. 

Obvia falacia.

4. Todo médico con actividad asistencial mixta cumple insuficientemente con su actividad pública al priorizar siempre su actividad privada. 

Pero se olvidan que la inmensa mayoría mantienen una actividad privada a tiempo parcial y ni mucho menos es lo principal en su quehacer profesional.

5. Si se tiene actividad privada el único valor que se defiende es el afán de lucro propio del capitalismo más atroz.

Son prejuicios ideológicos exentos de matices, en los que está la verdad.

7. La exclusividad tiene el precio que diga la "empresa pública" sin tener en cuenta la opinión ni valía del trabajador

Se olvidan que el trabajo en un sistema como el que tenemos tiene un precio que en gran medida, en el caso de las profesiones libres, lo fija la ley de oferta y demanda.

Y más y más....



viernes, 7 de marzo de 2014

La montaña

Unas veces te aplauden, otras te abuchean. Y tu te preguntas: ¿si soy el mismo? ¿No se dan cuenta?. Pues no. No se dan cuenta. Ni les importas. Debes ser como la montaña que soporta el frío o el calor, el viento o la lluvia...pero siempre está donde mismo, no se inmuta. Fija en su ubicación sin hacerle daño a nadie, adapta su paisaje a las circunstancias, pero sigue siendo la misma. ¿Eres el mismo? ¿Cambias según te marcan los que te aplauden o abuchean? Imposible ser el mismo: sólo buscando Tu Paz interior, aceptando tus sombras, sin avergonzarte de ser vulnerable  puedes ser feliz sin que te marquen las circunstancias. 

sábado, 18 de enero de 2014

El remiendo postizo

¡Tú te callas, que aquí eres un remiendo postizo!

Como un trueno sonando haciendo temblar todo lo que pillara a su paso me lo dijo alguien a quien yo quería y que me quería: la abuela de mi mujer y la "nana" de mis niños. Tenía fama de cascarrabias, hipocondriaca y "saboría" (en el diccionario andaluz:  "Dícese de la persona que, dada su falta absoluta de gracia, sentido del humor y dinamismo, está más próximo en la cadena evolutiva al geranio que al homo sapiens. (Todo ello sin desmerecer la importancia del Reino Vegetal)"). Pero ya se que no le iba ninguno de esos calificativos. Tenía sentido del humor y cuando te ganabas su confianza te incluía en su "familia" y sólo entonces daba la cara por tí, te respetaba y te amaba. Pero mientras llegaba esa consideración a su corazón era desconfiada y a veces incluso maleducada, como instinto de supervivencia en una selva llena de fieras. 

Y es que no era más que una superviviente digna de la postguerra española, que sacó como pudo pero con honestidad y mucho amor a su hija y a la familia de su hija adelante...sufriendo el rechazo social de la época que le tocó vivir. Y consiguió integrarse en la "selva". Sin formación académica pero con valores y fortaleza mental y física curtida en una vida de trabajo y lucha, trató a su hija, a sus nietos y biznietos defendiéndolos como gata preñada. No dudó nunca en interponerse entre los agresores y ellos. Los acogía en su regazo con un amor protector que les dejó huella y que aún recuerdan con lágrimas en los ojos por su ausencia física sin solución por su muerte y la echan de menos cuando en sus vidas necesitan y reclaman apoyo, compresión y mimo, sin que les pregunten. 

¡Ea ah...la niña de su mamá, 
ea ah... La niña de su papá!
¡Ea, ea, ea...ea, ea...ah!
Que el picarón del sueño
Ya le va a picar!

Pero diferenciaba quien era de su sangre y quién no. Y yo no lo era; yo era inicialmente para ella un "remiendo postizo" porque creía y decía que "los novios son como los mocos, te limpias uno y vienen otros". Entre cabizbajo y humillado el orgulloso de mí se calló, no tenía nada que hacer ante una fuerza de la naturaleza y uno era educado para contestarle a una señora mayor. Pero había algo que me decía: "tiene razón, ¿quien eres tú para meterte donde no te llaman? ¿Acaso cuestiones que sólo entienden aquellos que tienen parentesco de sangre deben ser objeto de opinión interesada por quién no posee dicho vínculo?

Esa anécdota fue y es recordada en la familia como algo jocoso. Pero ella en ese momento se ganó mi respeto. Desde ese momento se establecieron las posiciones y cada cual quedó en su sitio. Y yo la quise desde entonces cada vez más, aunque a veces mi ego herido se molestaba recordando el momento. No hubo nunca más un mal gesto ni por mi parte ni por la de ella. Y sé que me llegó a querer y casi a preferirme a otros consanguíneos en según qué circunstancias. ¡Ay, cómo cuidó a mi niña recién nacida!, ¡cómo me dió la cara cuando más la necesitamos mi mujer y yo!

Y es que todo humano tiene un orden en su escala de consideración de sus semejantes. Y en ese orden, quiérase o no,  predomina el orden familiar. Quien no comprenda esta concepción de la familia y sus relaciones no encajará nunca bien cuando decida vivir en pareja o casarse. Están los padres y luego los hermanos y luego el resto. Los que vienen de fuera son familia"política" que sólo con el tiempo y con sus acciones adquieren el derecho al lazo afectivo inquebrantable. Pero siempre comprendiendo y aceptando que cada cual puede criticar a los miembros de su familia de sangre pero el "advenedizo" nunca, porque si lo hace se encontrará con el rechazo y en un entierro en el que nadie le ha dado vela. 

El núcleo familiar está siempre al quite de todo: cuando desfalleces por la enfermedad, por los amores fracasados, por la economía precaria, por los errores de la vida en general. Cuando no tienes donde ir, miras alrededor y siempre terminas en tu familia. Y hasta los llamados "expertos" en economía y sociología lo dicen: la red familiar ha sido lo que verdaderamente ha sostenido a los individuos víctimas de la terrible crisis que nos asola.

Por eso hay que sembrar en vida, no hay que dejar nada para después o por si acaso. Una familia desestructurada siempre lo es porque alguno de sus miembros no ha asumido su rol, a veces incluso sin ser consciente de ello.  Todo núcleo social humano tiene un orden. Y en el sistema familiar hay que darlo todo por los hijos, por los hermanos, por los padres, por los abuelos...por la familia. Deben ser sus miembros los prioritarios en la atención y en la escala de valores de consideración de los demás. Ni el Estado ni Cáritas ni ninguna institución humana te sacará de ningún atolladero si tu familia no te quiere. Y no me refiero solo a lo puramente material, sino también a lo emocional y espiritual. Al respecto ya aprendí también de la "nana" que "si, sólo se dispone de un mendrugo de pan en una familia, el mismo se reparte entre sus miembros, y nadie muere entonces de hambre".

sábado, 4 de enero de 2014

El TIEMPO


Se dice que el pasado no existe, pero quedan sus enseñanzas. La memoria: ¿se va perdiendo? Me gusta creer que no, que hay algo en nuestro cerebro permanente, inalterable al tiempo. Otra cosa es tener consciencia de su presencia. Quedan los recuerdos reclamando su sitio en el presente a veces para bien y otras para mal. Los recuerdos nos conforman resultando de ellos lo que somos ahora. Nos generan dicha unas veces y desazón y desasosiego otras. Pueden avergonzarnos o enaltecernos. Son sombras que siempre están, visibles o no, pero conformando nuestro ser esencial, todo lo que somos. Seguro que lo que no recordamos pero ya vivimos se manifiesta en nuestros dichos, en el tono de nuestras voces, en nuestros gestos y reacciones, en nuestro carácter y temperamento. Condicionan nuestras relaciones y dan como producto el ser humano individual que todos somos ahora. 

El ahora. Está de moda. Se dice que sólo existe el presente, es verdad, pero es efímero y vertiginoso. Pero ha de saborearse con los ojos cerrados. Y tocarse con la inmensidad de toda la piel que nos envuelve. Oír sus sonidos en todas sus escalas y oler sus aromas impregnándonos de su esencia. Y con todo, ser capaz de ver lo físico y lo inmaterial. En definitiva, sentir intensamente desde el placer al dolor. Sólo así sabremos que estamos vivos.

Se dice que el futuro no existe, pero en él están instaladas todas las ilusiones y todos los sueños. Hay Incertidumbres porque siempre hay algo que no controlamos, suposiciones que no son reales, prejuicios basados en creencias erróneas e incluso prospectivas basadas en fría estadísticas sacadas de extrapolaciones de hechos pasados. Y así, lo que se dice del futuro puede no llegar a ser real nunca; nunca: da miedo una palabra tan contundente y definitiva. 

Pero lo definitivo es lo que le da carta de existencia al tiempo. Y desde el punto de vista del ser humano y sus limitaciones solo hay una cosa definitiva: la muerte. Es la única certeza. A partir de su constatación, a partir de la toma de conciencia de su existencia, surgen los consuelos privados y colectivos disfrazados de religiones e ideologías. Es decisión íntima tener fe o creer en ellas.

Y si todo tiene un principio y un final ¿cuál fue el principio del propio tiempo? ¿Cuándo empezó todo? No hay científico que lo haya aclarado. Por ello solo conjeturas poéticas nos puede hacer pensar en su origen. El convencimiento de que existe puede que sólo esté en la conciencia del hombre que, nuevamente repito, se sabe mortal. Y entonces tras constatar esa certeza atisba otra: el único principio al que puede darle carta de veracidad es a su propio principio individual o al de los seres unívocos que le rodean. El ser humano con su conciencia vive la ilusión de controlarlo todo. Pero no puede controlar el tiempo. Este pasa inexorablemente y hagas lo que haga no se para nunca... implacablemente nunca. Y sólo empieza cuando nace el hombre a la vida. Y, entonces, le empiezan las prisas. La mayoría quiere vivir todo en una espiral de ambición desmesurada por controlar el mundo que nos rodea. Pero en el fondo sabe que no tendrá "tiempo suficiente" para llegar a ese todo, a abarcar el saber completo, a poseer lo material, a perfeccionarse a sí mismo hasta el ideal del superhombre, a ser aceptado por todos sus semejantes... Y he aquí que aparece el más allá. Sin pruebas comprensibles por el ser humano solo le queda a éste la decisión de creer o no. Y creyendo en la eternidad, en el "no tiempo", la angustia vital disminuye autoconvenciéndose de que su vida no es inútil, de que no carece de sentido. 

¿Y el final? El de todo tiempo es un futurible. La conversión del todo en la nada ¿llegará? Creer eso es creer sin fundamento. De momento solo sabemos que todo se transforma, pero hay esencias que quedan en forma de "átomos", de partículas indivisibles que aún no conocemos del todo. Por lo tanto el final de nuestro tiempo es el final de nuestras vidas tal como las conocemos, caminando hacia una transformación que nos funde con la naturaleza. Nuestros "átomos" se separan y se reúnen con otros "átomos" en unos bailes nuevos azarosos e imprevisibles.  

Por lo tanto, si no podemos saber si hubo un principio ni sí llegará un final ¿se quiebra la idea del concepto de tiempo lineal? ¿Será más real el tiempo cíclico de los orientales? ¿Ocurrirá todo a la vez? En la naturaleza todo son ciclos que se repiten al marcado de la rotación incansable de la Tierra sobre sí mismo y alrededor del sol. Y así se da en todo el universo.
Me gusta pensar que volveremos a vivir tras acabar esta vida, pero ¿será de nuevo en el tiempo? 


sábado, 28 de diciembre de 2013

Cambios en el modelo sanitario desde el punto de vista de un profesional médico

EL MUNDO CAMBIA

No se si os habéis dado cuenta: El mundo está cambiando. Hay cambios tecnológicos, culturales, legales…

Todo el mundo está interconectado y globalizado: es el mundo 2.0.

Hay móviles, internet, hay una conciencia global…No hay separación entre personas, el paradigma no son ya las fronteras ni la separación del enemigo

El mundo es global: el aleteo de una mariposa provoca un huracán a distancia…

Por ello cualquier decisión que tomemos en nuestra vida tendrá consecuencias no solo en tu entorno más cercano sino en todo el mundo. Hay que ser conscientes de ese detalle cada vez más.

INFORMACIÓN UNIVERSAL Y GRATUITA

También el mundo cambia por el ingente progreso en la información disponible para cualquiera. Todo el mundo sabe de todo. El mundo de internet se ha convertido en una extensión de nuestro cerebro, un corpus de memoria permanente e inmediatamente disponible. Y eso lleva a que en nuestras relaciones cada vez debamos ser más auténticos, más transparentes. Por ejemplo, cada vez hay menos asimetría entre el saber del profesional especialista en un ámbito determinado y el profano de la materia en cuestión. Uno de esos ámbitos es el sanitario: no cabe más que la transparencia en lo que un especialista médico transmita en relación a su servicio, pues si no es sincero ni honesto en su actividad tarde o temprano le caerá el desprestigio tanto entre los propios compañeros como, y más grave, ante sus clientes-pacientes.

CONCENTRACIÓN DEL PODER ECONÓMICO

Esos cambios generales encaminados a la globalización de la información también están provocando en muchos sectores económicos una hiperconcentración de poder económico tremendo. Uno de esos sectores es el sanitario. Y encima la crisis empuja cada vez más a que el pez grande se coma al chico. Veremos más abajo como las grandes empresas prIvadas sanitarias de nuestro país se están organizando.

CAMBIO EN EL MODELO DE ASISTENCIA SANITARIA

El modelo de asistencia sanitaria está, o mejor dicho, ha cambiado ya en nuestro país. La idea de un Sistema Nacional de Salud universal y gratuito ha empezado a entrar en una rampa imparable de destrucción. Ya no es universal y poco a poco cada vez menos será gratuito. La población en general (sobre todo la andaluza) aún no se ha enterado; pero eso es así querámoslo o no. Y los profesionales que trabajan en la sanidad pública están cada vez peor considerados y peor pagados, soportando condiciones laborales que desde mi punto de vista ofenden a la inteligencia y a los derechos humanos. Es inaudito que tras la ingente preparación de un facultativo médico especialista sea contratado con la precariedad que actualmente está imponiéndose. Por ello la salida cada vez más digna es el ejercicio libre de la profesión médica, sin el yugo de un sistema politizado y manipulado por un poder sin escrúpulos, al que sólo le importa autoperpetuarse.

CRECIMIENTO SECTOR PRIVADO SANITARIO

Y es por ello que está creciendo la oferta asistencial en la sanidad privada. Ya supone el 28 % de toda la asistencia sanitaria que se presta en nuestro país y el 2,5 % del PIB español. Está aumentando el número de centros privados de asistencia sanitaria integral como hospitales generales. La organización y la calidad buscada cada vez es más parangonable a la de cualquier centro de atención sanitaria pública. Incluso hay investigación y docencia similar o mejor a la de la sanidad pública.

COMPAÑÍAS DE SEGURO

Y dentro del sector sanitario privado son las compañías de seguro las que tienen la batuta, pues son las intermediarias entre los clientes-pacientes y los profesionales o centros proveedores de salud. Las grandes compañías de seguro y las grandes empresas privadas proveedoras de salud se han organizado en el IDIS (Instituto para el Desarrollo e Integración de la Sanidad) que reúne a 120 hospitales privados, 9 compañías aseguradoras y otros stakeholders claves del sector sanitario español. Esto da idea de la concentración de poder que se está produciendo y ante la que el profesional sanitario con ejercicio privado ha de defenderse. Y van ya por 7,6 millones de dobles asegurados. Esto es resultado de una comercialización agresiva, de una competencia entre las compañías enorme, de la situación económico-social, del mencionado cambio de modelo sanitario, de la segmentación de las pólizas…

PROFESIONALES SANITARIOS

Y ¿qué les está ocurriendo a los profesionales sanitarios? Actualmente se está produciendo una búsqueda por los mismos del medio de subsistencia derivado de su profesión aprendida, como siempre ha sido. Solo unos pocos encuentran un puesto de trabajo estable y duradero.  Y aparte de los que optan por la emigración, cada vez más dolorosa y numerosa, la precariedad del trabajo en la sanidad pública unida a la falta de expectativas profesionales dentro de la misma impulsa a muchos de ellos a vivir de su actividad privada, al menos parcialmente. Con el tiempo, y dada la mejor remuneración al trabajo que se consigue en la sanidad privada, la dedicación a la misma cada vez es mayor en detrimento de lo público. Se produce una negociación encarnizada entre las compañías de seguro y dichos proveedores de salud. Aquellas intentando pagar lo menos posible por lo que ellas llaman “siniestros”; y éstos intentando defender su derecho a unas remuneraciones dignas por su trabajo  Son profesionales cada vez mejor formados e informados, que usan la medicina basada en evidencias, que trabaja en equipo. Pero su relación con el paciente está derivando a la desconfianza por miedo a la demanda judicial, usando cada vez más y más consentimientos informados. Se relacionan con la farmaindustria en base a un código ético cada vez más estricto, pero aún sometidos a una presión comercial desmesurada al ser utilizado este medio como suministradora de formación continúa siempre cara y lenta.

COMO FUNCIONA LA SANIDAD PRIVADA

Pero en la sanidad privada hay un problema: todo depende del profesional y de su rendimiento. En la misma no hay contratos permanentes y eternos. El derecho al trabajo hay que ganárselo día a día. Funciona la ley de la oferta y la demanda. Y el consumidor del servicio sanitario tiene el poder de elegir compañía, de elegir profesional, de elegir clínica, etc. El cliente cada vez está mejor informado y cada vez exige más calidad en su atención. El profesional que quiera vivir de su actividad privada debe dar esa calidad sin más demora, sin justificaciones externas, buscando la excelencia que lo diferencie del competidor que son los otros profesionales sanitarios.

Este escenario es el que hay. El médico que quiera vivir dignamente de su profesión, que quiera un desarrollo adecuado de su carrera profesional ha de trabajar duro. Tiene que diseñarse a sí mismo y tener las cosas claras en relación al mundo donde se mueve. Debe olvidarse de que la medicina y el dinero se llevan mal. Debe adquirir conciencia de que tiene derecho a ser remunerado dignamente por el servicio que presta a la sociedad, pues la sanidad no tiene precio pero cuesta dinero. Es poco asumible que los ingresos procedentes de compañías de seguro tengan unos márgenes muy limitados, unos baremos desactualizados y cambiantes y unos pagos arbitrarios.

El médico actual debe, además, casar eso con la prestación de un servicio excelente y de calidad, actualizado y moderno, cada vez más subespecializado. Y debe además conseguir una imagen entre sus clientes-pacientes de integridad científica y moral, con transparencia en su actuación, atención contínua basada en la deontología profesional más exquisita. El reconocimiento social vendrá por añadidura y la satisfacción personal igualmente.

SEGURIDAD SOCIAL Y EN EL PUESTO DE TRABAJO

Hay modos de conseguir la seguridad aparente que da la sanidad pública. Esto existía antes cuando las plazas en propiedad eran una posibilidad cierta, cuando los sueldos se actualizaban permanentemente y cuando dichos sueldos eran dignos en el servicio sanitario público. Actualmente las remuneraciones de un médico especialista están mermando cada vez más. Y la seguridad social, las cotizaciones para conseguir una pensión pública en el futuro cada vez son más precarias e inciertas. En la actividad privada esa seguridad en cuanto a la asistencia sanitaria y en cuanto a las pensiones futuras se consiguen de otro modo, más seguro incluso que siendo asalariado público.

GESTIÓN DE LA CONSULTA PRIVADA

Y el desarrollo profesional que hasta ahora sólo se conseguía en los hospitales públicos cada vez más es posible obtenerlo en la sanidad privada. Además el límite es autoimpuesto por el profesional. Este se desarrolla cuanto quiera, o cuanto se vea obligado por las exigencias del cliente o por la otros profesionales con los que tenga que competir.

Hay cuatro modos de gestión privada de consultas:
Médico independiente
Asociación a policlínicas
Situación mixta
Asociación a equipos profesionales estructurados

De todas ellas la más actual y la que mejor puede hacer conciliar la vida profesional, individual y familiar para un médico es la asociación de equipos profesionales. Cada vez es más difícil la independencia absoluta y la asociación a políclinicas da en una nueva explotación del profesional que termina desincentivado y descomprometido con su profesión. Y tanto el médico independiente como el asociado a policlínicas termina siendo explotado por su indefensión ante las compañías.

De todo lo anterior se deduce que solo aquel profesional que de la cantidad y calidad suficiente en su actividad tendrá una vida de éxito en el escenario actual: vivir dignamente de su actividad profesional y progresar en su carrera